López Obrador copia a Peña Nieto

Hace algunos años los asesores de campaña del entonces gobernador Enrique Peña Nieto apostaron por un camino para obtener la victoria electoral: el juego del oráculo. Expresión empleada por el académico Javier del Rey Morató para referirse a una estrategia que consiste en vender como inevitable algo que todavía no ha ocurrido, con la intención de provocar que así suceda.

¿Traducción? Que durante años, encuestadores y algunos medios insistieron una y otra vez en que Enrique Peña Nieto sería sin duda alguna el próximo Presidente de México. El sentido era claro: obligar al resto de los actores a actuar en consecuencia. Pensemos, por ejemplo, en aquellos empresarios que ante la duda de a qué aspirante financiar, optaron por el candidato del PRI bajo la premisa de que no debían apoyar a quien seguro perdería. El esquema funcionó y gobernadores, operadores y medios se fueron sumando hasta ayudar a convertir en realidad lo que al principio era un bluff.

Ahora, algunos años después, Andrés Manuel López Obrador parece estar montado en la misma estrategia. Bajo la premisa de ser el claro favorito para triunfar en 2018, AMLO parece empeñado en contar una historia similar. Así, por ejemplo, se entienden los fichajes recientes de Esteban Moctezuma o Miguel Torruco, ambos actores cercanos por razones diversas a hombres de poder como Ricardo Salinas o Carlos Slim.

También en ese mismo sentido es que López Obrador ha modificado algunas piezas de su discurso para verse más como gobernante que como candidato. En ese tono, por ejemplo, aparecieron sus palabras asegurando que no metería a la cárcel a Enrique Peña Nieto, a quien incluso ha pedido apoyar en el reciente conflicto con Donald Trump. Porque todo parece indicar que AMLO ya se ve como Presidente o al menos eso quiere transmitir y de ahí la necesidad de mandar señales de convivencia pacífica con algunos personajes que en otro momento ha descalificado.

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¿Le servirá esta apuesta al presidente de Morena y único candidato seguro en la boleta del 2018? Puede ser. Si como ocurriera con Peña Nieto, la idea de su inevitable triunfo pega, veremos un reacomodo de actores en múltiples formas: migración de políticos a su partido, coberturas más favorables desde medios que hasta poco lo ignoraban, y señales de avales de jugadores que antes lo veían con temor.

Sin embargo, esta apuesta tiene también un riesgo mayor. Si Andrés Manuel se mueve demasiado hacia las posiciones conciliadoras, si insiste en que no castigará a Peña (como si además fuera una decisión personal y no un tema institucional), y sobre todo si desdibuja su rol antisistema al abrazar a los que hasta muy poco tachaba como miembros de “la mafia en el poder”, entonces estará dejando la cancha electoral abierta para la llegada de actores más críticos, más duros, que pudieran abrazar y encabezar la bandera de castigo al sistema.

AMLO parece creer que con su base electoral asegurada es tiempo de moderarse para ir por otros sectores. Tal vez le funcione pero si diluye su personaje y es percibido como uno más del mundo que dice combatir, puede ser rebasado y quedarse con las ganas de celebrar por andar cantando victoria antes de tiempo.

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Politólogo, periodista y profesor. Conductor de la Agenda pública en Foro TV.