Sanitarios o Baños Públicos del Centro Histórico representan un riesgo para la salud. Arte. Michel Laris

Una urgencia riesgosa

Especiales
Por: Diana Delgado

En el Centro Histórico hay hasta 247 sanitarios públicos, muchos de ellos violan medidas de higiene y ponen en riesgo la salud de los usuarios.

ARTE: MICHEL LARIS

En el Centro Histórico de la Ciudad de México, las autoridades estiman que existen 247 sanitarios públicos y la falta de higiene en algunos de estos establecimientos se puede convertir en un problema de salud.

En cualquier calle del perímetro principal del Centro se pueden encontrar hasta tres sanitarios abiertos al público y visitantes de la zona afirman que entrar a alguno es riesgoso, pues temen pescar alguna infección.

“Tienes que hacer del baño casi de pie o poner papel en la taza. A veces huelen mal o están tapados. También la gente es muy cochina, tira su papel y toallas sanitarias sucias al piso. La higiene siempre es un problema, pero tenemos que usarlos”, dice Guillermina, visitante del Centro.

Daniel está sentado tras una pequeña vitrina blanca donde guarda paquetes de papel de baño y toallas sanitarias nuevas. Tiene 23 años y pasa de las 7:00 horas a las 15:00 horas cortando tiras de papel, limpiando todo con un mismo trapeador y recibiendo los cuatro pesos que cobra en un sanitario cercano a la calle Corregidora.

En el establecimiento en el que trabaja gana 200 pesos al día. Acepta que los dueños tienen descuidado el lugar, pues los retretes no siempre funcionan, sin embargo, trata de mantenerlo aseado.

“Hay lugares donde los dueños sólo invierten lo mínimo: compran papel de bajo costo y jabón en polvo para el lavado de manos, cuando se tapan los sanitarios nos toca a los trabajadores destaparlos”, dice Daniel.

Una necesidad riesgosa

Entrar a un sanitario público puede ser una experiencia aceptable pues existen establecimientos con alcancías de cobro y torniquetes, personas dedicadas al aseo  e incluso máquinas expendedoras de papel extra, sin embargo, otros de estos lugares se caracterizan por estar en edificios antiguos, con inmobiliario poco adaptado y donde los pisos están cubiertos de agua, pues se necesita echar una cubetada para limpiar los desperdicios de la gente.

Algunos usuarios los llaman “baños de terror” y se huelen a metros de distancia porque la suciedad se impregna en los pisos, tazas y mingitorios, donde hay sarro de distintas tonalidades de amarillo.

En algunos establecimientos las puertas se sostienen solas, pero si no, hay que sostenerlas con la mano para que no se abran solas. En los lavabos, si los hay, los administradores ponen jabón en polvo y cubetas, cuya agua se reutiliza para lavar o para echarla al drenaje.

Estos lugares, coinciden especialistas,  son focos de enfermedades gastrointestinales, parasitarias e infecciosas.

Esta situación no siempre pasa desapercibida por las autoridades: en septiembre pasado, la Agencia de Protección Sanitaria (APS) de la ciudad sancionó 12 sanitarios públicos —de los 247 que tiene contabilizados la Autoridad del Centro Histórico en la zona—, por no contar con permisos adecuados y representar riesgos para la salud.

Incluso, datos de la misma dependencia, adscrita a la Secretaría de Salud local, señalan que se han encontrado sanitarios clandestinos. Es decir, que no tienen avisos de funcionamiento y, en su mayoría, fueron adaptados en edificios históricos.

Los requisitos básicos que deben tener van desde contar con su permiso de funcionamiento, personal para laborar, suficiencia de agua para los retretes y lavamanos, ventilación, iluminación, condiciones físicas adaptadas, baños separados y señalización que promueva la higiene; sin embargo, esto no siempre sucede y hasta incurren en otras irregularidades.

Alicia, por ejemplo, es responsable de unos sanitarios en la zona de Santo Domingo y, además de controlar el acceso, tiene un frigobar donde guarda aguas y refrescos, canastas con dulces  y cajetillas de cigarros que vende a los clientes del sanitario.

Su sueldo es de 100 pesos al día, pero los dueños le permiten quedarse con las ganancias de la venta, como si fuera una contraprestación, y eso —afirma— la ayuda a sacar hasta 250 diarios, además de su sueldo.

Otro de los motivos por los que la Agencia de Protección Sanitaria sanciona regularmente a este tipo de establecimientos es, precisamente, por vender alimentos y bebidas, y cuando hay estos productos durante las supervisiones, son decomisados.

Un negocio rentable

De acuerdo con diversos recorridos realizados por Máspormás, en el Centro Histórico se localizaron 264 sanitarios —con y sin licencia—, a los cuales acuden entre 150 y 300 personas al día, aunque la afluencia varía dependiendo del día de la semana, si hay eventos en el Zócalo o manifestaciones.

Cada persona debe pagar entre cuatro y cinco pesos por el servicio, lo que deja ganancias diarias de entre 750  y 1,500 pesos, de acuerdo con administradores de diversos locales de este tipo.

A eso se debe sumar lo que obtienen por la venta de otros productos como papel sanitario extra, toallas sanitarias, cigarrillos sueltos, chicles y bebidas.

“En ningún otro lado entra tanta gente como aquí. Aunque seamos muchos baños para todos hay clientes, pues en algún momento todos necesitamos ir”, explica Daniel, quien administra un sanitario público.

En cifras:

  • 247 sanitarios públicos estima la Autoridad del Centro Histórico que hay en esa zona.
  • 150 personas, mínimo, hacen uso de cada sanitario público que hay en el Centro Histórico.
  • 12 establecimientos de este tipo fueron sancionados en septiembre pasado.