Las enemigas, de Claudina Domingo, habla sobre los lazos maternos

La escritora mexicana publicó su libro bajo el sello de Sexto Piso

Claudina Domingo nos habla de Las enemigas
Foto: Lulú Urdapilleta

Claudina Domingo es una de las jóvenes escritoras de Ciudad de México. Sus primeros libros son de poesía (por uno de los cuales obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen), pero después de un arduo trabajo, decidió brincar a la narrativa. El resultado fue Las enemigas, un libro compuesto por nueve relatos que hablan sobre los lazos maternos y la muerte.

¿Por qué tratar temas sobre lazos maternos, de la muerte?

Fue una necesidad creativa de alguna forma, sobre todo la cuestión de los lazos maternos surgió poco a poco conforme iba escribiendo los textos. En un principio era más sobre los temas de la muerte, de cómo las personas encaran la muerte ajena. No tanto que sean los personajes mismos quienes están en peligro de muerte, sino cómo encaran el luto o el asesinato en una forma psicológica. Por otro lado, también tiene que ver con un interés por las cuestiones prehispánicas, sobre todo por la tradición mexica de representar a las diosas terribles, las diosas tutelares que inspiran miedo entre quienes las adoran. Por ejemplo, la Coatlicue que protege a Tenochtitlán es una diosa madre pero también temible.

¿Estas relaciones guardan algún parecido con el lazo paterno?

Tengo la impresión de que los errores y las fallas de los padres los individualizan. Todos diferenciamos a nuestro padre de otros por sus fragilidades, que incluso nos pueden resultar hasta cómicas. En cambio, las particularidades de nuestra madre las entendemos como defectos y creo que esto tiene que ver con una cuestión ideológica en nuestra sociedad, que tiende a exigir todo de la madre. Siempre va a haber una exigencia mayor de los hijos hacia la madre que hacia el padre, una demanda de un comportamiento ideal.

Claudina Domingo nos habla de Las enemigas

Un tema recurrente en la literatura mexicana en los últimos años es la desaparición, aunque sea mínima. Lo tocas en uno de tus cuentos, ¿es un reflejo de lo que vive el país actualmente?

Es una forma paliativa de llenar un vacío que está a nivel del Estado, donde no se reconoce o se silencia a todas estas desapariciones. El esfuerzo que se hace por encontrar a los desaparecidos prácticamente lo hacen los familiares, no es algo en lo que el Estado apoye realmente. Los escritores, al tocar estos temas, lo hacen como un paliativo para llenar este silencio “oficial”. Por otro lado, es una manera de llamar la atención sobre eso y, por supuesto, al estar en cierto contexto, uno como escritor toma estos temas que son más visibles en una sociedad y que, además, suscitan muchos cuestionamientos creativos porque creo que es todavía más truculenta la desaparición que el asesinato; la desaparición levanta una serie de dudas y suma una angustia terrible no solo a los familiares.

¿Cuál fue el proceso de escritura de los relatos que conforman el libro?

Me tardé, más o menos, año y medio en escribirlo. Empecé con el primer relato que aparece en el libro. Fue de los que más trabajo me costó porque, como era el primero, no quedaba bien. Normalmente trabajaba en dos o tres relatos, aunque de pronto salía uno solo. El libro tiene una estructura general y los últimos cuentos me costaron muchísimo menos trabajo. El primero y el último relato están en el orden en el que fueron escritos.

Las enemigas tiene en el fondo varias cuestiones psicológicas, ¿te preparaste de alguna forma sobre el tema?

No. Me nutro de anécdotas que me cuentan y de relaciones que veo. Mi relación con mi madre, por ejemplo. Uno tiende, necesariamente, a exagerar cosas cuando se hace literatura, porque es necesario para la ficción que haya un clímax. En otros casos, la realidad supera la ficción, pero no hice mayor proceso de investigación.

Claudina Domingo nos habla de Las enemigas
Foto: Lulú Urdapilleta

Además de cuentos, también escribes poemas. ¿Qué tan complicado es brincar de la poesía a la narrativa?

Mucho. Por lo menos a mí me costó mucho trabajo. Es decir, años de ejercicio literario, porque estás acostumbrado a una forma de resolver las cosas en términos creativos y esperas resolverlo de la misma manera. Cuando empecé a intentar escribir narrativa veía que mis textos no iban a ningún lado, pero creía que era cuestión de páginas. Tuve que admitir que no estaba haciendo algo bien.

¿Cuál es tu percepción de la literatura mexicana en este momento?

Hay mucha diversidad. Durante dos o tres décadas se erosionaron los grupos literarios y nuestras generaciones tienen la ventaja de que ya no es necesario estar anclado en un ámbito o grupo para publicar o ser reconocido. Creo que por eso hay una gran diversidad de estilos, de preocupaciones y formas de resolver una historia. Muchas veces, lo que es más complicado es publicar. En poesía, muchas veces se resuelve con editoriales independientes; en narrativa, aunque hay más mercado, no siempre es muy fácil, porque las editoriales buscan vender y no siempre les convencen algunas historias.

 

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Comunicóloga por la UNAM. Tiene una relación de amor-odio por la CDMX. Le gusta el café y corregir ortografía.