Vendrá la muerte y tendrá tu papada

En el azar algorítmico de mi timeline del Twitter me encontré con una imagen que me obligó a detener la infinita sucesión de aquel pergamino virtual. En esta se reproduce la portada del disco de los Beatles de El Sargento Pimienta sólo que los personajes en el multitudinario collage son gente famosa que murió en algún tramo del 2016. Año que, de hecho, está por perecer. Se alcanza a distinguir en el montaje a David Bowie… ¡y todos los demás! Como tal monstruosidad no fue diseñada para el mercado mexicano: no aparece Juanga. ¿Margarito murió este año, verdad? Tampoco figura entre el coro de almas Fidel Castro, ni los jugadores, dirigentes y reporteros de la tragedia del Chape, que de hecho podrían abarcar una portada del Sargento Pimienta ellos solitos. Supongo, debido a esas dos ausencias, que es un lúgubre resumen del año realizado en octubre. Algún entusiasta diseñador olvidó que los últimos dos meses del año también tienen 30 y tantos días.

Cuando yo era chico me fascinaba esta idea caricaturesca de que el año viejo era un anciano con su banda tipo Miss Universo perfectamente rotulada con el año que acababa. El año nuevo era un nene, también con una cinta que, en mi imaginación pueril, le quedaba grande de enero a marzo y luego otra vez de octubre a diciembre. El viejito le pasaba una estafeta al bebé.

A partir de la popularización del internet noto que estamos muy pendientes de la gente que muere. Como si despojáramos de humor al chiste de “se está muriendo gente que antes no se moría”. Delito de cuervos: abrimos nuestras redes sociales y apenas vemos que alguien dotado de cierta fama es Trendic Topic lo damos por fenecido. Este fenómeno se lo atribuyo al natural misterio y fascinación que nos provoca la muerte aunado a un morbo mexicano más bien chicharronero en el que impera la guasa. Una cosa es que a los mexicanos “nos de risa la muerte” y otra muy distinta que nos pitorreemos de que Chabelo aún vive.

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Prendo la televisión. Hay un programa gringo en canal 5 que recrea muertes chuscas basadas en hechos reales. Azteca Deportes dice que hay que sudar la camiseta de nuestra selección hasta la muerte. Lucerito dice que no quiere que hagan una serie sobre su vida sino hasta que muera. ¿Cuántas veces no aprovechamos el minuto de silencio antes de que empiece el fut para ir a mear? En la publicidad de la telenovela La Candidata la protagonista dice, rabiosa, que diario mueren siete mujeres en el país. Información que Televisa jamás ha dado a conocer con tal arrebato, no sé, por ejemplo, en sus noticieros. Dice por ahí un estúpido meme que al 2016 lo estaba filmando Tarantino. Yo creo que el escenario es aún peor. El año que aún nos congrega estaba bajo la supervisión del segundo asistente de cámaras de La Familia Peluche o de Sabadazo.

Pienso en la imagen modificada del Sargento Pimienta. Ellos, los que ya no están, todos con su cinta que dice 2016 les pasan la estafeta a los muertos por venir, que a su vez con su cinta de 2017 le pasarán la estafeta a los del año siguiente y así hasta el final de los tiempos. En esto no hay sabiduría alguna, sólo me doy cuenta de que la metáfora del bebé es desafortunadísima. Un error garrafal. Los años pasan entre las manos de los muertos que relevan a más muertos. Y aunque la otra vida consista en pertenecer a una portada de los Beatles y eso, de hecho, no suena tan mal, no voy a terminar este texto con algo positivo como que vivamos plenamente cada día o mamarrachadas afines.

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Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".