Werner Herzog y la naturaleza de internet

Una de las virtudes del buen cine (extensiva también a la buena literatura) es que restaura la posibilidad del asombro con respecto a fenómenos que habían dejado de asombrarnos. El más reciente documental de Werner Herzog, Lo and Behold: Reveries of the Connected World (2016), me forzó a mirar el internet con una extrañeza que a veces pierdo, sumido como estoy en el cotidiano trasiego de las redes sociales. La película me despertó una mezcla de reverencia y temor hacia los insospechados pliegues de la técnica.

Herzog es conocido por sus reflexiones sobre la naturaleza, sostenidas con una voz en off hipnótica en documentales que son ensayos fílmicos sobre la tensión entre el hombre y su entorno. Lo mismo en Fitzcarraldo que en Wings of Hope o Grizzly Man (e incluso en una entrevista en la que lo vemos hablando sobre la estupidez de las gallinas), Herzog rumia una visión de la naturaleza en voz propia o de sus personajes.

La idea de que la mirada humana le impone al mundo natural un orden que no tiene en sí mismo; de que la naturaleza es un universo indiferente, una galaxia que nos da la espalda, es una de las constantes en su obra. “No veo la selva como algo erótico. La veo más bien llena de obscenidad”, dice el director en una de sus célebres frases al respecto. Para mí, la suya es una de las reflexiones más lúcidas sobre el mundo animal desde la propuesta del biólogo báltico-germano Jakob von Uexkül (1864-1944), que se atrevió a imaginar cómo percibe el mundo una garrapata y de paso anticipó ideas fundamentales de la robótica.

En Lo and Behold, aparentemente, la mirada de Herzog abandona el mundo animal y se dirige hacia lo cibernético. Pero en realidad la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuál es la relación del hombre con la técnica, como estrategia para dominar el mundo al que fue arrojado? No en vano, una de las preocupaciones centrales de esta nueva película es ¿qué haría la humanidad si Internet dejara de existir súbitamente, a raíz de una fulguración solar que destruya el sistema de telecomunicaciones?

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Respetando un formato convencional de entrevista, Herzog logra mostrar el lado más lúgubre y siniestro de cada uno de los entrevistados: desde los adictos a los juegos online hasta los creadores y precursores de Internet. El entrepreneur Elon Musk aparece como un personaje medio psicópata: un inventor delirante y vendehumos, millonario y autoproclamado justiciero.

Cuando Herzog se aventura por terrenos propios de la ciencia ficción, indagando por la posibilidad de que Internet desarrolle la capacidad de soñar consigo mismo, la película brilla: opera esa restauración del asombro de la que hablé al principio.

Lo and Behold es una especie de mezcla de Jakob von Ueskül con Philip K. Dick o con la obra del novelista estadounidense Theodore Sturgeon (1918-1985). El biólogo alemán, al proponer la categoría filosófica del Umwelt, concebía los organismos en términos de su capacidad para procesar información. Sturgeon, en novelas como Más que humano, imagina las posibilidades evolutivas de la inteligencia relacional, de la capacidad comunicativa y empática del Homo sapiens.

Werner Herzog reflexiona sobre Internet en esta encrucijada teórica, pero no por eso deja de tener un sentido del humor sutil y amargo. Lo and Behold retrata a la Red como una entidad prostética, haciendo que por un momento olvidemos que, además, es un lugar con muchísimas fotos de gatitos.