Una familia (para)normal

La familia. Ese grupo de personas al que varios consideran el núcleo de la sociedad. Que sirve para prepararnos antes de enfrentar la crueldad y el absurdo del mundo. Alabada y fuente de todas las esperanzas de Rousseau y varios científicos sociales más.

Para otros, se trata de un conjunto de seres a los que hay que soportar cualquier cosa por el simple hecho de haber nacido rodeado de ellos. (Caín y Abel, dice la Biblia, también eran familia, y miren cómo terminaron).

La familia ha servido también como pretexto e inspiración de muchas historias que se han hecho famosas en el cine, la televisión y los libros. Ahí están los Tanner, quienes se encargaron de explicarle cómo era la vida en la Tierra a Alf; Splinter y sus tortugas ninja adolescentes; los Tenenbaums de Wes Anderson; los Simpsons, los Monster,  los Montesco, los Capuleto, y hasta los Kardashian.

Un recurso muy popular entre quienes escriben ficción porque cuando hablamos de nuestra familia hablamos de nosotros mismos. De nuestros miedos, nuestras obsesiones, nuestras frustraciones, nuestros mejores días y nuestros mejores recuerdos.

Y aunque puede haber algunas coincidencias, ninguna familia es igual. Por ejemplo, los Telemacus, protagonistas de la novela más reciente de Daryl Gregory, pasan el Día de Acción de Gracias juntos, rodeando un pavo, y tienen secretos, pero no como los de cualquier otra casa. Los padres y los abuelos alguna vez fueron famosos. Se presentaban en la televisión con un espectáculo paranormal. Fueron perseguidos y llamados farsantes. Pero esos tiempos ya quedaron atrás, en el olvido, o por lo menos así parece.

Ninguna familia es normal y quizás ese es el principal mensaje de esta novela. Los adolescentes sufren tengan superpoderes o no, los viejos se sienten solos aunque sean capaces de leer la mente de otros y los padres siempre harán todo lo que sea posible para que sus hijos sean felices.

(La extraordinaria familia Telemacus, Daryl Gregory, Blackie Books, Barcelona, 2018, 542 páginas, $508)