Más vale reír que llorar

Es mucho más fácil que una película, libro u obra de teatro me haga llorar que reír. Por razones que solo los psicólogos sabrán, las lágrimas empiezan a resbalar por mis mejillas sin dificultad sobre todo si en la historia ocurre alguna tragedia que involucre niños. Pero ¿risas?, muy de vez en cuando y más bien si el humor es irónico tirándole a negro. Sin embargo, el sábado pasado me carcajeé de lo lindo con La obra que sale mal.

Esta puesta en escena dirigida por Mark Bell tiene un humor como de pastelazo. Los absurdos empiezan antes de que se levante el telón del Centro Cultural Teatro II, sin que te des muy bien cuenta, y a mí más que reír me hicieron pensar que la obra sería una completa bobada. Estaba camino al arrepentimiento de haber comprado mi entrada cuando de repente “jajajajajaja”, salió franca la primera carcajada de las muchas que me eché en poco más de dos horas.

La trama de esta pieza escrita por Henry Lewis, Jonathan Sayer y Henry Shields va de una compañía universitaria que por primera vez se presenta en un teatro de verdad con El asesinato en la mansión Haversham, donde les pasa de todo. Se trata de la multiplicación al infinito de los percances que ocurren en cada obra, pastorela y show escolar.

El reparto lo hace súper bien: Daniel Hadad, Luis Rodríguez “Guana”, Ari Albarrán, Artús Chávez… pero sin duda el mejor personaje es el escenario mismo; a sus “fallas”, ejecutadas con absoluta precisión gracias al talento de Nigel Hook, se debe gran parte del encanto de este montaje. De hecho, La obra que sale mal ha sido reconocida como Comedia del año en los premios Olivier 2015, Mejor escenografía en los Tony Awards 2017 y Mejor obra en los Broadway Audience Choice Award también en 2017.

Así que si es cierto lo que dice la ciencia, disfrutar este trabajo escénico fue una buena inversión en mi salud, pues una carcajada activa los casi 400 músculos del rostro, elimina pensamientos negativos, fortalece el sistema inmunológico y el corazón, mejora la apariencia de la piel, previene contracturas y relaja (aunque el efecto dure solo 24 horas).

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