Leyendas chilangas: el soldado del Panteón Civil de Dolores

Cada noche el soldado sale a vigilar el Panteón Civil de Dolores, lugar donde sus restos descansan desde hace varias décadas.

La Ciudad de México acumula muchas leyendas en sus calles, hermosos edificios y —especialmente— en sus panteones, los cuales se presentan como escenarios excelentes para las leyendas y relatos terroríficos que han pasado de boca en boca por varias generaciones.

Tal es el caso del Panteón Civil de Dolores, que no sólo es considerado el más grande de la capital, sino uno de los más antiguos. Fue fundado en el año 1875 por Juan Manuel Benfield y en sus tierras descansan los restos de grandes personajes de México como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, Emilio Carranza, Agustín Lara, Dolores del Río, entre muchos más, incluyendo a José Guadalupe Posadas, quien se encuentra en la fosa común.

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Caminar entre las miles de tumbas del panteón es darse cuenta de lo antiguo que es: algunas lápidas tienen grabadas fechas muy lejanas, mientras que otras se encuentran rotas y olvidadas. La mayoría de ellas, aunque abandonadas, están adornadas por grandes esculturas de ángeles, figuras religiosas y el soldado de tamaño natural que es protagonista de esta leyenda.

Hasta el momento nadie sabe cómo murió quien todos llaman el soldado Figueroa; sin embargo, es bastante conocido en el panteón. Se dice que una vez que llega la media noche comienzan a escucharse sus fuertes pasos. Al parecer se aleja marchando de su tumba y recorre varios pasillos del recinto durante un largo rato.

Hay quienes dicen que el militar se encarga de vigilar el panteón, pues cuando se topa con algún extraño se acerca y le grita, hecho que ha provocado varios sustos entre los mismos vigilantes quienes tienen la tarea de hacer rondines nocturnos para evitar intrusos.

No obstante, el soldado Figueroa no es el único habitante que disfruta salir por las noches. Una tumba bastante antigua tiene un angelito en la parte superior. A pesar de que su aspecto es triste y melancólico, muchas personas aseguran que —cerca de las dos de la mañana— el ángel se baja de su sitio y comienza a hacer travesuras en los alrededores del cementerio.

Según cuentan, su pasatiempo favorito es hacerle maldades a los vigilantes como asustarlos, mover algunas cosas o jugar y reír estruendosamente en uno de los jardines cercanos a su tumba.

Por supuesto también hay algunos relatos sobre la Rotonda de los Hombres Ilustres, lugar donde dicen Diego Rivera se aparece todas las tardes para pintar sobre un pequeño caballete. Algunos juran que lo han visto, mientras que algunos lo desmienten totalmente. Al final son sólo algunas leyendas de la Ciudad de México.

(Fotos: Karla Almaraz)