Los habitantes del… Mercado de San Ángel

Los habitantes del Mercado de San Ángel han logrado que este sea uno de los sitios consentidos de los chilangos.

El Mercado de San Ángel es uno de los más queridos por los capitalinos gracias a sus productos, historia y, sobretodo, a sus habitantes

El Mercado de Melchor Muzquiz, mejor conocido como el Mercado de San Ángel, es de los más tradicionales de la Ciudad de México. Abrió sus puertas por primera vez el 12 de noviembre de 1958 y desde entonces no ha parado de crecer ni de vender.

A lo largo de su historia ha sufrido algunas remodelaciones, destacando la de su fachada, a la que el pintor Ariosto Otero le dio una manita de gato en 2008. El artista elaboró un enorme mural donde plasmó escenas típicas de un mercado, así como la imagen de personajes reconocidos en la cultura mexicana.

Cada día cientos de locatarios arriban al mercado para ofrecer productos frescos, de temporada y hasta una nueva imagen a aquellos que entusiasmados acuden al recinto. Y es que es gracias a sus habitantes que el Mercado de San Ángel se ha mantenido entre los consentidos de los chilangos.

Toda una vida en el Mercado

Muchos de los locatarios han pasado la mayor parte de su vida entre los pasillos del Mercado de San Ángel vendiendo frutas, verduras, artículos para el hogar y toda clase de objetos de abarrotes. Tal es el caso de Gaytán, un hombre alegre y sociable que ha vivido la mayor parte de sus 55 años no sólo en el mercado sino en el barrio.

Su familia llegó a San Ángel cerca de 1890 y sus padres fueron algunos de los primeros locatarios del mercado. Con el paso de los años, él quedó a cargo del lugar vendiendo refrescos y artículos de abarrotes, lo que para él significa todo un orgullo.

“El mercado es un monumento histórico, es cultura mexicana. Muy independiente de lo que veamos en las calles, este el mejor mercado que puede haber”, explica animado.

En los años que lleva ahí, el sitio se ha transformado muchísimo, pero más allá de eso ha tenido la oportunidad de conocer a todos los vendedores, a quienes ya considera como su familia. “Si algún día me fuera, sería en contra de mi voluntad: como quieras verlo, porque me porté mal o porque Dios me llama a cuentas. El día que yo me vaya no será porque yo quiera hacerlo”.

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Vendiendo desde pequeño

Vestido totalmente de blanco y con un amplio delantal, un joven saluda con un “Buenos días” e invita a las personas a que pasen al local que atiende a comprar pescados y mariscos frescos.

Su nombre es Daniel y desde pequeño se ha dedicado a las ventas. Aunque es originario de Guerrero, fue criado en la Ciudad de México y tuvo su primer contacto con el Mercado de San Ángel cuando tenía sólo 8 años. “Yo traía una canastita y le vendía dulces a los locatarios. Cuando conocí más a las personas de aquí me dieron trabajo, primero limpiando el local porque estaba muy chiquito para agarrar un cuchillo y preparar el pescado”, explica sonriente.

Actualmente tiene 26 años, de los cuales 15 los ha pasado en el mercado, sitio que le ha dejado muy buenas experiencias ya que, además de que es su fuente de trabajo, afirma que ahí todos se conocen y ayudan. “Ya es toda una vida aquí, para mí ya no es fácil irme, me han ofrecido varios trabajos pero no me atrevo a irme”.

De igual manera y con cierta nostalgia recuerda sus inicios en el lugar. “El mercado ha cambiado bastante, antes había más cosas de verduras. Ahorita está lleno de locales para comer. Atrás habían muchos lugares donde vendían pescados y carne, pero ahorita ya son de comida corrida o cosas así”.

Nuevos integrantes

El Mercado de San Ángel no deja de crecer; y así se han sumado nuevos rostros que le han dado un nuevo giro al lugar.

Rodeado de cocteles de fruta y verduras encontramos una barbería que es atendida por Ermer Herrera. Su negocio apenas lleva un año en el sitio, pero afirma que ya es bastante conocido.

“El abuelo de un compañero tenía este local donde vendían regalos. Después nosotros llegamos a poner la barbería”, explica. Al lugar han llegado personas provenientes de todas partes del mundo, lo que a él y a sus compañeros de trabajo les encanta.

Aunque llevan poco en el sitio explica que es un excelente lugar para su negocio, pues no todos los mercados se prestan para instalar una barbería.

El sustento para vivir

Desde hace más de 25 años, Delfina arriba diariamente al mercado. No le gustan las fotos, pero sí trabajar arduamente. Aunque actualmente atiende un puesto de frutas en los locales externos del lugar, su historia comenzó mucho antes. “Llegué buscando trabajo. Aquí las personas han sido muy buenas conmigo. Yo tenía un puesto de tacos de guisado en la calle pero me quitaron y me vine a buscar trabajo aquí”.

Primero comenzó en el área de las cocinas y después se trasladó al otro extremo del mercado para vender cocteles de frutas. “El mercado es todo para mí porque fue mi primer trabajo formal. Las personas me han tratado bien, cuando más los necesité siempre estuvieron, hasta me dieron empleo fijo”, explica sonriente.

Mientras prepara jugos de naranja no pierde la oportunidad de presumir que ha conocido a infinidad de personas, incluyendo a grandes personalidades del espectáculo. “Uy, aquí he conocido mucha gente amable, hasta vi al Comanche y a Alberto Estrella”.

 (Fotos: Karla Almaraz)