Silbato a prueba

El Gobierno fija un plazo de 100 días para evaluar la utilidad de esta herramienta con la que busca combatir la violencia de género.

Hace justo una semana, el Gobierno de la ciudad comenzó a repartir el silbato con el que busca combatir el acoso sexual contra las mujeres. Según las autoridades, este instrumento disuadirá de actuar a los potenciales acosadores, porque permitirá que las capitalinas alerten cuando estén en situaciones de riesgo. Sin embargo, los críticos de esta medida consideran que es una acción aislada y, por tanto, poco efectiva contra la violencia de género.

En defensa de esta repartición, la directora del Instituto de las Mujeres local (Inmujeres), Teresa Incháustegui, argumenta que el silbato es una herramienta que empodera a la mujer.

“El feminismo tiene como principio empoderar a las mujeres, y lo primero es que las mujeres tengan conciencia de sus derechos y que los hagan valer. Hubo una confusión al pensar —y fue un manejo muy simplista de comunicación— que ‘te doy este silbato para que cualquier cosa que te pase, ahí está, ya con eso te arreglas’. No era esa la idea”, dice la funcionaria.

No obstante, sus argumentos chocan con los de especialistas como Paula Soto, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), y Patricia Balderas, de la asociación Habitajes, quienes incluso creen que la distribución puede ser contraproducente.

“La eficacia del silbato es incierta. No hay estudios, no hay evidencia empírica de que realmente el silbato va a reducir la violencia […] En el fondo, hace que las mujeres sean las responsables de su propia seguridad y, ahora, las que no anden con silbato van a estar más expuestas a la violencia”, comenta Soto.

Balderas agrega que el silbato puede generar sentimientos negativos, pues si una mujer es agredida y por alguna razón no lo utiliza, se sentirá culpable porque creerá que no supo cómo defenderse.

El periodo de prueba

Ante las críticas y burlas que se han difundido en redes sociales desde que el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, anunció la repartición del silbato —a finales de mayo—, la directora del Inmujeres asegura que esta medida es sólo una parte de una política pública que será transexenal y todavía está en construcción. En ese proceso, detalla, las autoridades tienen la asesoría de la ONU.

En ese contexto, la distribución del silbato es un plan piloto. De acuerdo con Incháustegui, durante 100 días se evaluará cuál es la reacción de los capitalinos ante el uso de este instrumento. Por ejemplo, se verá si los ciudadanos ayudan o son indiferentes ante una mujer que pida auxilio y si la policía actúa de forma adecuada.

“Se pensó como una estrategia para probar qué resultado se tenía en términos de participación de la comunidad, por eso se anunció para hombres y mujeres. Se trata de que si cualquier hombre ve que están atacando a una mujer, que también llame la atención”, dice.

Al respecto, Balderas considera que hace falta diseñar una estrategia para que las personas tengan las reacciones deseables. Explica que en otros países el silbato se usa como llamado de alerta, pero en ámbitos cerrados donde los miembros de la comunidad ya tienen un plan para actuar.

El reparto de silbatos comenzó el 4 de julio en juzgados cívicos y las seis estaciones más concurridas del Metro: Mixcoac, Balderas, Hidalgo, Tasqueña, Pantitlán y Pino Suárez. En una primera etapa, se entregarán 15 mil piezas a quienes den los datos de su credencial de elector —lo que deja fuera a las menores de edad, critican las expertas— y un correo electrónico.

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Una medida rodeada de dudas

La política capitalina contra la violencia de género comenzó a diseñarse en 2015. Incluye campañas para educar a los hombres sobre el respeto a las mujeres y una aplicación para mapear los sitios de la ciudad donde se cometen actos de acoso y abuso sexual, aunque ambas medidas todavía se encuentran en desarrollo.

Este año, el tema de las agresiones contra mujeres captó la atención pública durante los primeros meses y, tras una marcha realizada a finales de abril, las autoridades lanzaron medidas como reforzar la vigilancia en las unidades y los paraderos de transporte público. Un mes más tarde, Mancera anunció el reparto de silbatos.

Soto reconoce que esta herramienta ha tenido resultados positivos en países como Canadá o Nueva Zelanda. Sin embargo, asegura que allá existen condiciones distintas. “En México falta sensibilización, educación y campañas publicitarias”, dice.

En tanto, Balderas duda de que vaya a tener impacto en la capital, bajo el argumento de que la medida aquí fue impulsada por las propias autoridades, cuando en los sitios donde ha tenido éxito fue promovida por la sociedad. “Era una respuesta ante el vacío de autoridad, es absurdo que el Estado la promueva en la ciudad”, comenta.

En una urbe donde seis de cada 10 mujeres han sufrido algún tipo de agresión, muchas capitalinas también dudan de los resultados que tendrá el uso del silbato de las autoridades capitalinas. Dentro de poco más de 90 días se sabrá si su escepticismo tenía fundamentos o si, por el contrario, disminuye la violencia de género.

En cifras

  • 2.5 millones de pesos invirtieron las autoridades de la Ciudad de México en estos silbatos.
  • 300 reportes de acoso y abuso sexual en el transporte público se registran al año, en promedio.
  • 107 denuncias se registraron sólo de abril a lo que va de julio, según datos del Inmujeres.
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Rafael Montes es reportero de la ciudad desde hace siete años. Apasionado de la movilidad, el urbanismo y el medio ambiente. Ciclista y peatón cotidiano, no tiene auto y sólo de ser muy necesario deja la bici para subirse al Metro o al coche de su novia.