La CDMX puesta de cabeza

Urge un giro en la capital, dice el candidato Ricardo Pascoe, en la primera entrevista de una serie sobre el Constituyente.

Ricardo Pascoe tiene una larga trayectoria política que incluye haber sido jefe delegacional y embajador de México en Cuba cuando la presidencia de Vicente Fox vivió una crisis diplomática con aquel país. Ahora, con 66 años, compite como candidato independiente por un asiento en la Asamblea Constituyente de la ciudad. Su objetivo, dice, es enfrentar a los “partidos tradicionales” y combatir la centralización de funciones de gobierno, una situación que considera perjudica a los capitalinos.

¿Por qué decidiste participar en el proceso?

Hay una doble función educativa posible en este proceso. Primero está la importancia de redactar la Constitución de la ciudad. Fui delegado en la Benito Juárez, oficial mayor de la ciudad, después director general jurídico en Miguel Hidalgo. Tengo experiencia en la administración pública. Al mismo tiempo, he escrito mucho sobre el tema de desarrollo urbano, me preocupa mucho el fenómeno de una ciudad sin planeación, que es básicamente lo que considero que sucede en la ciudad. Por ese lado, quiero estar involucrado en el proceso de redacción de la Constitución. Tengo una serie de planteamientos acerca, sobre todo, de la estructura de gobierno que necesitamos y quiero incidir en esa discusión.

Pero, por el otro lado, me incentiva la idea de contribuir en la educación de las figuras de las candidaturas independientes. Me parece una oportunidad de incidir en un tema que es electoral y político, pero también es cultural. Creo que es muy importante que surja de personas como yo que hemos sido militantes de partidos —yo lo he sido gran parte de mi vida—, pero convencidos hoy de que necesitamos abrir nuevas rutas. Pienso que las candidaturas independientes pueden y debieran servir como un correctivo al sistema político mexicano. No pienso que los partidos vayan a desaparecer ni personalmente tengo un discurso antipartido, tengo un discurso crítico hacia los partidos, pero no creo que estos deberían desaparecer. Las candidaturas independientes deben plantear aquellas cosas que los partidos tradicionales se niegan a plantear o que no se atreven a plantear, o que son contrarias a sus intereses.

¿Cómo puede cambiar la dinámica cotidiana de los ciudadanos a partir de la Constitución?

Toda Constitución, y ésta no será la excepción, tiene que abordar fundamentalmente tres cosas: primero está la estructura del gobierno, la forma del Estado. Cuál es la estructura más adecuada para una ciudad como la nuestra. En segundo lugar, tiene que resolver la relación entre gobierno y ciudadanía. Definirla, precisarla y darle un nuevo sentido. Y en tercer lugar, definir los derechos de todos los ciudadanos. En mi campaña yo lo estoy planteando, a partir de la idea de Louis Althusser, quien en los 70 planteaba la necesidad de poner a Marx de cabeza, como la necesidad de poner al gobierno de cabeza. Contamos con una estructura de gobierno hipercentralista, altamente concentradora de todas las funciones. Crecientemente, de las funciones regulatorias y operativas que implica la concentración de 81% del presupuesto de la ciudad, dejando sólo 19% para las delegaciones, que se ejerce, incluso éste, bajo vigilancia y autorización del gobierno central. Es decir, el gobierno de la ciudad controla absolutamente todo, lo que ahora serán las alcaldías no tienen independencia alguna.

Entonces, ¿qué significa poner de cabeza la ciudad? Hay que redistribuir por completo las funciones y atribuciones en la ciudad. El gobierno de la ciudad tendría que ser única y exclusivamente regulador. Y las alcaldías tendrían que tener las funciones suficientes para operar todo cuanto acontezca en su territorio. Esto, además, apunta hacia una tendencia mundial.

Las grandes capitales no tienen un gobierno central que controla todo. Por ejemplo, la actual alcaldesa de París tiene que lidiar con todos sus arrondissements, que tienen un gran poder y una gran autonomía. En ellos hay gobiernos de distintos partidos y distintas corrientes ideológicas. Y son mucho más eficientes. La descentralización implica, por ejemplo, a la policía de tránsito en las delegaciones. Aquí todo está centralizado. El gobierno mantiene una política de centralización de la policía, y yo estoy de acuerdo, pero en materia de investigación criminal, específicamente, donde tienes que tener unidades de inteligencia de una gran capacidad de respuesta, en toda la ciudad, no limitadas a una delegación o un territorio, para poder lidiar con la operación del crimen organizado.

El tema de las construcciones ilegales: ahora mismo es el Invea [Instituto de Verificación Administrativa], un organismo centralizado que existe desde la gestión de [Marcelo] Ebrard, el encargado de frenar las construcciones ilegales. Y si el Invea no se mueve, la cosa no se mueve, y esto es completamente absurdo. Hay que descentralizar las funciones y el presupuesto. Cuando menos 50% tiene que ser ejercido directamente en las delegaciones.

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La parte política es otro gran tema. Esto es la relación de los ciudadanos con el gobierno. Los ciudadanos pueden vigilar un gobierno local, como una delegación, como no lo pueden hacer con el gobierno central. Si tú tienes un problema en tu calle y vas a la delegación, lo más probable es que te remitan al gobierno central. ¿Y a qué parte de este gran monstruo debes dirigirte? Es imposible. Esto es algo que genera un gran malestar social. El famoso mal humor social al que hizo referencia otro sujeto político. Y si no por qué dicen lo que dicen las encuestas de opinión sobre [Miguel Ángel] Mancera.

