De ilegalidad, riesgo e invasión del espacio, así la expo de Moris

El artista visual nos habla sobre su más reciente exposición

Ensuciándose las manos uno puede ser rico
Foto: Tania Patiño / Cortesía Ladrón Galería

En su expo “Ensuciándose las manos uno puede ser rico” para la galería Ladrón, Moris aborda la complejidad social de la colonia Buenos Aires retomando algunas de sus prácticas

Por estos días, el exterior del 383 de Dr. José María Barragán, en la colonia Buenos Aires, tiene un aspecto intimidante. Unos polines afilados asoman desde dos ventanas, haciendo lucir la fachada como una guarida.

Ese gesto hostil forma parte de la exposición actual que alberga la galería Ladrón (ladrongaleria.com): “Ensuciándose las manos uno puede hacerse rico”, de Israel Meza Moreno “Moris” –con curaduría de Emmanuel Albarrán–. En ella, el artista decidió abordar la complejidad social de la colonia Buenos Aires haciendo uso de algunas de las prácticas que caracterizan a la zona: actividades económicas informales o ilegales o la toma del espacio público como delimitación ilícita y violenta del territorio.

Cuando supo que habría oportunidad de exponer en un espacio llamado Ladrón y conoció el entorno donde se situaba la galería, comenzó a tener pistas de por dónde llevaría la exposición.

“Me identifico un poco con la manera en que circula la gente aquí”, explica Moris. “Muchos de los vendedores de estos locales de autopartes no viven aquí; es su terreno de trabajo, pero ellos viven en diversos lugares de la Ciudad de México y hacen a diario un traslado: de su casa al negocio, del negocio a su casa; de donde roban partes a donde las venden. Yo quise ponerme en una dinámica similar”.

Ensuciándose las manos uno puede ser rico
Foto: Tania Patiño/Cortesía Ladrón Galería

Una de las primeras cosas que hizo Moris fue examinar lo que había entre su casa —al norte de la ciudad— y la galería. En ese trayecto y durante varios recorridos que hizo en la Buenos Aires, notó una ausencia de espacios libres. La gente se apropia del espacio de múltiples maneras. Una de las más sencillas: poner un bote lleno de cemento para apartar lugares. Aunado al nombre de la galería, Moris se preguntó: “Qué pasa si yo mismo me convierto en ladrón”.

“Lo que hice fue eso. Al tipo que se estaba robando el espacio, yo le robaba la cosa que hacía que ese espacio fuera suyo. Ahí empecé hacer una amalgama de la manera en que se trabaja en esta zona, de la temperatura que tiene la zona, del nombre de la galería y de cierta manera de arriesgar incluso el pellejo”.

Así cobró forma una de las piezas de la expo, la instalación “Los apartalugares”, una especie de paisaje escultórico que obstaculiza el libre recorrido del espacio principal de la galería y que invita a reflexionar sobre esa toma del espacio público en aras de la libertad y de la supuesta legitimidad del trabajo.

En esta expo está muy presente el guiño a la escultura en la mayoría de las piezas. El único donde está el tema pictórico es en el rótulo del motor y en la playera que intercambiaste con un limpiaparabrisas. Cuéntame un poco de tu postura frente al lienzo y frente al objeto escultórico.

Ensuciándose las manos uno puede ser rico
Foto: Tania Patiño/Cortesía Ladrón Galería

En realidad, la escultura, la pintura o el dibujo los trabajo de la misma manera. Si bien esta pieza de la playera terminó en un soporte bidimensional, más cercano a la pintura, el proceso fue muchísimo más tridimensional que otras cosas porque involucró salir a la calle, caminar, interactuar con la gente, cambiar la playera como lo hacen los jugadores de futbol para después regresar al estudio y trabajarla. Si yo pusiera uno de estos apartalugares en un lugar blanco, lo que admiras es el objeto, pero en realidad la pieza se inició desde el lugar donde lo tomé, y si nos vamos más atrás, desde que la gente que lo produjo. Digamos que el espacio siempre está muy relacionado con todas mis piezas, así sea un dibujo o un objeto. Mucho de mi trabajo no tiene una pureza, siempre está infectado por muchas otras disciplinas.

A lo largo de tu trabajo, otra constante ha sido tu interés por las economías informales y la ilegalidad. ¿En qué momento nace ese interés para explorarlo en tus piezas?

En mi caso, fue un paso muy natural, porque vengo de una colonia popular. De esa manera aprendí a jugar; no necesitábamos un balón para jugar futbol. Desde ahí empieza ya este deseo de no detenerte por la falta de un objeto, sino que el objeto lo puedes crear. Después, cuando entro a la universidad, es todavía más marcado. Mi trabajo nunca lo detuve por falta de material.

Ensuciándose las manos uno puede ser rico
Foto: Tania Patiño/Cortesía Ladrón Galería

Si era clase de dibujo y no había papel, usaba lo que me encontrara en el trayecto de mi casa a la escuela. De esa manera empecé a aprender incluso de la gente de la calle, que no necesitaban una casa, sino que la podían construir, o no necesitaban un espacio para vivir porque cada día podían irse mudando. Esa manera de autodefenderse, de autoconstruir, de sobrevivir, la empecé a adecuar a mi trabajo. Fue lo que aprendí durante toda mi vida. Además, si algo aprendí en la escuela es que debes hablar de lo que sabes, y si bien no soy la persona más culta en otros sentidos, en esto creo que sí soy muy hábil, y por eso es que lo sigo desarrollando. Además, es una manera no de denunciar, pero sí evidenciar lo deplorable que es el país. Si bien puedes hacer múltiples marchas, protestas, lo que tú quieras —que sería lo más sensato—, sabes que nunca tiene efecto. A veces mostrar la realidad como es genera un poco más de…

Incomodidad…

Exacto, sí. A la gente le molesta verse en el espejo, y creo que también me he valido de eso. Mostrar cómo es ese espejo. A la hora de que lo metes a una galería, es más fuerte el golpe. Se puede malinterpretar, pero a final de cuentas, mucha de la gente que va a las galerías tal vez no tiene la necesidad de ir a ciertos entornos. Y a veces lo hago al revés: que algunas de las piezas acaben en la calle, y para la gente termina siendo incómodo también.

PRÓXIMA EXPO

La expo de Moris culmina el domingo 4 de febrero en Ladrón, pero varias de las piezas harán escala entre el 6 de febrero y el 24 de marzo en la nueva sede de la galería Arróniz (Tabasco 198, Roma) como parte de la expo “Cuatro patas bien, dos pies mal”.

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