Comunistas comeniños

Será que cuento los días que le quedan al sexenio como el preso que con un lápiz marca en su celda cuatro rayitas y hace la quinta en diagonal, satisfecho: ya falta menos. Duro y dale, día tras día el condenado se instala tras las rejas en esa eternidad asfixiante con el consuelo del “todo pasa, hasta el tiempo”, sin querer ver que a su cómputo patético de cinco en cinco le faltan 20 años de encierro.

Por el tamaño de la barbarie, el tormento Peña vuelve más lento el paso del tiempo y sus cerca de 900 días por venir se sienten como una interminable pena. Cada uno de esos días, con cada cadáver que emerge de una fosa clandestina, cada atraco al erario como el de Luis Molleda que se volvió jeque a costa nuestro (ver Newsweek en Español de esta semana), cada bebé unido a la lista de pobres, cada desaparecido, cada mujer asesinada, el tiempo nos arroja a la cara: “¡900 días!, calcula las tragedias que faltan”.

Venga el alivio: no restan 20 años sino dos y medio. El 30 de noviembre de 2018 miles que hoy viven estarán muertos (la violencia cabalga bravía). Otros sí vivirán, pese a Peña, quien cederá su banda presidencial no como una esplendorosa tela de tres colores sino como un sudario.

Porque a la lejanía ese día ya se percibe, quería entender qué era el tan simpático “gorgojo” de Andrés Manuel. Acudí al Dr. Lee Townsend, entomólogo de la Universidad de Kentucky. Son “plagas de productos guardados en la despensa (…) escarabajos de color marrón o negro”, me explicó en su web. Thanks, Dr. Townsend.

Interesante: aunque AMLO debería probar que Peña reparte plagas en los frijoles (sería una noticia escabrosa), la palabra en sí misma obliga al Peje a pronunciar la “j” tabasqueña, esa jota hiperventilada, tibia exhalación del Trópico con que los comediantes de la tele al imitarlo lo promueven. O sea, pronunciar “gorgojo” podía resultarle efectivo electoralmente. Qué chistoso y qué profundo. ¿Y qué más?

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE ANÍBAL SANTIAGO: EL ODIO ES LO DE MENOS

Consulté ahora al Dr. YouTube para conocer al nuevo Andrés Manuel. Ahí estaba, de pie en un cálido estudio delante de una biblioteca llena. Puse play y me miró a los ojos con media sonrisa: “Que no te vuelvan a engañar, los dos pertenecen a la misma mafia. La única diferencia es que unos son rateros y los otros son ladrones. Pero sí hay de otra, Morena es honestidad. Tenemos tres principios que nos guían: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.

Y entonces emprendí un viaje en el tiempo. Primera escala, 2006. ¿Qué decía AMLO? Ellos son corruptos; nosotros somos honestos. Segunda escala, 2012. ¿Qué decía? Ellos son corruptos; nosotros somos honestos”. Se acerca 2018. ¿Qué dice? Ellos son corruptos; nosotros somos honestos.

Dos veces la consigna no funcionó. ¿Por qué funcionaría una tercera?

Me siento traicionado. En 16 años, desde que él asumió la jefatura de gobierno del DF, la izquierda ha sido incapaz de hallar un nuevo líder y, peor aún, tampoco reinventa un discurso de fracaso probado. Una de dos: o subestiman el coeficiente del pueblo al que tanto dicen amar (nos someten a la misma idea como al niño indefenso al que le embuten el asqueroso Gerber de pavo con pasta), o el propio coeficiente de la izquierda sólo da para “Ellos son corruptos; nosotros somos honestos”, y se confían en que eso bastará para seguir arriba en las encuestas (qué torpeza).

Un rato después de ver ese spot de Morena tuve ante mí el noticiario Hechos AM del miércoles pasado. El economista Arturo Damm, a raíz del hashtag #ImpuestoalaHerenciaYA, declaró ahí lo siguiente: “Es una clara idea de los marxistas, una clara idea de la izquierda, de los socialistas, que tienen un común denominador: la creencia de que tienen el derecho de hacer con la propiedad de los demás lo que les dé la gana”.

Es decir, los pobres le quitarán el dinero a los ricos, o como un tal Gabriel le respondió en Facebook al señor Damm: “Un fantasma recorre Interlomas… Los comunistas se van a comer a los niños ricos”.

El “López Obrador es un peligro para México” está vivo y avanza. Otra vez. La misión: que el país no piense.

Convengamos: Andrés Manuel es malo, pero hay peores. Y estos últimos son gorgojo.

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En sus inicios fue reportero en "Reforma" y otros diarios, después escribió en revistas: "Chilango", "Esquire" y "Newsweek en español", donde hoy hace periodismo narrativo. Ha sido profesor universitario y conductor de televisión. Premio Nacional de Periodismo 2007.