Ciudad de Necios I La niña que no importó

Concéntrate en ganar la elección, en retener el poder, el dinero para vivir en absoluta impunidad. Lo demás es lo de menos. Los demás son menos.

Eran las malditas cinco de la tarde. Tal vez antes, tal vez después. En realidad no importa, porque cuando se denuncia un delito en el Estado de México, quien toma la declaración no pone atención en las palabras y los detalles, los transcribe con descuido y desprecio porque se trata de un delito más, de una desaparecida más… de otra mujer. Con seguridad era jueves y estaba lloviendo. Valeria, de 11 añitos, iba en bici junto a su papá, seguramente contenta, orgullosa de estar a su lado. La lluvia arreció. “Vámonos en la combi, hija”, dijo el padre. Andaban por la calle Sor Juana Inés de la Cruz de la colonia Juárez, en Nezahualcóyotl, Estado (infierno) de México.

Y ahí venía la combi maldita. Era de la ruta 40 y 278 decía su número económico, su derrotero Estadio Neza rumbo a Metro Guelatao. El padre subió a Valeria primero y el chofer aceleró. El hombre se asustó, le habían robado a la hija. Sus gritos desesperados corrieron tras la combi, pero se ahogaron en el mar que lloraba el cielo. Valeria empezó su viaje hacia la muerte.

El padre tenía la esperanza de que su hija se bajara en la parada de siempre, cerca de la casa, pero Valeria nunca lo hizo. No pudo hacerlo. Al ver que pasaba el tiempo y no la localizaban, la madre de la niña, Jaqueline Ortiz, y el padre, Sergio Gutiérrez, fueron al Centro de Justicia (es un decir) en Neza-Palacio, donde no les pudieron levantar el acta de extravío. Ya saben, les dijeron lo de siempre: seguro se fue con el novio. “No, no, se llevaron a mi hija”, gritaba la señora desesperada. “Cálmese y vaya a esperarla, tal vez ya llegó y, si no, venga en 48 horas para activar la alerta Amber”, fue la respuesta. La angustia y la desesperación llevaron a los padres al Centro de Atención para Extraviados para solicitar ayuda y encontrar a su hija. “Con mi familia y amigos me puse a buscarla”, me contó, “tú no sabes lo que es ver la noche caer y no encontrar a tu hija. Es un frío que te secuestra el cuerpo, que te paraliza y que te hunde, Nacho”.

Cuando alguien desaparece, las primeras horas son fundamentales para encontrarlo. Pero eso no lo creen las ineptas autoridades. Al fin y al cabo, una mujer desaparecida más en el panteón de las mujeres que se llama Estado de México no hace mucha diferencia. Ni que fuera hija del gobernador, de un empresario, de un senador o de un diputado. Son pobres y esas no valen, ni se notan.

Antes de esas 48 horas, la combi apareció en el número 158 de la calle Zandunga, de la misma colonia. En el asiento del copiloto estaba un cuerpo. Era el de Valeria, semidesnuda, violada y asfixiada.

Ahí están sus pinches 48 horas: ¡bastaron y sobraron para violarla y asesinarla! Porque en este país es fácil secuestrar, violar y asesinar a una niña de 11 años. ¿Saben por qué? Porque cuando lo haces no hay consecuencias. Porque las autoridades lo permiten y hasta parecen cómplices cuando, con su pasividad y omisión, se vuelven el caldo de cultivo de estos infiernitos en cada colonia mexiquense. Porque las niñas y las mujeres no importan, y menos cuando son elecciones. ¡Uy! No hay nada más importante que las elecciones, que el dinero, que cubrirse las colas, que conservar el poder y la bonanza. La impunidad es el modus operandi de los jueces, de los judiciales y de la clase política mexiquense. Esa asquerosa clase política que, mientras peleaba como perros carroñeros un hueso para seguir en el gobierno, para tapar sus delitos, para conservar el poder y el dinero, dejaba que una niña fuera asesinada. Por más que gritó Valeria, nadie la escuchó, nadie la ayudó. ¿Alguien le hará justicia? ¿Cuántas Valerias hacen falta para entender que los canallas que dieron la concesión de la Ruta 40 son cómplices? ¿Cuántas Valerias hay que asesinar para entender que muchos choferes operan en la ilegalidad y tratan a la gente como se les hincha uno y la mitad del otro? ¿Cuántas Valerias necesitan en el gobierno mexiquense para entender que no entienden? Canallas.

Foto: Cuartoscuro