¿Cómo olvidar a ese carrito de los camotes que pasaba por las calles anunciando su llegada con su silbido?

Aún a lo lejos podemos identificar al señor de los camotes por el silbido que proviene del vapor que genera el carrito al cocer esta tradicional golosina. Aunque hay que reconocer que, en ocasiones, ese sonido puede resultar un poco enfadoso, pero bueno, vale la pena una vez que los pruebas.

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Empujando un pequeño y antiguo carrito de metal, don Gregorio Arellano recorre las calles del Centro Histórico convidando un poco de su talento a la hora de preparar el camote y los plátanos machos: “Comencé a venderlos desde hace más de 60 años. Por mi salud ya no puedo salir todos los días, pero, por lo menos, lo hago cuatro veces por semana”, comenta muy serio.

A pesar de ser oriundo de Puebla, un lugar donde la especialidad es el dulce de camote, don Gregorio comenta que fue en la Ciudad de México donde aprendió toda la técnica. También fue en la CDMX donde desarrolló el hábito de levantarse todos los días a las 5 de la mañana para ir a la Central de Abastos por su mercancía, regresar a la Merced para comprar el plátano y correr a su casa para lavarlo, prepararlo y salir en punto de las tres a instalarse sobre la calle de Jesús María y República de Uruguay en el Centro Histórico.

La preparación es sencilla. Don Gregorio dice que una vez que todo está muy limpio, coloca una cama de hojas de plátano sobre las parrillas para que no se chamusquen los plátanos ni los camotes, ya que son cocidos a temperaturas muy altas. Se les agrega azúcar y espera un poco para que aflojen. Los clientes lo pueden pedir con miel, azúcar, canela o mermelada, aunque comenta que unos quieren hasta chantilly, pero que él no les echa eso.

A pesar de que la clientela ha bajado, don Gregorio no se agüita y, con tono optimista, dice “poco a poco irá saliendo aunque antes me iba mejor: estaba en el Zócalo, pero los de la vía pública me quitaron y me vine más para atrás (lo dice refiriéndose al lugar donde se encuentra ahora)”.

De pronto, se acercan tres señoras y le preguntan por el precio, él contesta “15 pesos”, a lo que ellas responden pidiendo uno. Haciéndoles la plática, don Gregorio coloca en una charola de unicel una pieza de camote, la cual hace pedacitos, para después bañarla con leche condensada, la entrega y cobra 35 pesos. Le aclara a la clienta que los plátanos son los de a 15 y los camotes de 35, la mujer —sin chistar— paga y se va; seguro sabe que esta tradición no tiene precio.

Por último, don Gregorio cuenta que gracias a su oficio se ha hecho conocer en la ciudad, e incluso comenta que alguna vez el Cruz Azul lo contrató para ir a la Noria con todo y carrito de camotes. Además dice que es tanto su gusto por su trabajo que le inculcó el oficio a sus hijos, quienes también ya defienden esta tradición en las calles.

Dónde: Jesús María y República de Uruguay, col. Centro, Cuauhtémoc

Horario: de 15 a 18 horas

Costo: 15 pesos plátanos y 35 camote

(Foto: Dulce Ahumada)

 

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Periodista en formación, egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo, de la FES Aragón (UNAM). Amante de la buena música, el cine y el café.