El legado de un tintorero

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Foto: Lulú Urdapilleta.

Marcial Popoca tiene una de las plantas industriales de lavado en seco más antiguas de la CDMX y ha dejado un legado entre empleados y tintoreros.

Por Xanath Lastiri

En 1957, Marcial Popoca Serna estaba a punto de entrar a la vocacional para convertirse —probablemente— en ingeniero, pero nunca entendió la trigonometría. Por eso decidió trabajar en el mundo del lavado, secado y planchado de ropa. Desde entonces, hace ya 60 años, se ha dedicado a mantener una industria dedicada a cuidar el buen vestir de millones de chilangos.

Hoy, Marcial sostiene cuatro tintorerías y una de las plantas de lavado en seco más antiguas de la ciudad. “Mi hermana se había casado con el jefe de una tintorería y le pedí trabajo. Él me puso a barrer, limpiar la caldera, los baños… cosas que nadie quería hacer, con la intención, quizá, de que siguiera mis estudios. No lo logró: me quedé porque me gustó mucho la tintorería”, cuenta.

Con el tiempo, Marcial dejó de ser un empleado y lanzó su primera tintorería, comercio que aún existe en Polanco —aunque esta ya no es de su propiedad—. Después de una serie de conflictos, vendió su primer negocio y se lanzó como taxista, pero aguantó y fundó la tintorería Special. Con ella, logró posicionarse en la preferencia de los capitalinos durante una década, entre 1975 y 1985, época del apogeo del oficio, según cuenta el tintorero.

“Era tanta la competencia que las camionetas se peleaban la ropa y a los clientes en plena calle”, recuerda desde una de sus oficinas instalada en la planta de lavado en seco que compró en la delegación Miguel Hidalgo, un negocio que le permitió expandirse y atraer a las tintorerías de otras demarcaciones hasta llegar al sur de la ciudad.

Su mayor gusto ha sido poder viajar con el dinero que le ha dejado su trabajo y participar en varios maratones internacionales. Porque no todo en su vida ha sido lavar y planchar: a la fecha, corre todas las mañanas antes de salir a supervisar sus negocios.

“Otra de mis satisfacciones es que no me he quedado con mis conocimientos. He tratado de impartirlos e hice manuales de capacitación de los procesos y manejo de las máquinas y la ropa que, hasta la fecha, han sido útiles en el mundo de las lavanderías”, cuenta sobre sus días de éxito al frente de la planta.

Entre telas, prendas de diversas texturas y el olor al solvente de percloretileno —el cual distingue a las planchadurías de “antaño”—, Marcial comenta que también fue pionero en cambiar esta sustancia por otro derivado de petróleo con el que ahora mantiene la ropa reluciente y mejoró el proceso de calidad por el que pasa una prenda antes de ser devuelta a un cliente.

Mientras se pasea por su centro de lavado industrial, Marcial supervisa que todo marche a la perfección, las máquinas funcionen bien y la ropa esté en el lugar indicado. “El cliente pide que se lave en seco, pero lo mejor es lavarlo normal. Meter la ropa al solvente no siempre es lo mejor. Pero el cliente o los tintoreros no saben de esto, solo reciben la ropa bien limpia y dobladita”, detalla.

La experiencia y calidad que Marcial le imprime a su profesión lo llevaron en la década de los 70 a ser el presidente de la Cámara Nacional de Lavanderías y el representante de la Asociación de Propietarios de Plantas de Lavado en Seco, así como Director de tintoreros en otra empresa.

“He logrado cumplir mis metas personales, llegar a ser totalmente independiente y eso me ha ayudado a tener distintos tipos de satisfacciones como hacer un patrimonio familiar y que mis hijos se hicieran profesionales”, cuenta de manera pausada.

Aunque a Marcial le enorgullece que su oficio le haya permitido a sus hijos estudiar carreras como Arquitectura o Astronomía, le entristece que ninguno vaya a continuar con su negocio, porque ni ellos ni sus empleados tendrían el tiempo y el compromiso para atenderlo de manera profesional como a él le enseñaron. Además de las condiciones que demanda el mercado: “La gente debe entender la importancia que tiene esta industria y no descuidarla porque somos los que vestimos a todos bien”.

Marcial comenta que los negocios con este giro van en aumento a medida de que lo hace la población, las franquicias comienzan a tomar fuerza y se modernizan constantemente, por lo que lavar la ropa no solo involucra a quienes la dejan casi perfecta, también tiene que ver con otros sectores que obliga a tintoreros como Marcial a abaratar sus precios. Pero esto no es nuevo, el empresario recuerda que cuando su planta competía con otras en toda la ciudad, el lavado de una prenda costaba 50 centavos, precio que bajó hasta ser incosteable para los lavanderos: “Tuvimos que llegar a un acuerdo entre todos los dueños y decidimos cobrar mínimo un peso”.

Popoca es elocuente en su discurso, trabaja duro, viste con camisa, pantalones bien planchados, porque, aunque ahora solamente sea administrador, la formalidad es algo que, considera, se ha perdido en las generaciones actuales. Un mal para todos los tintoreros de la CDMX.

“No se qué vaya a pasar en el futuro. Si les digo la verdad, es un poco tétrico: pienso cerrar el círculo, liquidar a mis empleados. Antes de terminar mi vida, dejar solucionados los problemas. Tengo 77 años y creo que de alguna forma debo terminar con satisfacción mi vida”, dice el tintorero quien ha dedicado 60 años de su vida a esta labor.

En cifras

  • 6,500 establecimientos hay en la ciudad dedicados al lavado, planchado y secado de la ropa.
  • 11 pesos cuesta, en promedio, el lavado de una prenda en una tintorería de la capital.
  • 3 delegaciones de la capital del país concentran  la mayoría de las lavanderías y tintorerías.