Libros peligrosos

Hace un tiempo escuché al editor de una de las empresas trasnacionales más grandes del mundo decir: “Si pudiera publicar un solo título y vender 20 millones de ejemplares lo haría”. Motivados por criterios de rentabilidad, obsedidos por ganar la mayor porción posible del mercado, las grandes empresas editoriales se encuentran enfrascadas en una lucha feroz por capturar el próximo gran best-seller, soslayando a su paso la amplia gama de títulos importantes cuyas bajas ventas no merecen la atención de sus grandes afanes corporativos. Las gestas monopólicas –se sabe de sobra- suponen un atentado contra la diversidad.

 

A manera de antídoto, la edición independiente refresca el mundo del libro con géneros, autores y formatos alternativos que ensanchan la pespectiva de los lectores. Actualmente, la sucursal Rosario Castellanos del Fondo de Cultura Económica alberga la VII Feria del Libro Independiente del Fondo de Cultura Económica. Un paseo a través de los libreros que despliegan de manera muy equitativa la oferta editorial de más de 70 sellos, da cuenta de la vocación por el riesgo y la vanguardia propios de este tipo de edición.

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Este año, la editorial extranjera invitada es la mítica Mansalva, de Argentina, que llega con títulos de grandes autores latinoamericanos poco conocidos en nuestro país, como el argentino Alberto Laiseca o el chileno Juan Emar, además de otros nombres más familiares como Fogwill o César Aira. Además de los libros de Mansalva, entre los estantes de la feria encontré, por ejemplo, El entenado del gran Juan José Saer, editado por la joven Elefanta. O la monumental biografía de Moctezuma, publicada por Ediciones Era, del francés Michel Graulich. Está Monos mensajeros del viento, un volumen infantil con textos de Ana Paula Ojeda e ilustraciones de Juan Palomino, ganador del IV Catálogo Iberoamericano de Ilustración, o una imponente edición bilingüe de la Obra reunida de Seamus Heaney, publicada por Trilce.

 

Uno de los grandes problemas del mundo del libro en nuestro país es el bajísimo índice de librerías por habitante que tenemos. Según el informe Omniprom, en México hay, aproximadamente, una librería cada 110 mil habitantes. En contraste con otros países lationamericanos como Colombia (1 por cada 77 mil), Chile (1 por cada 64 mil), España (1 cada 14 mil) o Argentina (1 cada 12 mil), nuestro promedio está más cerca de aquel de países con gravísimos problemas de pobreza como Haití. Esta exangüe cadena de librerías hace casi imposible para la inmensa mayoría de las editoriales independientes participar del circuito comercial lo cual ocurre en detrimento de los lectores.

 

El fenómeno francés —país en donde la venta de libros ocurre casi siempre en sentido contracíclico a las crisis económicas— muestra el poder transformador del libro. Cuando las cosas van mal, los franceses acuden a los libros para reorientar su pensamiento. La posibilidad de imaginar una forma distinta de mirar y participar de la realidad, pasa por los libros. Es difícil imaginar un presente que necesite de manera más urgente una reconfiguración que el de nuestro país. Acudir a la feria se vuelve, de cierta forma, un gesto de alteridad, una voluntad encontrar en los libros, las artes, la palabra, un posible vehículo para relacionarnos de una forma distinta. Visitar la feria de independientes del FCE se ha convertido en una visita obligada para lectores que buscan la vida fuera de los estridentes y sofocantes márgenes del mainstream.

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Es parte del consejo editorial de Sexto Piso y de "La Ciudad de Frente".