¿Todavía creemos en los Oscar?

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Foto: especial

Esta entrega de premios Oscar sigue siendo para muchos la más importante —aunque el rigor de la Academia para seleccionar las obras nominadas sea cada vez más cuestionado—. Los Oscar no han dejado de ser el evento más influyente en el mundo del cine; tan es así que su escenario no solo ha servido para escuchar discursos de agradecimiento por parte de los ganadores, sino que ha sido escaparate para hacerse escuchar: recordemos a Halle Berry, aceptando su premio como Mejor actriz (Monster’s Ball, 2011), haciendo notar que era la primera mujer afroamericana en recibirlo en esta categoría. Recientemente, la ganadora Patricia Arquette (Boyhood, 2014) denunció la desigualdad de género en la industria —con Meryl Streep echándole porras—, y nuestro Gael no dudó en pronunciarse en contra del muro de Trump —aplausos de pie—.

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Confieso que los premios Oscar me perdieron cuando Jennifer Lawrence (Silver Linings Playbook, 2012) le ganó la estatuilla de Mejor actriz a la fabulosa Emmanuelle Riva (Amour, 2012), y la equivocación que dio el triunfo a la mojigata Moonlight (2016), frente a La La Land (2016), me pareció el acabose. Sin embargo, cada año los premios Oscar son tema de plática y, aunque detractora, siempre me resulta emocionante-decepcionante ver quién gana qué; y si bien sabemos que la selección de los ganadores obedece a intereses mayores que los cinematográficos, en estos tiempos turbulentos de Hollywood nuestras sospechas aumentan.

Imagínense qué cuidadosos debieron ser para no elegir una cinta escrita, actuada o dirigida por alguien bajo sospecha de acoso, pederastia o violación; prohibido este año olvidar nominar a una mujer directora (las feministas pueden aguar la fiesta); y algo, lo que sea, con actores, actrices o directores afroamericanos.

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Todo obedece a un contexto y es importante tomarlo en cuenta, pero ¿el arte representado a través de fotogramas ya pasó a segundo término? Los premios Oscar parecieran estar secuestrados ante la obsesión de ser políticamente correctos, sacrificando, incluso, la genialidad de hacer y contar una historia. Ya veremos qué show depara este año, preparen las palomitas.

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