Ciudad de necios | El escritor que no llegó a la FIL

Necios que son los responsables de esta crisis. Necios que murieron en el intento por ser escritores

“¿Habrá dejado algo Esteban digno de publicarse? ¿Era bueno escribiendo? ¿Algún día lo sabremos?”

Guadalajara, Jalisco.- Podría saturar este espacio con citas de autores monumentales sobre cómo los lectores transforman al mundo y sus mundos con el acto heroico de leer un libro. Prefiero no transcribir frases sobre el placer de la lectura y la valentía de quienes compran un libro en tiempos en que leer es más caro que comer. Preferí hablar de una mujer que encontré inesperadamente y me conmovió hasta llorar. Vino desde Veracruz para conocer el lugar que su hijo quería visitar: la Feria Internacional del Libro en Guadalajara.

Esteban se llamó en vida su hijo y fue hallado muerto en mayo pasado con signos de tortura en Puebla. Fue confundido por un comando que, según me contó la madre, creyó era de un cártel rival.

Esteban no formaba parte de ningún grupo criminal, tenía 16 años y estudiaba la preparatoria. “Leía como loco”, me dijo la señora cuya identidad me reservo como ella me pidió. Me contó que el chavo compraba un libro y cuando lo terminaba de leer lo regalaba a alguien: un primo, su hermana, un amigo. A su mamá le regaló “uno sobre una ballena que se comía un barco”. La señora se quebró al recordar esto que les cuento y lloró en uno de los pasillos tumultuosos de la FIL.

Al hombro cargaba una bolsa de tela con estos libros: El museo de la inocencia, Me llamo Rojo, Estambul y El libro negro, escritos por Orhan Pamuk, el autor vivo predilecto de Esteban. La señora pidió prestado para viajar hasta Guadalajara desde Jalapa para pedirle al turco que se los firmara en memoria de su hijo. Según la madre, Esteban había ensayado unas frases en inglés (apenas aprendía a hablar ese idioma) que pensaba decirle al Premio Nobel y que resumían su ambición de ser escritor gracias a autores tan inspiradores como él.

Pamuk se presentó en la FIL para ser entrevistado por el mexicano Jorge Volpi sobre su más reciente libro, su literatura y la manera en que es capaz de atravesar la vida de sus lectores. No sé si la señora logró que Pamuk firmara los libros de Esteban. Me pregunto qué hubiera sido de ese encuentro entre el joven entusiasta y el escritor consagrado. ¿Habrá dejado algo Esteban digno de publicarse? ¿Era bueno escribiendo? ¿Algún día lo sabremos? ¿O simple y sencillamente México se tragó al escritor veracruzano que este año no llegó a la FIL? Y digo este año porque, quién sabe, en una de esas la señora nos sorprende con el sueño de su hijo.

A tu memoria, Esteban.

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Nacho Lozano
Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.