La Cárcel de Belem: un infierno en la Ciudad de México

Lo que se pensaba era un lugar para el refugio de las mujeres solitarias, con el tiempo, se convirtió en un infierno para muchas personas.

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Corría el año de 1683 cuando el sacerdote español Domingo Pérez Barcia, fundó un centro para madres solteras y viudas que habitaban en el antiguo barrio de Belén, el cual estaba situado en lo que hoy conocemos como Arcos de Belén y Niños Héroes.

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Este lugar llegó a albergar a más de trescientas mujeres consideradas en desgracia, según la época virreinal. Posteriormente el inmueble se convirtió en el Colegio de Niñas de San Miguel de la Mochas (llamado también San Miguel de Bethlem.

Colegio de las Vizcaínas 

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A pesar de que este colegio cobijaba a las niñas pobres del barrio, fue clausurado en 1862 por órdenes del entonces presidente Benito Juárez, las chiquillas fueron trasladadas al colegio de las Vizcaínas.

La nueva sede de la cárcel 

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Un año más tarde este lugar fue reabierto para albergar a los presos de la Cárcel de La Acordada, ya que ésta se encontraba en muy malas condiciones.

Alguna de las actividades que se realizaban en la cárcel

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Es así como se le dio paso a la Cárcel Nacional de Belem. Con el cambio de sede las autoridades también buscaban fomentar el trabajo, la música, los valores y la educación, para que así, tras su salida, los reos se pudieran integrar a la sociedad.

Presas 

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Esta prisión albergó tanto a hombres como a mujeres. Para 1886 se convirtió en la Cárcel Municipal, debido a que era sostenida con el dinero del Municipio.

Niños Reos 

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Con el paso del tiempo se construyeron nuevos espacios como el Departamento de los Pericos, para los reos menores de 18 años.

Presos en área de privilegio 
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Este lugar también tuvo áreas privilegiadas, de primera y de segunda clase. Estaban amuebladas y eran higiénicas, pero en ellas sólo ingresaba aquel que tenia para pagarlas. También había otro espacio llamado Providencia, ese lugar era ocupado por policías corruptos. A los indisciplinados se les remitía a los separos.

Los reos en la ventana 

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Con el paso de los años creció el número de internos. Esta cárcel era tan vulnerable que fue común que los presos escaparan, además de que estaba sobrepoblada. Su capacidad máxima era para albergar cerca de 300 personas, sin embargo llegó a tener hasta 2 mil.

Suicidios era parte de lo que se vivía en este lugar

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Los dormitorios carecían de ventilación y de escusados, los presos hacían sus necesidades en donde podían, dejando un horrible hedor. Las condiciones insalubres del lugar trajo como consecuencia desde suicidios, hasta algunos casos de cólera y de tifoidea, además de enfermedades en la piel y venéreas.

La hora de la comida 

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Otro aspecto que caracterizó a esta cárcel fue que sus presos se encontraban en extrema desnutrición. Eran alimentados por la mañana por un atole y un pambazo, para medio día se le daba un caldo muy poco apetecible, sopa de arroz, dos pedazos de pan y un trozo de lo que que parecía carne, los cuales eran servidos en los sombreros de estas personas o en un recipiente que tenían que compartir con varias personas.

En este lugar también cayeron varios de los protagonistas de algunas leyendas urbanas de nuestra ciudad como: 

Tigres de Santa Julia 

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Jesús Negrete, más conocido como el Tigre de Santa Julia, el cual fue apresado mientras se encontraba haciendo sus necesidades.

Chucho el Roto

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También estuvo Jesús Arriaga, mejor conocido como “Chucho el Roto”, Escapó en varias ocasiones de la prisión, sus delitos consistían en robar a los ricos para entregárselo a los pobres.

Por allá de 1913, en la época de la Decena Trágica, la cárcel cayó en la decadencia cuando varios alzados de la Ciudadela ayudaron a escapar a los reos, el lugar permaneció abierto durante veinte años más.

Uno de los muros derribados de la Cárcel 

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El edificio fue remolido y para 1934 se construyó el Centro Escolar Revolución, sus paredes se encuentran adornadas con pinturas de Diego Rivera y vitrales de Fermín Revueltas.

(Fotos: Fototeca)

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Periodista en formación, egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo, de la FES Aragón (UNAM). Amante de la buena música, el cine y el café.