Vivir de las propinas

Meseros, empacadores y despachadores nos cuentan cuánto ganan, y si esto les alcanza o sufren para hacer rendir cada peso.

De los 36 años que tiene, Carlos ha pasado 16 despachando combustible en gasolineras. No es un trabajo complicado, dice, pero para poder conseguirlo tuvo que hacer un examen de conocimientos generales y, justo después de aprobarlo, sus patrones le informaron de ciertas condiciones bajo las que tendría que laborar.

“‘No vas a tener sueldo, seguro, ni nada. Nada más vas a ganar a base de propinas y debes vender unos productos’”, recuerda que le dijeron.

Además, él y sus compañeros deben pagar una cuota para poder trabajar, que va de los 30 a los 90 pesos diarios según el turno y la bomba que manejen. Aquellas ubicadas al frente son las más caras porque tienen más clientes, mientras que las de la parte trasera son las más baratas.

En estas circunstancias, en una buena semana Carlos gana dos mil 700 pesos —450 por seis días trabajados—, pero a eso le resta los 540 que debe darle al encargado de la gasolinera, así como otros 300 en alimentos y transportes.

Le quedan alrededor de mil 860 pesos para mantener a su esposa y sus cuatro hijos, y lo peor, dice, es que en las semanas siguientes lo rotan de espacio. Por ende, gana menos: entre 200 y 300 al día.

“Honestamente, así con eso no me sale. A lo mejor la primera semana sí, pero ya cuando pasas a la bomba 2, a la 3, ahí ya valió”, se queja.

Para las autoridades, Carlos corresponde a la categoría de empleo informal porque sus patrones no reconocen su relación laboral con él. Por lo mismo, no le brindan seguridad social y, en su caso, ni siquiera un sueldo fijo.

De acuerdo con cifras del Inegi, de los cuatro millones 172 mil capitalinos que trabajan en la ciudad, cerca de 50% lo hace con algún grado de informalidad. De ese total, uno de los sectores en situación más desventajosa es el de quienes únicamente reciben dinero de las propinas.

Cristián Castillo, directora de Estudios y Política de Seguridad Social de la Secretaría del Trabajo federal (STyPS), señala que la existencia de este tipo de empleos se debe en parte a “una cuestión cultural”, pues en México se acepta tácitamente que haya trabajadores que sólo tengan ese ingreso.

A la fecha, la dependencia tiene detectadas 10 ocupaciones que están en esa condición: empacadores de supermercado, despachadores de gasolina, músicos, trovadores, cantantes, artistas de la vía pública, auxiliares de panteones, organilleros, diableros y meseros.

Para mejorar su situación, dicen las autoridades, es necesario convencer tanto a patrones como a trabajadores de que a ambos les conviene estar en el sector formal.

“El trabajador a veces lo ve como un gasto porque no vislumbra a futuro. La seguridad social la ve como un gasto y en realidad es una inversión, pero eso hay que informárselo, porque para ellos es dinero a fondo perdido”, dice Iris Mejía, directora de Fomento a la Seguridad Social de la STyPS.

Monedas sobre la mesa

Poco después de cumplir 18 años, Miguel no pudo entrar a la universidad. Entonces, para no quedarse sin hacer nada, entró a trabajar como mesero en un restaurante que está sobre avenida Bucareli.

Hoy tiene ya tres años de experiencia en esa tarea y considera que ha adquirido maña para quitarle a los clientes el mal humor y, de esa manera, lograr que le dejen una buena propina.

“Ahí como puedo, pero trato de que se les quite o, por lo menos, que no se desquiten con uno”, dice.

Su jornada dura entre ocho y nueve horas, en las que atiende a unos 25 clientes y se lleva una ganancia promedio de 300 pesos, es decir, mil 800 a la semana. Y aunque en su caso sí goza de un sueldo base —mil 500 semanales—, cree que su situación laboral tiene que mejorar más.

“Lo que le cambiaría sería tener el seguro, prestaciones y que fueran cosas legales y más fijas que te ayuden”, dice.

A diferencia de Carlos, no tiene una familia que mantener. Todavía vive con sus padres y esto le permite ahorrar para sus planes futuros: pagarse una carrera universitaria en Contaduría o Administración. En otras palabras, está convencido de que meserear es sólo un peldaño de la escalera hacia una meta más alta.

Majo vive una historia similar. Es actriz y florista, tiene 24 años y, desde hace dos, trabaja como mesera en un café ubicado en la colonia Condesa.

Cuando empezó, los ocho mil pesos que ganaba al mes —seis mil de propinas y dos mil más de sueldo base— le alcanzaron para comenzar a vivir sola. Sin embargo, sólo pudo estar así durante cinco meses y, para ya no sufrir limitaciones, decidió mejor invertir en un negocio propio que le diera ingresos extra.

Así, compró celulares y computadoras para lanzar su florería en línea, a la que espera dedicar cada vez más tiempo. En ella, dice, tampoco goza de seguridad social ni prestaciones pero, a diferencia de lo que ocurre en la cafetería, al menos es su propia jefa, tiene horarios flexibles y no depende únicamente de lo que los clientes quieran dejarle sobre la mesa.

En cifras

  • 50% de la población empleada en la capital del país trabaja en el sector informal de la economía.
  • 4800 pesos al mes gana un empacador, es decir, 160 pesos diarios, en promedio.
  • 9000 pesos es lo que llega a ganar un franelero en la Ciudad de México, 300 pesos al día.
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Reportero titular que a veces juega de editor derecho, formado en redacciones de un par de diarios nacionales, pero siempre cubriendo la ciudad. En los ratos libres me gusta practicar boxeo, no porque esté de moda, sino porque te pone en forma para los ‘chacaleos’.