Guadalupe Martínez Bejarano torturo a niñas durante el porfiriato convirtiéndola en una de las primeras asesinas seriales de la CDMX

A finales del siglo XIX la Ciudad de México se escandalizo con el terrible asesinato de tres niñas. La causante de estos crímenes fue Guadalupe Martínez de Bejarano quien fue detenida por la policía acusada de torturar y asesinar Casimira Juárez. De este crimen solo le dieron de tres a cuatro años de cárcel y es que en la época que cometió el asesinato no había una jurisdicción definida ante estos crímenes. Así que a los pocos años salió en libertad.

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De su vida personal se sabe muy poco, sólo que estuvo casada con un hombre apellidado Bejarano, y que con él procreó al menos un hijo: Aurelio Bejarano Martínez y se sabe pertenecían a la sociedad media alta de la época de hecho esto ayudo a que pudiera realizar sus crímenes. Con el pretexto de darles empleo como sirvientas de su casa atraía a jóvenes y niñas de bajos recursos que buscaban empleo.

Ya en su casa las esclavizaba y sometía a tortura con marcados tintes sexuales. Se sabe que entre las torturas las obliga a desnudarse y sentarse en braseros prendidos o que las colgaba en el techo manteniéndolas suspendidas y atadas por las manos esto con la finalidad de flagelarlas con un latigo además de dejarlas sin comer. En 1892 –tras salir de prisión- las hermanas Pineda (Guadalupe y Crescencia) fueron secuestradas, todo indicaba que Guadalupe Martínez Bejarano las había capturado. Se sabe que la búsqueda de las hermanas duro muchos años hasta que fueron encontradas muertas en la residencia de Bejarano.

Quien ayudo a la captura del “La temible Bejarano” fue su hijo quien testifico en su contra y la señaló como la autora de la tortura y muerte de las niñas pero su madre le echo la culpa de la muerte de las niñas diciéndole que sacrificaría su libertad para que él se salvara. La verdad era que ella había sido la única culpable. Fue recluida en la Cárcel de Belén. Allí, sufrió el ataque de las demás prisioneras, que no toleraban el infanticidio. Se aisló hasta su muerte en prisión, viviendo siempre con el temor de ser asesinada.

Tras sus crímenes la prensa la llamo “La Temible Bejarano” o “La Mujer Verdugo” también sirvió de inspiración para el escritor  Antonio Vanegas Arroyo que compuso el “Corrido de La Temible Bejarano” y el  grabador José Guadalupe Posada publicó varias ilustraciones sobre el caso, siendo estas las más reconocidas.

 

(Ilustraciones: José Guadalupe Posada) 

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Chilanga, locutora de radio. Suele caminar por las calles de la ciudad documentando los stickers y murales de StreetArt que colorean la CDMX