Alcaldesa chilanga de la bicicleta

activismo ciclista

Crear una ciudad inclusiva era el objetivo cuando Areli Carreón se unió con otros entusiastas de las bicis para crear Bicitekas. Hoy este activismo ciclista tiene más de 20 años de rodar y trabajar por los derechos de todos. 

Bicicletas de montaña, una ligera, otra plegable. Dos bicis para niños. Un triciclo adaptado con un asiento. Todos están en el garaje de Areli Carreón. Junto a ellas, un auto polvoriento por falta de uso. En la vida de la Alcaldesa de la Bicicleta, el mundo gira sobre dos ruedas.

Eran los 70, y ella, al igual que sus padres, pensaba que la bici era un instrumento de diversión que, por seguridad, solo podía ser usado en los parques. Aprendió a pedalear a los siete años en el Bosque de Chapultepec, pero lo dejó luego de varias caídas. Fue hasta los 24, en un viaje a Montreal, cuando Areli volvió a enamorarse de las dos ruedas.

“Allá viví un año, estaba pasando por una depresión, y la bicicleta fue fundamental en mi vida. Acababa de salir de la universidad, no sentía mucho propósito, estaba de ilegal, no podía trabajar y no tenía dinero. Me empecé a relacionar con la gente y todos usaban la bici, entonces le entré, un poco para convivir y otro poco para no gastar en transporte”, dice.

El uso cotidiano no solo le dio confianza y habilidad: la enamoró. De regreso al país, en Cuernavaca, Morelos, se interesó por temas ambientales, encontró coincidencias con el uso de la bicicleta y se acercó a personas afines que, poco a poco, forjaron un movimiento que tuvo contacto con otro que estaba surgiendo en el entonces Distrito Federal.

“Era como 1994, nos comunicábamos por correo electrónico, teníamos ideas en común, pero sobre todo amábamos andar en bici. Cuando nos conocimos parecía una travesura: éramos siete personas hablando de bicicletas y de cambiar el mundo, luego supimos que se trataba de saber exigir y de no abandonar nuestros ideales”, cuenta.

Su meta nunca fue convertirse en lideresa ni encabezar un movimiento. El objetivo de Areli fue siempre crear una ciudad para todos. Con eso en mente, aquellos siete idealistas formaron Bicitekas, hoy, una de las organizaciones de la sociedad civil más empoderadas a nivel local, inspiración de otras en México y Latinoamérica, con más de 20 años de rodar y trabajar por los derechos de todos.

Política bicicletera

Areli carga siempre su casco gris. Y con ropa informal, llega a todos lados a bordo de su bicicleta: conferencias, talleres, a negociar iniciativas en oficinas de gobierno, etc.

Como activista ha sido parte de la transformación de la CDMX: estuvo en la construcción de la primera ciclopista en 2002, en las modificaciones a los reglamentos de tránsito y en las legislaciones en materia de movilidad que reconocen a los ciclistas y peatones por encima de los vehículos.

Ella y la tropa Biciteka fueron fundamentales para que la ciudad contara con servicios como Ecobici, por ejemplo; o para que se implementaran los paseos dominicales en Paseo de la Reforma.

Areli insiste en todas partes sobre la necesidad de aumentar los kilómetros de ciclovías, más allá del centro de la capital, así como de crear manuales para hacer una ciudad más habitable. Y levanta la voz sobre la necesidad de mejorar el transporte público y difundir la visión cero, para erradicar muertes y lesiones por accidentes de tránsito.

“Hemos estado aquí sin importar qué autoridad haya pasado. En estos años aprendimos de los procesos de gobierno y entendimos que como sociedad tenemos poder de exigir a las autoridades que cumplan con sus obligaciones, pero también somos activos, estamos conscientes de que no todo le toca al gobernante”.

¿Alcaldía de la bici?

Su foto como alcaldesa chilanga figura en Ámsterdam. No es una imagen oficial: en ella, Areli no usa vestido formal, ni maquillaje; en cambio, conduce un triciclo rojo igualito al del señor de los tamales o de los jugos, adaptado con un asiento para convertirlo en el transporte escolar de sus dos hijos, que cada día se enfundan sus cascos azul y amarillo.

El nombramiento —iniciado por la organización holandesa CycleSpace— es honorífico, arrancó en mayo durante el Foro Mundial de la Bicicleta y no contempla ningún presupuesto: la meta es impulsar una agenda global sobre movilidad no motorizada, compartir experiencias internacionales y llevarlas a cada ciudad para que, a través del activismo social, puedan convertirse en políticas públicas.

Como representante chilanga, Areli tiene el objetivo de hacer crecer la red de ciclovías en zonas de alta circulación, conectarlas entre sí para llegar a más lugares, hacer rutas más seguras y duplicar el número de usuarios. Asimismo, promoverá una agenda de movilidad sustentable con los próximos candidatos y autoridades electas al gobierno capitalino.

Como toda autoridad, cuenta con un gabinete basado en cuatro secretarías: de Imaginación e Innovación; de Gozo y Libertades; de Infancia, Equidad e Inclusión, y de Justicia y Buen Gobierno. Cinco defensorías: de los Peatones; de los Animales de Compañía; de los Atropellados; de las Ciclovías y de los Ciclistas de Oficio. Además de un Consejo Asesor.

Está en formación la selección de 32 concejales de la bici, dos por delegación, para visibilizar las necesidades de la capital. La alcaldesa de la bici no necesita campañas para que sus promesas sean creíbles: en los próximos años, más personas dejarán su auto para caminar y rodar. La ciudad será entonces un mejor lugar.

NUMERALIA

170 kilómetros de ciclovías tiene la Ciudad de México.

2 años dura su nombramiento como alcaldesa de la bicicleta.

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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.