Ciudad de necios | Chapulines chilangos

Necios que no sueltan el negocio personal del servicio público. Necios que siguen votando por ellos, aunque les hayan visto la cara una y otra vez

Según el Servicio Meteorológico Nacional, a partir de hoy comienza a bajar la temperatura en la CDMX. Habrá menos calor, pero el infierno no termina. Se va la ola de calor, pero nos sigue embistiendo la ola de inseguridad en esta ciudad. Parece que los funcionarios que contratamos en las elecciones de 2012 y 2015 se largaron (algunos con goce de sueldo). Bajaron la cortina y nos dejaron con el desmadre a los chilangos.

Piénsenlo así: ustedes contratan a un trabajador que les promete repararles todo el sistema de plomería de casa en tres años, pero resulta que se cumplió ese lapso y no solo no terminó la reparación, sino que cobró como si lo hubiera hecho. Es más, hasta robó algunas cosas de la casa, descompuso el sistema eléctrico y organizó varias fiestas mientras ustedes no estaban en casa.

Al calor del chapulinismo, funcionarios públicos de todos los niveles y de todos los partidos políticos —de todos— dejaron botada la chamba por la cual fueron contratados en las urnas. Nos engañaron: ni resolvieron lo que dijeron que iban a resolver y hasta empeoraron la situación. Insisto, la metáfora no solamente contempla la inseguridad; ni hablemos de infraestructura, medio ambiente, transporte público y corrupción.

Pero la cosa se pone peor. Ese plomero o plomera que juró cumplir un trabajo anterior —y, como vimos, dejó todo mal y peor—, ahora llega a decirnos, en este proceso electoral: ¡Hola!, ¿me contratas?, quiero resolverte el problema de electricidad. No tienen vergüenza. Ni ellos ni nosotros; porque los volvemos a contratar, les volvemos a dar el voto, volvemos a chuparnos el dedo, a tomar atole con su dedo.

Eso del chapulinismo parece ser un deporte por el que la Ciudad de México no ha ganado una sola medalla. Y no tengo problema con que un funcionario que haya hecho chingón su trabajo sea nominado a otro cargo y lo consiga con los votos, ¡de eso pedimos nuestra limosna! El problema es que el negocio del chapulinismo solo beneficia a una parte, a la política y de intereses involucrados en esas bandas que hay en todos los partidos para perpetuar los negocios. ¿Y adivinen quién pone la millonaria inversión sin obtener ningún beneficio a cambio? ¡Exacto! ¡Adivinaron: los chilangos!

Por eso no hay que dejar que nos vuelvan a hacer pendejos los que se nos presentan en la boleta prometiendo resolver algo que no resolvieron cuando nos engañaron. Ojalá pronto se les acabe su chiste y negocio chapulinista.

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Artículo anteriorEdición impresa: 05/06/2018
Nacho Lozano
Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.