Contracultura pop | Al diablo las instituciones

Opinión

¡Al diablo las instituciones! El Salón de la Fama del Rock & Roll apenas anunció quiénes integrarán la clase del 2018. La lista de nombres, encabezada por Bon Jovi, es, salvo algunas excepciones, un monumento a la mediocridad, confirmando que estamos ante otra institución decadente y rancia.

Primero lo primero. El Salón de la Fama del Rock & Roll se encuentra a la orilla del Lago Erie, en Cleveland, Ohio. Se construyó ahí a petición de los habitantes de esa ciudad —quienes, además, pagaron la construcción del edificio—, y su función es archivar la historia del rock y reconocer a sus más destacados protagonistas: músicos, productores, ingenieros, periodistas, disqueros y todo aquel cuya obra haya generado influencia dentro de esta música.

Lo controla una fundación que tuvo como primer líder al legendario director del sello Atlantic, Ahmet Ertegün. Otro miembro destacado es el editor y dueño de Rolling Stone, Jann S. Wenner, cuya reputación anda más por los suelos que nunca tras la reciente publicación de una biografía en la que básicamente se afirma que su amistad con ciertos músicos influye de manera notable en las decisiones editoriales que toma la publicación. En pocas palabras, su máscara de paladín del periodismo ya se cayó.

Hoy, un comité de 900 personas elige a los graduados de cada año: artistas, historiadores, periodistas y gente de la industria. Para ser elegible, es necesario que hayan transcurrido 25 años de la aparición de la primera grabación del artista nominado.

Supongo que al principio era más fácil. Había menos artistas de dónde elegir. Y era obvio quiénes habían sido fundamentales en el desarrollo del rock. La selección se fue complicando con el paso de los años. No solo porque la cantidad de bandas y solistas creció de manera exponencial, sino porque además ahora es más difícil medir la influencia que ha tenido un artista. Eso, y que el comité tiene un perfil francamente conservador. No les han faltado críticas: hay pocas mujeres, pocos artistas negros, pocos latinos, poco hip hop, poco rock progresivo, poco heavy metal, pocos ingleses. Y no son críticas sin razón. Su canon es bastante limitado y conformista.

La prueba definitiva es lo que ocurrió ayer, miércoles, cuando anunciaron a quienes reconocerán este año. Primero vamos a ver la lista de nominados: Kate Bush, The Cars, Depeche Mode, Dire Straits, Eurythmics, Bon Jovi, J. Geils Band, Judas Priest, Link Wray, LL Cool J, MC5, The Meters, Moody Blues, Nina Simone, Radiohead, Rage Against the Machine, Rufus y Chaka Khan, Sister Rosetta Tharpe y The Zombies. Bueno, pues resulta que las autoridades correspondientes decidieron elegir a Bon Jovi, The Cars, Dire Straits, The Moody Blues y Nina Simone, así como a Sister Rosetta Tharpe como una primera influencia del rock. Más mediocre, imposible.

Resulta que, para el comité, bandas como Radiohead o Rage Against the Machine, que le dieron un giro radical al rock, no se merecen el honor, mientras que los ultratibios Moody Blues —cuya única obra memorable es “Nights In White Satin”— sí lo consiguieron. Lo de Bon Jovi es una jugada populachera. Su popularidad es innegable, pero es un artista que ha contribuido entre poquísimo y nada a la evolución del rock. De The Cars y Nina Simone no hay discusión. De Dire Straits… aunque me parece que tiene grandes momentos esta banda inglesa y a un guitarrista notable al frente, dudo mucho que superen en influencia a Link Wray o a los MC5. ¿Qué grupo conocen que fue influenciado por Mark Knopfler y compañía? Se me ocurre, si acaso, The Killers. En cambio, el punk entero nunca hubiera existido sin el salvaje rock de los MC5, que nunca vendió muchos discos, pero fue inspiración para cientos de artistas, de manera indirecta o directa.

Estamos ante una institución que se devalúa sola. Que no esconde su podredumbre. Y, como bien dijo Radiohead antes de conocer los resultados, “Ni nos interesa”. Con toda razón.