Felipe Leal, el arquitecto que modernizó la CDMX

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Leal ha trabajado en el rescate de lugares icónicos de la capital: desde Paseo de la Reforma y la calle de Madero hasta Ciudad Universitaria, donde lideró la gestión para inscribirla como Patrimonio Cultural de la Humanidad

Desde niño construía ciudades utilizando palitos de madera, plastilina y cajas de zapatos. Diseñaba calles que conectaba con avenidas, creaba casas de diferentes tamaños y colores y armaba faroles, macetas, bancas. Todo en abstracto, dice.

Sin saberlo, años después, Felipe Leal contribuiría a cambiarle la cara a la Ciudad de México e iniciar el proceso de modernización urbana que hoy la caracteriza.

Fue el artífice en la peatonalización de la calle de Francisco I. Madero en el Centro y la remodelación de la Plaza de la República con todo y sus fuentes saltarinas; además de haber dirigido la gestión para que Ciudad Universitaria quedara inscrita como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

“Es una ciudad que he vivido intensamente pues desde pequeño he recorrido sus barrios. La he vivido haciendo trámites; recorriéndola para estudiarla; como maestro para enseñarles a mis alumnos las bondades que tiene. Como arquitecto diseñando estudios para artistas, edificios de carácter público y centros educativos, y como urbanista para rescatar el espacio público”, dice.

Debido a su contribución a la CDMX, en mayo pasado recibió la Medalla al Mérito en Artes 2018 en la disciplina de Arquitectura por parte de la Comisión de Derechos Culturales del Congreso de la Ciudad de México. Dicho galardón solo se entrega a personas o colectivos que realizan un trabajo creativo o por la trayectoria de quienes, a través de su obra, han contribuido a enriquecer el acervo cultural de la capital.

Cambiar la cara de la ciudad

El arquitecto nació en Paseo de la Reforma en un sanatorio que hoy ya no existe, creció recorriendo la CDMX y estudió en la universidad más importante del país. Todo eso, dice, hizo que la ciudad se le metiera hasta los huesos. 

“Me identifico mucho con sus elementos estructurales: reconozco mi ciudad por sus ejes vertebradores y el Paseo de la Reforma es uno, no podemos imaginarnos la ciudad sin ese espacio y otro es Ciudad Universitaria. En ellos me siento como en casa, seguro y libre, son zonas que llevo en las entrañas”, asegura.

Quizá por eso que ha invertido parte de su trayectoria en mejorar esos espacios que siente suyos: en C. U. participó en proyectos de rescate del patrimonio universitario; el mejoramiento de la infraestructura interna; trabajó en el plan para iluminar los murales y en la creación del Pumabús y Bicipuma.

Para 2008 fue invitado a participar en la gestión de Marcelo Ebrard para crear la Autoridad del Espacio Público (AEP), un nuevo órgano que se encargaría de modificar el entorno urbano, hacerlo más caminable y atractivo para los capitalinos.

“Para esos años, la ciudad había caído en deterioro del espacio público y en muchas zonas de convivencia se habían priorizado los espacios privados y excluyentes. Necesitábamos activar las áreas incluyentes, a cielo abierto, donde la equidad social se pudiera manifestar y se compartiera la riqueza patrimonial de la ciudad”, explica.

Sin embargo, había que encontrar un reto, algo que fuera muy visible y que pusiera en el imaginario de los chilangos la idea del “espacio público”. Leal quería pegar un nocaut. Para entonces comenzaban los preparativos del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, el Ángel había sido intervenido, pero la Plaza de la República estaba abandonada.

Los alrededores al monumento funcionaban como estacionamiento de las organizaciones sindicales y agrarias que se manifestaban en la ciudad, era un espacio que no contaba con recursos al estar a cargo de la delegación Cuauhtémoc e, incluso, la llave para ingresar había que pedirla a una vecina de la zona.

“Decidimos poner magnetos para los jóvenes, pues si la arreglas y no la haces atractiva no pasa nada. Colocamos las fuentes donde las personas vivieran una experiencia lúdica y pensamos en un elemento para acercarse al monumento porque siempre se había visto a distancia, a lo lejos y pusimos un elevador panorámico para ver la ciudad desde un mirador. Con esto logramos una democratización del paisaje”, dice.

Como grupo, la AEP también trabajó en la remodelación de Paseo de la Reforma, la Alameda Central, los alrededores del Centro y el entorno de la Basílica de Guadalupe.

¿Cómo habitar la Ciudad de México?

Para Leal, el orden de la ciudad parte del concepto de la dignidad, de tener un espacio en el que cualquier persona pueda sentirse bien y lleve esa armonía al interior de su vivienda. 

“Si tú ves la Alameda bien, Reforma bien, o donde trabajas está digno, ¿por qué no lo puedes tener en tu casa? Y no se requieren muchos recursos, es imaginación, es una educación visual para tener armonía y si lo logras en tu casa se refleja en tu comportamiento con el entorno. Se vuelve un círculo virtuoso”, señala el arquitecto.

Además, asegura que, como ciudadanos, necesitamos tener una consciencia mayor del lugar que habitamos. Dice que es un error pensar que lo público no es de nadie y que no tenemos responsabilidad, pues, en realidad, se trata de algo que es de todos y que debe ser cuidado por todos.

“Es educación y civilidad básica el que no rayes el vagón del Metro; que no ensucies; si se te cayó algo, límpialo; si vas con tu mascota levanta su suciedad. Por elemental que sea, ahí empieza la ciudad. El primer espacio público que tenemos es la banqueta de tu casa, si nos comprometiéramos con esas pequeñas acciones tendríamos otra ciudad”.

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