Ciclistas, ¿inocentes?

La capital impulsa el uso de la bicicleta, pero no ha generado infraestructura suficiente, reglas y cultura vial para los usuarios.

Mina salió de la parroquia Asunción de María, en la colonia Industrial, y caminó hacia la esquina para cruzar la calle, que tiene un solo sentido. Al llegar, miró a su izquierda para verificar que no vinieran autos pero, tras dar el primer paso, fue arrollada por un ciclista que circulaba en contrasentido.

El hombre no se detuvo, recuerdan testigos. Únicamente vio de reojo a la mujer, quien entonces tenía 50 años, se había quedado tirada sobre el pavimento y, debido al golpe, perdió la movilidad de las piernas.

La historia de Mina —quien pasó el final de su vida en una silla de ruedas— es un ejemplo extremo de una situación que ha crecido en la ciudad en la última década, durante la cual las autoridades capitalinas han fomentado el uso de la bicicleta.

Si bien no existen datos oficiales sobre cuántos accidentes son ocasionados por ciclistas, expertos en movilidad advierten que el problema está en que el impulso a la bici no ha venido acompañado de infraestructura suficiente, reglas sólidas y una estrategia amplia de educación vial. En consecuencia, muchos capitalinos ruedan sin ser conscientes de sus derechos y obligaciones, ni se hacen responsables de sus actos.

Maribel, sobrina de Mina, dice que el accidente de su tía fue un infierno para la familia. El hecho derivó en costosas cuentas médicas, frustración por no poder pagar las operaciones necesarias y rencor hacia el responsable de todo, a quien Maribel se refiere como “el ciclista que le robó la salud y que siguió su camino”.

Hay de ciclistas a ciclistas

El Reglamento de Tránsito establece que los usuarios de bicicletas, como los de otros vehículos, tienen obligaciones. Una de ellas es no circular sobre banquetas y en sentido contrario, pero esa es justo una de las faltas que se cometen con más frecuencia.

Hace unos meses, Rafael vivió una pelea por esta situación. Sobre Reforma, a la altura de Insurgentes, vio a otro ciclista rodar por la banqueta y lo instó a ir por la ciclovía de la zona. “¿A ti qué chingados te importa?”, le respondió el hombre, quien momentos después lo golpeó en la cara.

Fue entonces que intervino la policía y llevó a ambos involucrados ante un juzgado cívico. Ahí, el juez emitió una multa al agresor, pero por el golpe, no por la invasión al espacio peatonal, porque la sanción máxima para un ciclista que comete esta falta es la amonestación verbal.

“Luego de que me ofreció disculpas, le dije que leyera el Reglamento de Tránsito y respetara la ley, porque por personas como él la gente cree que todos los ciclistas somos iguales”, recuerda Rafael.

Infraestructura y cultura

La Secretaría de Medio Ambiente (Sedema) asegura que el objetivo de su Estrategia de Movilidad en Bicicleta (EMB) es reunir la convivencia armónica entre ciudadanos, la recuperación del espacio público y la mejora de la salud de los capitalinos.

Sin embargo, muchos peatones consideran que el primer obstáculo para llegar a esas metas son los propios ciclistas que incumplen las normas viales y no respetan a los demás usuarios de vía.

“Yo los considero peligrosos, porque no se detienen cuando ven a los peatones. La velocidad a la que a veces van es peligrosa para nosotros, sobre todo cuando pedalean en espacios que no son para ellos”, dice Astrid, quien fue arrollada en el camellón de Reforma por alguien en una Ecobici.

Los expertos coinciden en que el primer paso para solucionar el problema de raíz es que las autoridades generen suficiente infraestructura para los ciclistas, porque la falta de ella fomenta malas prácticas. La especialista Alejandra Leal explica que, ante la ausencia de espacios seguros, muchos capitalinos optan por rodar por la banqueta en vez de hacerlo a un lado de los coches. “Infraestructura crea cultura”, dice.

Un estudio del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (Conapra) refuerza esa conclusión. El documento —titulado Más ciclistas, más seguros— explica que, cuando se evita exponer a los usuarios de vía a situaciones confusas y conflictivas, mediante calles fáciles de entender y utilizar, se fomenta una cultura de convivencia y seguridad.

No obstante, capitalinos como Rocío todavía ven lejano ese ideal. Hace poco, trató de cruzar Eje Central, con el semáforo peatonal en luz verde, cuando un ciclista la atropelló. Rocío le reclamó, pero el hombre la insultó y le respondió: “¡Para las bicis no hay semáforos!”.

Según el Reglamento de Tránsito, en vías secundarias los ciclistas pueden cruzar con la luz en rojo, siempre y cuando “disminuyan su velocidad, volteen a ambos lados y se aseguren de que no existen peatones o vehículos aproximándose”. De lo contrario, deben hacer alto total.

Ante casos como el de Rocío, los expertos advierten que la infraestructura es clave, pero no basta. También se requieren reglas claras, que las sanciones por violarlas se cumplan y forjar cultura cívica, un aspecto que depende de las autoridades y de los propios ciudadanos.

“Por muchas leyes, manuales e infraestructura que generemos, si la ciudadanía no se responsabiliza de sus acciones, la movilidad de la ciudad no va a mejorar”, dice Leal.

En cifras

  • de cada 100 personas utilizan la bicicleta, de acuerdo con estimaciones del ITDP.
  • 4,339 personas circulan en bicicleta todas las mañanas por Paseo de la Reforma.
  • 170.11 kilómetros de ciclovías tiene la Ciudad de México, según estadísticas de Ecobici.
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Artículo anteriorEdición impresa: 6/07/2016
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