La casa en la que vivió Frida Kahlo

casa-azul

La casa azul, ubicado en el barrio Del Carmen, en Coyoacán, fue refugio de artistas e intelectuales y desde hace 61 años conserva el acervo personal de la pintora

En una casa de paredes coloridas y decoración colonial de Coyoacán nació y murió una de las artistas mexicanas más reconocidas a nivel mundial. En ese hogar de patios amplios y plantas frondosas, Frida Kahlo vivió el dolor, el desamor y su esplendor artístico. En esa Casa Azul, la leyenda comenzó.

En la esquina de Londres y Allende, en el barrio Del Carmen, no es raro ver filas de personas que esperan para entrar al que fuera el hogar de Frida, el que se convirtió en museo el 12 de julio de 1958, cuatro años después del fallecimiento de la artista.

En ese espacio de 1,200 metros cuadrados no está el arte que produjo sino un reflejo de su estilo de vida; el lugar de donde nació su estética; el hogar en el que recibía a sus invitados y su refugio: quizá por eso causa tanto interés entre sus seguidores, quienes han hecho de la Casa Azul uno de los tres museos más visitados de México junto con el de Antropología y Bellas Artes.

El hogar de la artista

En los 61 años que la casa lleva como museo, se siguen conservando los espacios de acuerdo con la forma en la que vivió la pintora. Permanece su cama con el espejo en el techo, que fue mandado a colocar por la mamá de la pintora después del accidente que vivió a los 17 años, cuando un tranvía chocó con el autobús en el que viajaba y le dejó fracturas en piernas, pies, clavícula, costillas y columna, obligándola a estar nueve meses inmóvil y, después, a usar el corsé que se vería representado en sus retratos.

De acuerdo con el ensayo La Casa Azul, el universo íntimo de Frida Kahlo de Hilda Trujillo, directora del museo, ese hogar conjuntó el gusto artístico de Frida y Diego y su pasión compartida por la cultura prehispánica mexicana.

En la cocina y comedor aún se pueden ver las ollas de barro colgadas en las paredes, los fogones y las cazuelas de cobre en las que se preparaban los guisados de una casa que siempre estuvo repleta de artistas como André Breton, Tina Modotti, Edward Weston, León Trotski, Juan O’Gorman, Carlos Pellicer, José Clemente Orozco, Isamu Noguchi, Nickolas Muray y Sergei Eisenstein, entre muchos otros. 

La Casa Azul tomó ese color en 1937 cuando se cambió la imagen de la vivienda, se compró un predio aledaño donde hoy están los jardines y se tapiaron las paredes durante la temporada en la que el político ruso, León Trotski, se alojó con los pintores ante la persecución de José Stalin.

Para 1946, Rivera le pidió a Juan O’Gorman que construyera un estudio para Frida, quien vivía con dolor a causa del accidente que sufrió en su juventud. El 13 de julio de 1954, Frida Kahlo falleció y durante tres años Diego Rivera se hizo cargo de la vivienda hasta su muerte. 

El pintor guanajuatense encargó el espacio a su amiga, Dolores Olmedo, quien, por petición de Rivera, mantuvo cerrados los cuartos, bodegas, baúles y cajones que años después develarían un tesoro artístico.

Un lugar de hallazgos

El museo conserva las colecciones y exposiciones temporales que se han creado desde 2004, cuando se abrieron los baños de la casa que debían permanecer ocultos por al menos 15 años.

En esos espacios se encontraron más de 27 mil documentos, 6,500 fotos, alrededor de 400 obras de arte, zapatos, prótesis ortopédicas, medicamentos y 300 vestidos que utilizaba Frida. 

Para identificar cada pieza se invitó a expertos en fotografía como Pablo Ortiz Monasterio; Teresa del Conde para la obra de Frida y en las piezas de arte popular trabajó Marta Turok, además de especialistas en archivos cuya catalogación duró tres años. Dentro de la colección se encontró un Picasso, una foto de Man Ray y un cuadro de Modigliani.

En estos años, varios famosos se han unido a la “Fridamanía” y han presumido su visita a la Casa Azul, entre ellos están Carolina Herrera, Katy Perry, Yoko Ono, Café Tacvba, Alfonso Cuarón, Madonna y hasta David Bowie; sin embargo, fue Chris Martin, vocalista de Coldplay, quien salió motivado y en 2007, después de visitar el museo, empezó a trabajar en su disco más vendido Viva la vida, inspirado en la frase de uno de los cuadros de la pintora mexicana.

Actividades para todos

En el museo se mantiene la exposición “Las apariencias engañan: los vestidos de Frida Kahlo” que expone el guardarropa y los moños multicolores distintivos de la pintora. Dichas piezas son parte de las reservas encontradas en 2004.

De acuerdo con el artículo “Trasciende su legado más moderno”, elaborado por Circe Henestrosa, curadora de la exposición, “Frida se esmeraba mucho al crear su estilo, de pies a cabeza, adornándose ella misma con las sedas, rebozos, lazos y faldas más espectaculares, siempre acompañados por joyería prehispánica en plata u oro”.

El descubrimiento de sus prendas, indica Henestrosa, posicionó a Kahlo en el debate de la moda contemporánea y la convirtió en inspiración de diseñadores como Riccardo Tisci, Christian Lacroix y Jean-Paul Gaultier. 

El museo también cuenta con el “Fridabús: un día con Frida y Diego”, que se trata de un transporte que funciona durante los fines de semana y que incluye la entrada a la Casa Azul y al Diego Rivera-Anahuacalli, así como el traslado entre museos.

El Museo Frida Kahlo cuenta con visitas guiadas y recorridos dirigidos a niños de entre tres y 12 años. Además, el último miércoles de cada mes hay visitas dramatizadas a cargo de actores de la Asociación Teatral Juana de Asbaje, quieres recrean la vida de la pintora entre los patios y jardines.

Te puede interesar: Museo Trick Eye: una trampa para el ojo