Contracultura pop | Caifanes al cuadrado

La caja de reciente aparición que reúne la obra completa de Caifanes

La reciente aparición en vinilo de la discografía de Caifanes sirve para recordar la importancia de esta banda y lamentar que no han vuelto al estudio de grabación

La industria del disco, contra todo pronóstico, no sólo ha logrado mantenerse todavía con vida, sino que incluso ha vuelto a ser rentable, a pesar de que desde hace algunos años su obituario está listo para ser publicado en cualquier momento.

El balance de las disqueras está en números negros gracias a los contratos 360 (que consisten en hacer alianzas totales con algunos artistas, que incluyen un porcentaje de sus conciertos), a que han hecho buenas negociaciones con las plataformas de streaming (YouTube, Spotify y demás) y a que son particularmente hábiles al momento de reempacar sus viejos éxitos.

En estos tiempos se están haciendo de ganancias gracias a la popularidad que han recuperado los álbumes de vinilo durante la última década.

Aunque tarde, esta maniobra mercadológica ya llegó a nuestro país y es por lo mismo que algunos de los discos más emblemáticos del rock mexicano (como El circo, de Maldita Vecindad y los Hijos Del Quinto Patio) vuelven a aparecer en este formato.

Vamos a detenernos en la caja de reciente aparición que reúne la obra completa de Caifanes. Cuatro discos de larga duración y un sencillo, publicados entre 1988 y 1994. Seis años que fueron tiempo suficiente para cambiar por completo el rostro del rock mexicano. Poco menos de 50 canciones que todavía alcanzan para llenar estadios.

Su primer disco es una maravilla de new wave trasnochado. Tiene canciones fantásticas y muy pocas fallas. Sin embargo, y pese a su éxito, como banda, Caifanes aún no encuentra su voz. Es hasta el siguiente, El diablito, con el guitarrista Alejandro Marcovich a bordo, cuando el grupo empieza a dar señales de verdadera originalidad. Tiene más baches que su debut, pero también tiene momentos de gran trascendencia: canciones como “Antes de que nos olviden”, “La célula que explota” o “Detrás de ti”, que son capaces de dejar callado a quien sea que se haya preguntado alguna vez si el rock mexicano existe o no.

El tercero, El silencio, es su obra maestra. Lo que muestra es a Caifanes en plenitud de poderes. Con un sonido totalmente trabajado, con ideas claras y con canciones extraordinarias. Desafortunadamente, fue la última grabación de la alineación completa. Para el cuarto disco, El nervio del volcán, tanto el tecladista Diego Herrera como el bajista Sabo Romo ya se habían bajado del barco. En esta obra, el protagonismo es de la guitarra de Marcovich. Para los entusiastas del guitarrista, este es el mejor disco de la banda, pero comparado con el diálogo que sostuvieron los cinco músicos en El silencio, esta es una suerte de monólogo no apto para todo mundo.

Después vino la escandalosa separación. Los Jaguares. Los discos en solitario. El súper lucrativo reencuentro que ya va en su sexto año. Pero nunca volvieron al estudio de grabación. 30 años de historia sólo arrojan cuatro discos que, aunque buenos, son poquísimo. Queda esta caja de vinilos como testimonio de lo que alguna vez fue y, dolorosamente, lo que pudo ser.

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Artículo anteriorEdición impresa: 9/03/2017
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Rulo ha trabajado como locutor y programador en estaciones de radio como Radioactivo y Reactor. Ha sido director editorial del periódico Frente. Actualmente conduce el podcast llamado "La edad media" en la plataforma Convoy.