El pito de Mancera

Ya podemos estar tranquilas. ¡El esfuerzo por sensibilizar a la gente acerca del acoso en la calle y el transporte público, incluida la manifestación del 24 de abril y las expresiones de hartazgo en las redes sociales, ha rendido frutos! Miguel Ángel Mancera, nuestro jefe de Gobierno, decidió apoyar la causa de una manera práctica, eficaz y contundente. Así, después de semanas de reflexión en las que convocó a sus asesores para solucionar el problema, el pasado miércoles dio a conocer la estrategia con la que piensa empoderar a la población femenina de esta ciudad, “a las mujeres y a las niñas”, como él mismo dijo. ¿En qué consiste su propuesta? En un silbato de color rosa. Un silbato que no suena ni más agudo ni más fuerte, sino exactamente igual a los que reparten en las fiestas infantiles, un silbato que no tiene ningún distintivo, excepto su forma, muy semejante por cierto a la de una prueba de embarazo. No se preocupen, el silbato no atrae a la policía, institución poco confiable donde la haya. Su propósito es simplemente alertar a los demás ciudadanos, por si alguno tiene ganas de defender a quien haya chiflado, pidiendo auxilio. Con esa poderosa herramienta podremos subir al Metro a altas horas de la noche sin sentirnos amenazadas, o caminar por callejones oscuros sin ninguna clase de peligro. Podremos llegar tranquilas a nuestro hogar aunque nuestro marido esté borracho y sea violento. Desde ahora, estaremos amparadas por el silbatito de Mancera.

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Para que nadie pueda reprocharle su desigualdad, el jefe de Gobierno ha previsto también repartir silbatos entre los hombres, silbatos de color negro, para no ofender a los machos. Me pregunto en qué ocasiones pensarán usarlos. Me pregunto también cuántos dispositivos descartó Mancera antes de concluir que éste era el más adecuado y coherente con el presupuesto que pensaba destinar al problema del acoso. ¿Costaba mucho más lanzar una campaña en los medios de comunicación? ¿No había dinero para organizar conferencias o talleres en las escuelas y las oficinas? ¿Era mucho más caro repartir, en vez de un silbato, un spray con tinta indeleble para que los acosadores quedaran marcados un par de días con una mancha delatora? Es interesante (por no decir ofensivo) que su propuesta sea justamente un silbato, un pito como tantos han señalado, un instrumento rudimentario que sólo requiere de aire, aquí precisamente, en la ciudad donde más escasea.

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Escritora. Aunque defiende el género del cuento como una guerrillera, su novela más reciente obtuvo el Premio Herralde de novela. Es autora de libros como "El huésped", "El cuerpo en que nací", "Pétalos y otras historias incómodas" y "El matrimonio de los peces rojos".