¿Ya conoces el edificio-microbús?

Para 2018 ya no circulará ningún microbús por la Ciudad de México, de acuerdo con una declaración de Héctor Serrano, secretario de Movilidad, Transporte y Vialidad. Entonces, ¿qué pasará con todos esos microbuses?

Algunos irán directo al deshuesadero. Otros serán abandonados a su suerte en las callecitas que quedan a las afueras de la ciudad donde la humedad, la mugre y las plantas se los comen. Y unos cuantos son revividos una y otra vez hasta convertirse en vehículos zombi (cualquier defeño que use este medio de transporte sabe a lo que me refiero).

Pero a la unidad que presentamos en la fotografía le fue mejor. Sus piezas fueron utilizadas para construir parte de un taller mecánico en Milpa Alta, con lo que se inaugura un estilo arquitectónico chilango sin precedentes, y al que bien podemos bautizar como el edificio-microbús.

El autor intelectual de esta obra contemporánea es Fredy Estrada, un abogado y empresario que, en sus años mozos, pudo estudiar Derecho en la UNAM gracias a que la mitad del día lo dedicaba a choferear ese micro. Decidió inmortalizarlo por el cariño que le tiene gracias a que fue su fuente de trabajo hoy ejerce su carrera como fiscalista, es dueño de una flotilla de camiones y tiene ese taller mecánico de excéntrica arquitectura. El negocio se llama Los Patolines por el parecido que Fredy le encontraba al legendario microbús, que es un modelo “trompudo”, como el Conde Pátula.

Dice Fredy que también lo puso ahí para inspirar a los niños milpaltenses. “Que sepan que cuando se quiere, se puede. Y que es importante nunca olvidar tus raíces”. Él las tiene muy presentes y por eso está orgulloso de haber contribuido al paisaje de su barrio con esta alocada obra, en la que puso a su querido microbús un poquito más cerca del cielo.

El taller Los Patolines se encuentra en la carretera a San Lorenzo, en el cruce con la Avenida Principal, en el barrio de la Luz, Milpa Alta.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.