Ciudad de necios | AMLO y el accidente de su hijo

Foto: Cuartoscuro
Necios que no distinguen prácticas de pláticas. Necios que practican lo que no platican y platican alardeando lo que jamás se atreverían a practicar por el bien de México

Angélica, me pide omitir sus apellidos, acudió a una cita médica en cierta clínica del IMSS en Ecatepec, Estado de México. Omito los detalles porque ella teme represalias. Atemorizada por las amenazas que ha recibido desde entonces por el doctor que la atendió, Angélica ha decidido no denunciar lo sucedido en mayo de 2017. Sí, una mujer que por ahora se calla y por eso corre el riesgo de ser víctima de feminicidio. No confía en el ministerio público y adivina que las autoridades le jugarán en contra si exige castigo para su abusador. El victimario fue el ginecólogo que la atendió y quien abusó sexualmente de ella mientras consultaba. No regresó a la clínica, pero el doctor la persigue desde entonces acosándola y amenazándola con desaparecer a su hija de siete años si acusa lo sucedido.

Ella nació en Veracruz, en Xalapa; tiene 35 años y 25 de recibir atención médica en la clínica. Cuento con el nombre del médico, de la clínica y el comprobante de la cita en el departamento de Ginecoobstetricia.

Sí, la crisis en el sector salud es grave, la gente escupe su coraje cuando el tema resurge, cuando se entera de que tiene que pagar el seguro de gastos médicos de funcionarios públicos cuando el resto de los mexicanos, que por cierto mantienen a esa clase política y sus privilegios, debe ir a pésimos hospitales del sector público a arriesgar su vida.

La gente se encabrona cuando ve que la cita para tratar su cáncer es hasta dentro de unos meses y tal vez no le alcance la vida para llegar; cuando el abasto de medicinas es una ilusión; cuando las clínicas se inauguran con bombo y platillo, pero sin equipamiento porque desviaron el dinero para campañas electorales; cuando ni siquiera hay clínicas.

Si bien hay excepciones en el personal médico y de especialidad con trayectorias ejemplares, la regla es la bancarrota del sector salud en muchos sentidos. Hay pendientes que deben ser resueltos. Existen las condiciones para terminar con la indolencia de la clase gobernante y comenzar la transformación del sector salud por uno fregón y no fregado.

Tal vez por eso vale la pena echarle ojo a la reacción negativa de muchos en las redes sociales cuando se accidentó el hijo menor del presidente electo López Obrador y quien fue atendido en un hospital privado gracias al seguro de gastos médicos que contrató Beatriz Gutiérrez, madre del menor. “¿Pues no que todos al IMSS y al ISSSTE cuando ganara el Peje?”, decían. ¿Cuál es el gas en este tanque? Por un lado está el presupuesto público gastado en privilegios como el seguro de gastos médicos y por el otro que en la vida privada los funcionarios y sus familias puedan contratar un seguro de su bolsillo. Honestamente, el foco de la práctica y no la plática debería estar en los millones gastados en pólizas de seguros financiados con nuestro dinero. La diferencia radica en cómo los funcionarios y sus familiares, como Beatriz Gutiérrez lo será del próximo presidente de México, gastan su dinero en una póliza de seguro privado y deciden no acudir al Seguro Popular. Dice un amigo que no se trata de exigirles que solo tomen leche Liconsa y no de marca comercial. Cierto. Si quieren privilegios, de su dinerito, no del nuestro. ¿O cómo ven? 

“Existen las condiciones para terminar con la indolencia de la clase gobernante y comenzar la transformación del sector salud por uno fregón y no fregado”

Compartir
Artículo anteriorOliver, al rescate del medio ambiente
Nacho Lozano
Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.