06066 | Todo y nada

Si hay un lugar en donde se puede conseguir lo que sea y hacer lo que se nos antoje ¡es justamente la Ciudad de México!

Dicen que el último libro de la Biblia habla de una bestia de siete cabezas y diez cuernos que sale del mar y que lleva un nombre en forma de número: el 666.

La pregunta es ¿cuántas veces no nos hemos referido a la Ciudad de México como esa bestia de 16 delegaciones que ha salido del Lago de Texcoco?   Tal vez no sea casualidad que el código postal del Zócalo —considerado por muchos como el ‘corazón de México’— sea el 06066, probablemente en honor a las bestias que suelen despachar desde sus alrededores.

Y si habríamos de encontrar un calificativo para describir nuestra relación con la ciudad, bien podría ser ‘bestial’, que de acuerdo con la RAE habla de “grandeza desmesurada, brutal o irracional”. ¿Les suena familiar?

Por supuesto, todos la amamos y sufrimos, pero pareciera que poco a poco nos hemos olvidado de disfrutarla: estadios, museos, parques, restaurantes, monumentos históricos, galerías, mercados y (cada vez más) centros comerciales. Si hay un lugar en donde se puede conseguir lo que sea y hacer lo que se nos antoje ¡es justamente la Ciudad de México!

El problema del ser humano es que cuando hay todo, al mismo tiempo encuentra nada. ¿Cuántas veces no hemos estado frente al televisor, escogiendo alguna serie o película para ver, sólo para encontrarnos con esa terrible ansiedad que nos provoca hacer la “elección correcta” y no terminar viendo alguna repetición de Clase 406? ¿Cuándo fue la última vez que decidimos escuchar un disco completo, de principio a fin, sin caer en la tentación de apretar el shuffle a nuestro dispositivo para ver “qué más hay”? Por simples que parezcan, tal vez estos dos ejemplos pueden reflejar la forma en la que vivimos nuestro entorno, el cuál nos ofrece todo y que muchas veces nos tiene en la búsqueda de hacer la “elección correcta”, pero al mismo tiempo con la curiosidad de saber “qué más hay”. Supongo que ese debe ser el origen de una de las grandes dinámicas de pareja:

– ¿Qué quieres hacer?

– Lo que tú quieras, mi vida.

– No, bebé, lo que tú quieras. Tú escoge.

– En serio, vidita, a mí me da igual.

Y todo para que cuando uno de los dos finalmente escoja “lo que quiere”, termine soportando esos reproches de “mmhm, pensé que iba a estar mejor…”.

Cuenta la poetisa Roxana Elvridge-Thomas que en algún momento de su vida,  Octavio Paz “siempre quiso regresar a eso que él consideraba monstruoso y hermoso al mismo tiempo: la Ciudad de México”.