Salsa para toda la banda

Los Merino Musical tocan salsa sin ver

Los Merino Musical es un grupo de invidentes que, con ritmos tropicales, levanta el ánimo de los peatones del Centro

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

Si la Ciudad de México tuviera un grupo musical que lo representara, los Merino probablemente estarían en el top. No tienen fama mundial, ninguna disquera los ha producido y tampoco ganan millones, pero seguro los conoces porque desde hace 18 años, cada martes y jueves, ponen a bailar a miles de personas en la esquina de Tacuba y Motolinia, a la salida del metro Allende.

Vero Astorga, Ricardo Islas, Héctor Sandoval, Óscar Huerta, Alfredo Merino y Raúl Merino conforman los Merino Musical, un grupo en el que, además de compartir el gusto por los ritmos tropicales, cada uno de sus integrantes tiene un grado de ceguera.

El proyecto nació cuando Raúl, el creador de la banda, recorría las calles del Centro en los 80 y se encontró con bandas que amenizaban el camino de los capitalinos.

“Tenía como 18 años y me di cuenta de que había grupos en la calle, algunos incluso conformados por personas invidentes. Yo ya tenía interés en la música y entonces surgió la idea de formar el mío”, cuenta.

“Nunca tomé clases. Mi aprendizaje fue lírico. Gracias a Dios sé un poquito de batería, teclado, guitarra, bajo, percusiones y le hacemos un poco a la cantada”, dice.

En el resto de la agrupación, la práctica también derivó en aprendizaje. Por ejemplo, Vero Astorga tiene tres años en la banda. Es la única que tuvo cierta preparación previa. Es la pianista oficial, además de tocar instrumentos como la mandolina y ser la voz principal femenina.

De igual forma, en la banda están Héctor Sandoval, quien lleva el ritmo en el bajo, y Ricardo Islas, la voz masculina principal que desde hace 10 años alterna en la batería y las percusiones. Alfredo Merino es hijo del fundador, y, desde su niñez, sintió amor por la música. Toca la batería y es quien se encarga de la organización del grupo.

“Nuestra especialidad son los ritmos tropicales porque son los que más nos piden. Salsa, merengue y cumbia es lo que la gente baila”, cuenta Raúl.

Además de las rolas para el bailongo, Merino Musical tiene un repertorio amplio que incluye música de banda, rock sesentero, danzón, boleros, rancheras y hasta corridos que han tocado en bodas y XV años, y en eventos al interior de la República, donde incluso han alternado con grupos como Yaguarú, Acapulco Tropical y el cantante de pop, Reyli Barba, exvocalista de Elefante.

Claroscuros citadinos

Pero no todo ha sido fácil. En la carrera de los Merino hubo un momento que los marcó. Un accidente acabó con la vida de dos de sus miembros originales y los puso a pensar sobre la pertinencia de seguir con el proyecto.

“En las calles empezamos poco antes del año 2000, y en el 2001 sufrimos un accidente donde dos compañeros, Andrés y Javier, quedaron muy mal de salud y tiempo después fallecieron. Nos la vimos difícil, pero desde ese momento le echamos más ganas. No dejamos que ese acontecimiento nos superara”, dice Raúl Merino.

Sin embargo, aunque el momento más difícil fue la pérdida de sus amigos, en 18 años de trabajo en las calles capitalinas han tenido enfrentamientos con autoridades que buscan retirarlos y con vendedores ambulantes que intentan ganarles el lugar.

“Hemos vivido la violencia en el Metro, en las calles y en las plazas donde nosotros buscamos desempeñar nuestro trabajo porque nos ponen trabas. Aún así, aquí estamos, como ‘gato boca arriba’, buscando permanecer y destacar”.

No hay barreras

Raúl Merino está en contra de la creencia de que las personas con discapacidad tienen dones especiales. Para él, todos somos iguales y la única distinción, dice, “es el hambre de crecer y de aferrarse”. Y un ejemplo es el de don Alejandro, un señor de la tercera edad que se convirtió en sus ojos y manos.

Es quien “empuja los diablos”, instala, conecta los instrumentos y les avisa si su ropa está acorde a sus presentaciones. Es el bailarín más entusiasta a la hora de la música y, además, ha sido su apoyo para grabar los dos discos que han hecho por su cuenta.

“Es una persona muy activa que nos apoya. Algunos de nosotros somos débiles visuales y otros completamente ciegos. Todos lo somos de nacimiento. Por ejemplo, mi hijo ve la mitad de lo que una persona debe ver, pero se defiende bastante. Yo veo un 20% de las cosas; Verito y Óscar no ven nada, mientras que Héctor y Ricardo solo aprecian sombras y luces”, platica Raúl.

Aunque su sueño es grabar un disco y tener patrocinio, por ahora están contentos con lo que hacen, pues con cada acorde alegran a los capitalinos que visitan el Centro Histórico a cambio de una moneda, pero algunas veces, les basta una sonrisa.

“Le tenemos mucho respeto a la Ciudad de México y a la gente que a veces tiene la intención de aportarnos algo, pero la situación económica es difícil. Y lo entendemos.  Pero lo que nos encanta es que cuando la gente viene deprimida y nos escucha, se van con un muy buen sabor de boca. Vienen bien ‘apachurraditos’, se ponen a bailar y se retiran contentos. La música hace su magia.
Para mí la música es como mis ojos. Me hace percibir un poco más. Solo así puedo inyectar a la gente lo que para mí significa este arte”, dice Raúl Merino.

En cifras: 

  • 6 personas conforman la banda de salsa Merino Musical, todos con algún grado de ceguera.
  • 19 años de carrera cumplirán en septiembre, en los cuales han grabado dos discos.
  • 5 estados de la República los han escuchado cantar: Toluca, Pachuca, Puebla, Querétaro y Oaxaca.
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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.