El acierto más grande de Peña Nieto

Primero de septiembre, del primer año de este gobierno fue una fecha para recordar; primer día, primeros flashazos, risas y confidencias; también fue el primer día de los primeros conflictos de este sexenio, macanazos, detenidos e infamias; dentro del recinto legislativo, primero tomémonos una selfie con todo y copete, primero familiares, amigos, socios, constructores, directores de tesis y padrinos; primero el preciso, el presidente, así en minúsculas porque, primero que nada, fue el último en notar el desastre.

Mientras escribo estas líneas, el informe avanza, los niños bostezan en la parte de atrás y ayudan a sintetizar lo que va del sexenio. También ayudan las tanquetas, los acarreos, la falta de avances, de autocrítica o de resultados. Ninguna novedad, la popularidad por los suelos y el hambre en más barrigas. Las grandes obras son para los amigos, la inseguridad para el que no se puede costear sus camionetas blindadas, su departamento en Miami o en las Lomas, para quien osa vivir como una persona de a pie.

El informe es enmarcado por la visita de Trump. El hecho no es una anécdota ni una triste coincidencia, sino una imagen nítida de cómo se entiende el gobernar por parte de esta administración. En lugar de priorizar el combate a la corrupción, échale brillantina a las publicaciones de prensa, convence que el presidente regaña al bufón de los republicanos, construye una fantasía que no existió a fuerza de titulares y ediciones vespertinas de los noticieros.

Me los imagino, repitiendo sus mantras en Los Pinos: “Acabar con la pobreza puede esperar, la marginación nos traerá nuevos votos, más hogares, más distritos, menos oposición, más para el partido, menos para una sociedad crítica. Acabar con las tranzas dentro del gobierno federal puede esperar, pues nos traerá el presupuesto para las campañas, el yate para la familia, los latifundios, los bancos. Acabar con la impunidad puede esperar, pues nos traerá tranquilidad a los gobernantes del partido, ayudará a repartir las culpas de la opacidad, nos permitirá acallar voces críticas y permitirá que continuemos con el estado de las cosas actual.”

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE PEDRO KUMAMOTO: ÉCHELE JURISPRUDENCIA, MI LIC. 

Sin embargo, a la par de la infamia, también ha brotado un país de personas que, citando a Galeano, desde los pequeños lugares, con pequeñas acciones, han demostrado que puede construirse otro México. Sin la gomina, sin la nómina del gobierno federal, sin las producciones televisivas, hay una sociedad crítica que cada vez se comunica más, construye y teje en conjunto y no acepta la lógica de tener comprada la derrota.

Esta sociedad no es uniforme, no vive en una sola realidad ni tampoco necesariamente comparte una ideología, ahí radica la potencia de la misma. Podríamos llamarla “la oposición” o simplemente podría comprenderla como la unión de muchas propuestas de país. Si algo ha hecho Peña Nieto bien es reunirnos, darnos cuenta que podemos estar de acuerdo en más cosas de las que creíamos. Este momento puede ser fundamental para la construcción de un nuevo país: uno que antes que colores o boletas ponga por delante un proyecto de nación.

Ya hemos visto, el actuar de esta nueva mayoría en temas como el impulso a la libertad de expresión o la agenda anticorrupción. Creo que por eso vale la pena detenerse un momento, entre tantos motivos para estar indignados, para voltear y ver que esta desolación nos ha unido. Dependerá de nuestra habilidad para sacar adelante más agendas, ganar más derechos y cerrarle el paso a los gobiernos de pocos.

Esta oposición ya es mayoría. De nosotros dependerá que esos pequeños lugares sean copados de dicha, anhelos de justicia y futuro.