Quinceañeras en el Ángel, una tradición chilanga

Un gran recuerdo de tus 15 años

Quinceañeras en el Ángel
Foto: Cuartoscuro

Los fotógrafos especializados en celebraciones ubican el surgimiento de la tendencia a principios de los dosmiles, allá con el cambio de milenio. Junto con los pantalones a la cadera, las faldas arriba de los jeans y los conjuntos de pants y sudadera de terciopelo, apareció la moda de irse a tomar la foto previa a la fiesta de XV años al Ángel de la Independencia. Y las quinceañeras en el Ángel llegaron para quedarse.

Los sábados, a partir del mediodía, el cruce de Reforma y el Eje 2 Poniente se convierte en un desfile de modas. Morras con vestidos de todos colores, desde el conservador rosa clarito hasta negro con detalles de glitter morado, llegan en Hummers tuneadas y limosinas blancas, acompañadas de sus squads de chambelanes, para retratarse frente al monumento chilango más emblemático. Están las poses clásicas, así de “bien portada”, y otras más de desmadre, donde ellas y los chambelanes salen haciendo caras, en actitud de superhéroes o brincando.

Quinceañeras en el Ángel
Foto: Cuartoscuro

La tradición terminó de consolidarse en 2007, cuando durante el gobierno de Marcelo Ebrard se armó el primer gran baile de quinceañeras, con el cual, por supuesto, también buscaron romper un récord Guinness (otra modita muy del DF dosmilero). Aunque la pachanga fue en el Zócalo, horas antes las chicas pasaron al Ángel a tomarse la foto.

Con la llegada de Mancera a la Jefatura de Gobierno se acabaron las pachangas masivas de XV años (chale), pero la costumbre persiste entre particulares y sigue creciendo. Tanto que ya no solo los sábados se atiborra el monumento de adolescentes en atavío pachón, sino que algunas se lanzan en viernes y así evitan la espera y el riesgo de que otra chava haga photobombing. ¡O hasta en domingo!

Los motivos que ellas exponen sobre la elección de este fondo urbano varían: que si luce muy bien, que si su prima hizo lo mismo y quedaron hermosas las fotos, que si le gusta la historia de México, que si fue sugerencia del fotógrafo, que si “ps nomaaaás”. Y aunque algunas optan por locaciones alternativas, como Bellas Artes, el Monumento a la Revolución o ya de plano parques al sur de la ciudad, como el Ángel no hay dos.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.