Ciudad de necios | El negocio de ser chilangos (o echarle la culpa a otro)

chilangos

Necios que vemos en los demás chilangos de lo que nosotros mismos estamos hechos.

Cruzamos por donde no debemos cruzar. Damos mordida al policía corrupto. No pagamos la verificación. Sabemos del vecino que golpea a su mujer y no lo denunciamos. Somos el vecino que golpea a su mujer. Pagamos por la explotación sexual de mujeres y hombres, pero también de niños de ambos sexos. Compramos drogas al dealer que forma parte de las grandes estructuras criminales que operan en esta ciudad. No estudiamos a los candidatos. Votamos con la tripa. No usamos el cinturón de seguridad. Nos paramos en las cebras peatonales de cualquier cruce. Nos pasamos los altos y excedemos la velocidad. Manejamos borrachos o mientras nos maquillamos. No somos corteses ni cedemos el paso. Manejamos un microbús inseguro mecánicamente y pirata. Nuestro taxi es robado. Compramos piezas automotrices robadas. Nos gusta lo robado por barato. Fomentamos la piratería. No pagamos multas, menos impuestos. Nos burlamos de las personas con discapacidad. Discriminamos a los de la comunidad LGBTTTI en el restaurante que gerenciamos. Nos burlamos de los pobres. Encontramos carteras y pocas veces las regresamos. Vemos un delito y callamos —sí, muchas veces por miedo—. No nos alarman los feminicidios. Nos autocensuramos. Somos rateros, secuestradores, extorsionadores. Y a los que no se parecen a nosotros, los eliminamos. Nos da hueva informarnos, “porque no quiero amargarme, es mucha tragedia”. No recogemos la caca del perro. La basura la dejamos en la calle. Nos apropiamos de la calle para apartar lugares. No usamos casco en la moto. Compramos animales traficados ilegalmente. Pendejeamos al policía que nos hace ver nuestra falta, porque no merece nuestro respeto, porque también es pueblo, porque todos son corruptos, porque ninguno es derecho. Nalgueamos a mujeres en el transporte. Saqueamos el camión que se volcó en la avenida. Le pagamos al franelero, no hay de otra, si no nos rompe el coche… Pero la culpa siempre es de los políticos, no de nosotros. Así somos los chilangos.

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Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.