Ciudad de necios I La perra que murió ahogada

Necios ellos y necios nosotros: por eso nos ahogamos todos

“Vi a una perra callejera ahogarse junto a sus cachorros”, me cuenta una policía auxiliar capitalina a quien llamaré Jazmín. “Ladraba desesperada a orillas de Insurgentes Norte, en un bajo puente donde tenía su guarida, junto con sus cachorros y varios chavos de la calle. Los jóvenes se salvaron, la perra y sus cachorros no”. En cuestión de minutos, el nivel de agua se elevó y tapó autos, inundó camiones de transporte público y convirtió en un espectáculo asqueroso de cascadas varias estaciones del Metro.

El día anterior se había inundado el poniente de manera impresionante: Circuito Interior, Plaza Carso, una parte de la Irrigación y el Metro Panteones, se desbordó el Río Hondo y el de Los Remedios llegó a su límite. Polanco se volvió un caos y los memes pidiendo ayuda por Whatsapp se volvieron virales: “Si quieres ayudar a tus hermanos damnificados de Polanco lleva: Frapuccinos de Starbucks o té helado, sushi cakes, celulares usados en buenas condiciones (iPhone 6 en adelante), choferes y camionetas blindadas, modelos recientes, ropa usada —solo de marca— temporada primavera-verano, vales para City Market. Hoy por ellos, mañana por ti”.

A los que estaban en Indios Verdes les cayeron, además del cielo entero, memes en los que saltaban orcas y focas de entre los mares en que se convirtieron Insurgentes y el paradero. En un meme, Uber daba la opción de Trajinera en el servicio Pool.

Pero me quedo con la perra ahogada junto a sus cachorros. La Ciudad de México no tuvo mejor metáfora para revelarla que esa: la perra suerte que nos lleva a la chingada cada año en que hay una o varias “lluvias atípicas”. La palabra “atípica” no tiene seriedad en esta ciudad. Nadie respeta ese adjetivo desde que algún ignorante lo usó para describir las inundaciones que más bien describen la ineptitud típica e histórica de los gobiernos de chilangolandia. La ciudad es lacustre, ¿a poco no saben que se fundó sobre la escena mítica de un águila devorando una víbora en medio de un lago? Hoy, la ciudad no ve águilas devorando serpientes, sino perras intentando salvar a sus cachorros. La perra se ahoga con ellos. El animal es arrastrado por el agua y por la corrupción.

Jazmín observó el momento en que un autobús de Futura se vuelve marea de imbecilidad. Mientras los chilangos nos sentíamos orgullosos de ver a policías ayudar a las personas que se quedaron varadas, en autos inundados, el conductor —quien hasta la fecha no ha sido sancionado— aceleró, provocó varias olas enormes que aventaron a los coches que eran jalados por policías que caminaban (casi flotaban) junto a ellos. La ola empujó un automóvil contra el muro de contención del Metro Indios Verdes. Prensada quedó la pierna de un policía que no paraba de gritar hasta que los servicios de emergencia llegaron para auxiliarlo.

En esta ciudad y en el Estado de México se gastan periódicamente miles de millones de pesos de mis impuestos y los tuyos en campañas electorales para cínicos y cínicas que prometen resolver las inundaciones y que nunca lo hacen. Porque nadie los castiga por mentir o prometer algo que no cumplirán. En lugar de gastarse en mantenimiento al drenaje, en su ampliación y en el uso de nuevas tecnologías, los miles de millones se vuelven desvíos de recursos para comprar tinacos rojos, azules, amarillos y verdes, que se ofrecen durante esas campañas impúdicas. Y ahí están los tinacos, en fila uno junto a otro, sobre los techos de las casas grises e inacabadas en las colonias que siempre se inundan en la CDMX y el Edomex.

Inundaciones atípicas. La basura tapó el paso del agua hacia las coladeras. Los chilangos y los mexiquenses recibíamos nuestro merecido por ser típicamente puercos y cochinos, cerdos y marranos a la hora de tirar donde sea nuestros desechos.

El Túnel Emisor Oriente, bien, gracias. Los demás proyectos para resolver esto, bien, gracias. El transporte público que requiere inversión, bien, gracias.

Autoridades municipales, delegacionales, capitalinas, mexiquenses y federales deberían tener un escudo así: una perra ahogándose con sus cachorros. Eso representa sus administraciones.

Foto: Cuartoscuro