Cambios en la lucha por la presidencia

Faltan 16 meses para la elección presidencial y el tablero electoral registra movimientos interesantes. En primer lugar, Andrés Manuel López Obrador ha emprendido la fuga hacia adelante y ya se vende como el ganador. En las últimas semanas ha moderado su discurso, hecho alianzas con personajes que antes habría cuestionado, y es evidente que está dispuesto a sumar a todo aquel que le ayude a vender la idea de que su triunfo no representa un peligro para nadie.

Como explicó hace poco una de sus colaboradoras, en Morena creen que quienes ya votaron por él en las pasadas elecciones volverán a hacerlo ahora, y que el reto es sumar a quienes hasta este momento lo han visto con temor.

En contraste, en el PAN parecen creer que tienen una oportunidad y que es el momento de que Margarita Zavala y Felipe Calderón pisen el acelerador. Como es evidente el expresidente ha decidido jugar un papel protagónico en esta campaña y el activismo de la pareja es notable, como si pensaran que al despegarse de Ricardo Anaya será más fácil hacerse de la candidatura presidencial. La fórmula podría funcionar, aunque falta ver la respuesta de Ricardo Anaya —por ahora desdibujado— quien más de una vez ha sido subestimado por sus adversarios en lo que ha sido un error.

Si el PAN obtiene buenos resultados en Edomex, Coahuila o Nayarit, el panismo estará en una buena posición, quizá con el mayor número de gubernaturas en su historia y con posiciones clave como Veracruz o Puebla.

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En este escenario, es evidente, también el desgaste del PRI tanto que hoy no se ve cómo pueda mantener su posición en el tablero. El repunte de la violencia y el freno en la economía son de tal dimensión que se ha vuelto tan natural cantar la victoria de AMLO como la inevitable derrota del PRI. Y es comprensible por qué: con un gobierno que ronda tan bajos niveles de aprobación y sin una estrategia clara para salir del hoyo, es poco probable que el PRI pueda lanzar un candidato fuerte, incluso con todo el aparato a su favor.

Situación delicada aunque todavía menos grave que la que vive el PRD, que sin un aspirante fuerte en la mesa parece condenado a partirse en tres: el bloque que muere por irse a Morena, lo que resta de quienes quieren hacer alianzas con el PAN, y lo que podría ser el grupo que apueste por lo que algunos llaman la cuarta opción. Sin duda en este esquema otro de los grandes perdedores es Miguel Ángel Mancera, que con 24 por ciento de aprobación y con cada vez menos apoyos visibles se va desfondando a pasos acelerados.

Lo que da pie al último factor: los jugadores emergentes como Emilio Álvarez Icaza y AHORA, Movimiento Ciudadano y sus guiños con los independientes; y hasta actores como Cuauhtémoc Cárdenas que se mueren por saltar a la cancha. En un sistema de partidos robusto estos últimos jugadores quizá tendrían poco que aportar pero dado el desprestigio del PRI, el deterioro del PRD, y el desgaste que tienen personajes como AMLO o Margarita Zavala, hay condiciones para que se vuelvan relevantes.

Como es evidente la lucha por la sucesión ha entrado a una nueva etapa y me atrevería a apostar que lo que hoy vemos no se parecerá al escenario que tendremos en 16 meses. Ya el tiempo dirá.

Adiós. Hoy concluyo un ciclo en mi querido Máspormás. Para Gustavo Guzmán, como siempre mi agradecimiento y aprecio; para Lisa Fournier, Ilse Castrejón y todo el equipo editorial, el mayor de los éxitos; y a los queridos lectores, un hasta pronto.