Además, hay que crear nuevos instrumentos de participación ciudadana en la toma de decisiones. Al mismo tiempo que descentralizas el ejercicio de gobierno y le das más poder y funciones a las alcaldías, dotas a los habitantes con mejores instrumentos para vigilar lo que están haciendo los gobiernos locales. Tampoco se trata de convertir a los delegados en pequeños virreyes con suficiente dinero para hacer lo que se les antoje. Se trata más bien de acercar las decisiones a la gente para que las personas puedan intervenir de una manera mucho más decisiva en la toma de decisiones.

Por ejemplo, una de las cosas que quiero impulsar desde la asamblea es la figura de la “anuencia vecinal”. Este es un instrumento legal obligatorio, para que cuando haya un proyecto de desarrollo urbano, un cambio de uso de suelo, una resignificación de la regulación en ciertas zonas, o la idea de convertir un parque en un edificio, bajo esta figura las autoridades estarían obligadas a consultar con los ciudadanos. Esto combatiría mucho la corrupción y que los vecinos estén directamente involucrados en las cosas que les competen.

En términos generales, ¿qué opinión te merece la manera en la que la jefatura de gobierno ha planteado el proceso?

No me ha gustado en general porque surge de un acuerdo político oscuro que aún no se ha explicitado entre el presidente de la República y el jefe de Gobierno. Este fenómeno de los 40 diputados impuestos, asignados arbitrariamente, es la muestra de que todo esto emana de un acuerdo político oculto.

Este fenómeno, por cierto, nos va a enfrentar a la siguiente ironía: el PRI va a tener más diputados nombrados por dedazo que diputados electos por los ciudadanos de la capital. Si seguimos la trayectoria de su votación histórica, entonces el PRI recibirá en las urnas unos cinco o seis. Pero tendrá, en cambio, entre 15 y 18 seleccionados de manera arbitraria. Porque el presidente pone seis —esto de entrada ya iguala a los que obtendrá por el voto popular— y por las cámaras de diputados y senadores, donde el PRI tiene mayoría, recibirá unos 14 adicionales. Entonces, el PRI va a tener más de 20, de los cuales sólo cinco o seis provendrán de la votación. Ahí está la prueba del pacto. Esto es muy mal origen para una Constitución. No viene de un proceso social, de un proceso revolucionario ni de nada que se le parezca. Esto viene de las cloacas del sistema político mexicano.

De manera entendible, la ciudadanía no tiene mucho conocimiento de la utilidad que tiene este proceso. Y la pregunta constante que yo he recibido al recabar las firmas era: ¿esto en qué me beneficia?

Mancera quiere ser el jefe de Gobierno que sacó la Constitución de la ciudad, pero no es claro que este sea un proceso que esté incentivando una gran discusión en la capital. Siento que la ciudad está fría, viendo de reojo el tema. Esta es una de mis grandes preocupaciones: se da una emergencia importante de candidatos independientes en una elección que puede ser terriblemente desairada por la ciudadanía. Esto me parece muy grave.

¿Te buscó algún partido político para postularte?

No me han buscado y no hubiera aceptado. En primer lugar, porque los que me podrían haber buscado son los partidos de izquierda, con quienes tengo una profunda discrepancia acerca de cómo la llamada izquierda ha dirigido la ciudad. No considero que estos puedan ser considerados como proyectos de izquierda.

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¿Cómo vislumbras el panorama de tu candidatura?

Es muy difícil saberlo. No tengo instrumentos para medir el efecto de mi campaña. En buena medida está fincada en redes sociales y en buena medida en la participación en eventos que me parecen coherentes con mi proyecto. Por ejemplo, estuve en una manifestación de vecinos que se oponen al proyecto del centro multimodal en Chapultepec. El planteamiento original era hacer un buen centro para la llegada y salida del transporte público. Para hacer eso han justificado hacer un edificio de 40 pisos, un hotel, un centro comercial, oficinas, invadir una pequeña parte de Chapultepec, incluso le quitaron la protección que tenía como APA [Área de Protección Ambiental] a una parte de Chapultepec para poder arremeter con el edificio. Siguen invadiendo Chapultepec con proyectos urbanísticos que son absolutamente innecesarios, pero que son el resultado de la colusión que existe entre autoridades y desarrolladores.

¿Qué opinas del grupo de redactores de la Constitución?

Me preocupa que, por un lado, nos van a plantear todo el asunto de las libertades individuales, los movimientos de LGTBI, el derecho a la mujer a decidir, en una de esas crece incluso el asunto de la marihuana, programas sociales masivos, subsidios, despensas, etcétera. Por un lado, a una franja importante de la sociedad le van a ofrecer todo este menú de libertades, con el que por supuesto estoy de acuerdo. Pero, por el otro, seguirán haciendo lo que hasta ahora: darnos esos derechos a cambio de que ellos tengan plena libertad para especular con el uso de suelo de la ciudad, desarrollos urbanísticos con altísimos niveles de corrupción, enriquecimientos extraordinarios de funcionarios en asociación con la iniciativa privada, desarrollos que ignoran o incluso atropellan la voluntad de vecinos y ciudadanos, etcétera. Es decir, ellos dicen: toma todas estas libertades, haz lo que quieras con tu cuerpo, pero esto de acá es mío y yo puedo hacer con ello lo que yo quiera. Quien metió esa dinámica en la ciudad fue [Andrés Manuel] López Obrador con su famoso Bando 2, que destapó el boom inmobiliario, por ejemplo, en la Benito Juárez.

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Es parte del consejo editorial de Sexto Piso y de "La Ciudad de Frente".