Trump en México: crónica de una humillación no anunciada

 

Los fascistas siempre han utilizado el odio y la aversión para ganar adeptos. Que yo sepa, antes de Trump, nadie había insultado a México de esa manera ni se había servido de nuestra identidad para rentabilizar políticamente el rechazo de algunos estadounidenses. DT no arremete contra los latinos en general sino contra los mexicanos, ¿cómo no sentirnos aludidos? Una de mis peores pesadillas en los últimos meses era que ese tipo quedara electo, que viniera a México a pronunciar, en nuestro territorio, sus palabras ofensivas y que nadie abriera la boca para contestarle. Ayer por la tarde mi temor, y el de muchos mexicanos, se convirtió en realidad, sin que hubiera un motivo verdadero para ello, además de una ocurrencia descabellada de nuestro presidente.

La estrategia que han seguido los políticos del mundo entero, desde Hillary Clinton hasta Angela Merkel, pasando por François Hollande respecto a la amenaza de DT, ha sido tomarlo como lo que es: un payaso, un barbaján, un muñeco de ventrílocuo a escala humana, y exponerlo. Si Trump iba a venir a nuestro país antes de las elecciones, el lugar adecuado para recibirlo era la Arena México, para que Blue Demon le acomodara una madriza, un teatro de cabaret, o cualquier lugar propicio para un show de repertorio. Cualquier lugar menos Los Pinos. ¿Qué buscaba EPN invitándolo y recibiéndolo ahí como a un igual? Estoy de acuerdo en que para México era importante establecer un diálogo con Estados Unidos, y contemplar los diferentes escenarios de su futuro político, pero la diplomacia posee una infinidad de recursos mucho más discretos para hacerlo que el que eligió Peña Nieto. Para eso están los embajadores, la canciller y otros posibles emisarios. Se podía, sin ir más lejos, “tender puentes” con sus asesores o con su equipo sin que fuera necesario hablar con él directamente.

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Todo estuvo mal hecho: la invitación intempestiva no consultada con la cancillería ni con los expertos, el anuncio de la visita en twitter de buenas a primeras, el momento elegido: el día antes del informe presidencial y, sobre todo, la falta de un discurso articulado del presidente, un discurso de dignidad con el cual los mexicanos nos hubiéramos sentido reivindicados frente a tanta ofensa. Por ejemplo, que los mexicanos no somos violadores ni rateros, y que nos sentimos orgullosos de nuestra nacionalidad. Eso sí que habría sido un buen golpe mediático, sin consecuencias graves, ni siquiera en el ominoso caso de que ese individuo fuera electo.

¿Cuál era el objetivo de esa abrupta invitación? Seguimos sin entenderlo, y no podemos sino especular al respecto. Quizás, en vísperas del informe de gobierno, EPN buscaba un golpe de efecto invitando a los candidatos a la presidencia de EUA. Dicen que nunca imaginó que Trump le tomaría la palabra.

Ayer EPN estuvo sólo durante una hora frente al arco enemigo y en vez de anotar, se dio la media vuelta y asestó un autogol de campo. Fue un error histórico. Al recibir a Trump en Los Pinos con la bandera de México en el fondo, Peña Nieto lo legitimó como interlocutor, le regaló una foto, le dio un empujón a su campaña, y confirmó lo que ya todos sospechábamos: su servilismo y su falta de compromiso con el pueblo de México. Somos muchos los mexicanos que no nos identificamos ni con el gobierno ni con la imagen del actual presidente, sin embargo ayer EPN consiguió que todos, sin importar las creencias, las clases o las ideologías, nos sintiéramos humillados con su despropósito y avergonzados por su falta de dignidad.