Las vacaciones de Peña Nieto

El presidente Peña, dice El Universal, por primera vez en su sexenio tomará siete días de vacaciones. Bien por él. En cualquier país del mundo no debería sorprender a nadie que el presidente se desconecte unos días. Lo notable es el periodo en el que decidió viajar, justo cuando su gobierno atraviesa uno de los peores momentos de todo su sexenio.

En las últimas dos semanas, por ejemplo, hubo un notable regreso de la violencia a los primeros planos. Los recuentos de muertos regresaron como en el sexenio de Felipe Calderón y los muertos, en no pocos fines de semana, se contabilizan por decenas, además de casos aislados que reciben mucha atención en los medios.

El enojo con la IP (iniciativa privada) escala y escala cada semana, y ya ha llegado el punto en el que los empresarios amenazan con no pagar impuestos —a través de declaraciones 0 —ante la inacción del gobierno, que ha decidido no hacer frente a las acciones de protesta de la CNTE.

Y vaya que el panorama económico pinta mal. En estas semanas, la constante son las notas sobre aumentos en la electricidad, en la gasolina y los ajustes a la baja en las perspectivas de crecimiento económico. Es decir, que hoy no sólo hay un montón de problemas acumulados —que ya de por sí sería serio—, sino que se está consolidando la idea de un último tercio de sexenio con la casa toda tirada y sin que exista nadie a cargo.

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La narrativa del sexenio de las reformas hace mucho que dejó de funcionar (aunque Enrique Ochoa intente revivirla como presidente del PRI) y es evidente que no hay una nueva propuesta del gobierno para explicar lo que hoy pasa en México.

La apuesta por no ver y no escuchar los problemas ha sido suicida y la ausencia de una narrativa oficial ha dejado un espacio vacío que ha permitido la construcción de la imagen de un gobierno que no se quita el estigma de la corrupción y que es  incapaz de entregar resultados en ningún rubro: seguridad, gobernabilidad ni desarrollo económico.

Así que no está mal que el Presidente se tome una semana, si es que aprovecha su descanso para pensar cómo quiere terminar lo que resta de su administración. Porque como pintan las cosas la bola de nieve de conflictos coincidirá con la natural pérdida de poder que caracteriza cada sexenio y esa es una combinación muy peligrosa. Ojalá el Presidente lo piense en estos días, en el mejor de los casos, por el país; y en el peor, que al menos se de cuenta que al paso que va cada día se ve más lejos la posibilidad de que Enrique Peña Nieto pueda entregar la banda presidencial a otro militante del PRI.