No rendirnos

Hace tiempo un amigo mío se vio inmerso en una relación patológica de la que tardó años en poder liberarse a un costo psíquico y emocional inmenso. Durante el periodo más álgido de su sufrimiento, recuerdo haberle escuchado decir que el problema más grave que tenía era que su voluntad y su capacidad para creer en sí mismo estaban tan pulverizadas por la constante zozobra, por las constantes y violentas embestidas psicológicas que recibía, que había llegado a pensar no sólo que merecía el trato que recibía, sino que por momentos estaba convencido de que viviría así el resto de su vida.

En su novela Narcisa, el escritor norteamericano Jonathan Shaw, a través del Cigano, su alter ego, explica cómo las favelas más pobres de Río de Janeiro nutren la espiral de violencia que las atenaza a partir del abandono de toda perspectiva de recomposición o mejoría. Al entrar a la favela Ciudad de Dios (inmortalizada por el director carioca Fernando Meirelles en la cinta homónima), pensaba el Cigano, debería de haber un letrero que diga “Antes de entrar, abandona toda esperanza”.

Durante las “festividades” del Día de Muertos, hemos tenido ocasión de comprobar nuestra capacidad para seguir soportando oprobio y humillaciones por parte de nuestros gobernantes. El 1 de noviembre, en un evento a puerta cerrada, el Presidente de México (anfitrión de Donald Trump) le otorgó un reconocimiento al expresidente Felipe Calderón por su contribución al desarrollo social, político y económico de México. Veamos: en términos sociales, en las administraciones de ambos han ocurrido cientos de miles de homicidios en México, decenas de miles de personas han tenido que abandonar sus hogares por culpa de la inseguridad. Un Estado que no es capaz de garantizar condiciones mínimas de vida para sus habitantes es un fracaso absoluto. En el ámbito político, la corrupción rampante no sólo no ha podido contenerse, sino que hoy atraviesa prácticamente todas las esferas de la función pública de manera flagrante y obscena. Entre los sexenios de Peña y Calderón hemos visto a pillos como Mario Marín, Ulises Ruiz, Fidel Herrera, Humberto Moreira, Rodrigo Medina, Roberto Borge, Javier Duarte, César Duarte, Ángel Aguirre, et. al. saquear sus respectivos estados y permanecer impunes. En términos económicos las “reformas estructurales” sólo han conseguido echar a andar procesos de privatización (muchos de los contratos cayendo en manos del puñado de hombres —casi puros hombres— que son dueños de este país) sin conseguir que la economía mexicana salga de ese nefasto péndulo que oscila entre la crisis y el estancamiento al tiempo que el peso continúa su caída libre con respecto a las monedas dominantes en el mundo.

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Y encima de todo esto tenemos que soportar la desfachatez de que uno y otro se ostenten frente a nosotros intercambiando saludos, palmadas y sonrisas, encerrados en uno de los semilleros de tecnócratas y obsesos neoliberales (como el gran prócer Luis Videgaray), en un circuito cerrado que exhibe la insalvable distancia que existe entre las élites económicas y políticas y el resto del país.

Una de las amenazas más graves del dramático momento por el que atraviesa nuestro país es que la única forma que encontremos de lidiar con el horror frente a nosotros sea a través de anestesiar nuestra capacidad para ver, pensar y sentir. Por difícil que pueda resultar esta tarea, debemos de combatir el sometimiento y procurar rescatar, de las fauces del desasosiego, nuestra capacidad para creer en nosotros mismos y convencernos, primero a nosotros, y luego a aquellos a nuestro alrededor de que merecemos y podemos tener una realidad diferente, que podemos liberarnos del secuestro en el que nos encontramos y que debemos hacer todo lo nos sea humanamente posible para lograrlo.

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Es parte del consejo editorial de Sexto Piso y de "La Ciudad de Frente".