Ciencia y poesía en lo cotidiano

    Pepe Gordon ciencia y poesía

    Con sus libros de divulgación científica, Pepe Gordon busca estimular la imaginación
    de sus lectores para pensar diferente

    FOTO: LULÚ URDAPILLETA

    “Cierra los ojos”, dice José Gordon. Más que una orden, es una invitación. “Te voy a decir un verso de Octavio Paz”. Debe ser uno de sus ejercicios favoritos. En 2011 pidió lo mismo al auditorio de la conferencia que impartió sobre creatividad y educación para TedTalks. Y en su último libro, El inconcebible universo, invita al lector a posar la vista en ese mismo poema de Paz, aunque sin cerrar los ojos, por supuesto.

    Uno lo obedece: baja los párpados como si cerrara las persianas de la casa. Entonces, José Gordon deja de ser percibido como materia sólida para reducirse a vibración sonora. Y dice: “Cierra los ojos y piérdete bajo el follaje rojo de tus párpados”. Gordon hace una pausa antes de pedir que los ojos se abran de nuevo y se encuentren con su mirada clara e imperturbable. “¿Viste el follaje rojo?”, pregunta, con una sonrisa apenas dibujada bajo el bigote cano. Sí. Por supuesto que se ve el follaje. Bastan unas pocas palabras y un bosque entero aparece en la casa de las persianas cerradas. Pepe Gordon asiente: “Al nombrar, se abren zonas de la experiencia que no conocíamos. ¡Es el hallazgo que nos da la poesía!”.

    Muy joven encontró en este género una llave para expandir la percepción de la realidad. Con el tiempo, José Gordon se dedicó al periodismo y la divulgación científica: es el creador de las cápsulas televisivas sobre ciencia y literatura Imaginantes y conduce el programa La oveja eléctrica del Canal 22, además de colaborar en diversos medios. Aunque acota que el rigor de la ciencia y la poesía son distintos, en ambos encuentra un punto de unión: la posibilidad de profundizar y encontrar nuevos hallazgos en la realidad.

    “Para mí fue claro que la poesía abría mundos paradójicos en los que, en vez de delimitar el pensamiento, lo abrías a nuevos conceptos y a la ambigüedad”, dice. “De repente descubro que la ciencia también sigue ese camino: la paradoja. Que algo sea al mismo tiempo una cosa y otra. Que la realidad está hecha de partículas que, al mismo tiempo, pueden ser ondas”.

    En su labor de difusión de aquellas realidades a las que no se tiene acceso, a menos de que se abran nuevas formas de pensamiento, José Gordon ha entrevistado lo mismo a físicos, neurocientíficos y a literatos. Ha echado mano de obras narrativas, poéticas, de estudios desarrollados por universidades y organizaciones de investigación. Con ese cúmulo de datos de distintas disciplinas, ha dado forma a la obra El inconcebible universo, sueños de unidad, que edita Sexto Piso.

    “Este libro surge de cuestionarse cómo es que nos acercamos a nuevas ideas y a conceptos que no son familiares o que, incluso, son inconcebibles para nosotros, porque van más allá de lo que dice la lógica. Se trata de acercarnos a eso que no está en nuestro pensamiento colectivo”.

    En síntesis, se trata de entender cómo podemos pensar diferente. “Salirnos de la caja”, dice Gordon con su rostro de Buda sereno. “La ciencia y la literatura nos ayudan a pensar distinto. Cuando nos involucramos con ellas, es más fácil empezar a crear nuevos pensamientos y conceptos”.

    No es así de sencillo. Gordon sabe que en ocasiones nos aferramos a ideas e interpretaciones del mundo que son difíciles de cambiar, porque hemos crecido con ellas y son familiares. “Vivimos encarcelados en ciertos conceptos y cuando nos enfrentamos a algo nuevo, volvemos al mismo marco que ya conocemos y desde el cual interpretamos la realidad. Una manera de salir de esto es tratar de concentrarse en las capas más finas de nuestro pensamiento y nuestro deseo: ¿qué es lo que piensas que deseas?, ¿qué es lo que realmente piensas?, ¿qué es lo que realmente deseas? Identificar esa sutileza abre nuevas ventanas”.

    José abrió la primera de esas ventanas a los 18 años, con los poemas de Octavio Paz. “Me recuerdo emocionado leyendo sus libros cuando caía la noche en la Ciudad de México. Para mí fue una manera de entender de otra manera las cosas tangibles. Esto, a pesar de que comúnmente se cree que la poesía no está vinculada a nuestra experiencia cotidiana y que es solo fantasía. No es así: la imaginación también tiene realidad”.

    Es decir, la poesía no solo se experimenta en la lectura. Gordon recuerda que uno de los preceptos del surrealismo era que la poesía debía encarnarse en lo cotidiano.

    “A veces creo que encontramos los mejores momentos en la amistad, la conversación o en la curiosidad. Decía Elias Canetti que, solo por los colores, ya valía la pena vivir eternamente. La poesía del color, de los fenómenos físicos, de la naturaleza está ahí; pero no la vemos porque andamos distraídos y fragmentados”.

    Esta aparente fragmentación de la existencia es algo que cuestiona la ciencia. En El inconcebible universo, Gordon relata los esfuerzos que se han hecho desde diversos campos para encontrar la unión de todos los fenómenos físicos, sin que hasta la fecha se hayan llegado a conclusiones.

    “Lo que parece un sueño, podría ser la realidad: que más allá de las apariencias, hay fuerzas sutiles que nos unen: tú, yo, la ciudad, el universo”.

    Gordon cree que, un día, podrá demostrarse la unidad. Será posible, como es posible contemplar el follaje rojo con los ojos cerrados.

    En cifras: 

    • 6 libros conforman la obra ensayística de José Gordon, entre ellos, Tocar lo invisible.
    • 2014 fue el año en que recibió el Premio Nacional de Periodismo por Divulgación Científica y Cultural.
    • 11 años lleva al aire el programa de divulgación científica,  La oveja eléctrica, en Canal 22.