Un país de zombis

¿En qué momento perdimos la capacidad de reaccionar ante lo que pasa en nuestro alrededor? La pregunta es inevitable al ver la cantidad de tragedias que nos rodean y la pobre respuesta social a las mismas.

Sin ir más lejos, en la última semana vimos cómo en Veracruz secuestraron y ejecutaron a cuatro universitarios, tan sólo unos días antes de asesinar a otras seis personas que dejaron abandonadas dentro de una camioneta.

En la Ciudad de México hemos visto —literalmente pues de todo hay imágenes— cómo la violencia en las calles se ha incrementado, como mostró el homicidio a sangre fría de un joven que despachaba en una gasolinera.

Y por si fuera poco en estos días hemos tenido más noticias de los 119 cuerpos inhumados en una fosa por el gobierno de Graco Ramírez en Morelos, en donde ni siquiera abrieron carpetas para investigar al menos 44 muertes violentas; y ahí está el brutal informe del Colmex, realizado entre otros por Jacobo Dayan, que muestra la crueldad de los crímenes masivos hace unos años en San Fernando, Tamaulipas y en Allende, Coahuila, sin que hubiera mayores consecuencias por las autoridades municipales, estatales y federales de aquellos años.

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Pero así como es impactante el desfile de crímenes, es brutal la incapacidad de la sociedad para exigir consecuencias. El tema es de tal proporción que no basta ya la solución de cada caso (si es que eso fuera posible) sino que es necesaria una sacudida, una limpia política que genere costos para los encargados del gobierno.

Porque lo que hoy es evidente es que en este clima acelerado de descomposición, la única que está sufriendo es la ciudadanía mientras la clase política en su conjunto sigue protegida por sus autos blindados y sus escoltas.

¿Qué tiene que pasar para que la sociedad mexicana reaccione y exija la salida de los responsable de la seguridad y una respuesta seria por parte del Estado?

Visto el tamaño del problema y la parálisis de la mayor parte de la sociedad —por lo general indiferente mientras no le toque la tragedia de cerca— parece que la sociedad zombi se ha instalado entre nosotros. ¿Será posible que un día la ciudadanía reaccione y convierta su problema en un problema de sus gobernantes? Usualmente pensaría que sí, tristemente viendo la incapacidad de reacción de los últimos días, no encuentro ahora mismo un lugar para el optimismo.