Transgredir las formas

arte moderno

Los creadores de arte moderno Ever, Jaz y Elian exhiben hasta el próximo miércoles en Toba Gallery su obra más reciente, en la que decidieron romper con las dos dimensiones y dejar atrás las fórmulas

Al ser humano le gusta la destrucción. Lo sabe Nicolás Romero “Ever”. Artista urbano nacido en Buenos Aires, Argentina, Ever se dedica desde hace décadas a pintar figuras humanas hiperrealistas por los muros de todo el mudo. Y si algo distingue al grafiti y al muralismo, es su carácter pasajero: su tendencia a ser destruido.

“Recién en octubre hice una muestra en Buenos Aires”, cuenta Ever con su acento porteño. “A los asistentes se les decía que, por cada foto que tomaran de las piezas, estas iban a recibir un golpe. A los cuatro días me llamaron para decirme que lo habían roto todo”.

Ever habla dentro de la galería Toba, ubicada en la calle Luis Moya, en pleno Centro Histórico. Ha pasado los últimos 15 días en Ciudad de México como parte de una estancia promovida por Mamutt —iniciativa mexicana dedicada a la gestión de proyectos culturales—, y ahora, frente a él, hay cinco naturalezas muertas, resultado de estos días de trabajo. Las obras de Ever se exponen como parte de la muestra “Deforme”, junto a las de sus compatriotas Franco Fasoli “Jaz” y Elian Chali, quienes también trabajaron durante este periodo.

Protagonizadas por productos mexicanos (aguacates, berenjenas) que conviven con productos industriales (latas de cerveza, paquetes de jabón), las pinturas son producto de la técnica realista que Ever acostumbra. Salvo por un detalle: cada una de las piezas —hechas sobre latón— ha sido aplastada.

“Tras el terremoto, las imágenes que yo tenía en mente cuando pensaba en la CDMX eran metales retorcidos, varillas chuecas, cuenta mientras señala uno de los cuadros sobre el muro, hecho añicos. “Para destruirlas, yo lanzaba una encuesta en mis redes sociales: ‘¿Crees que Dios es hombre o mujer?’, ‘¿Alguna vez pensaste que tenías cáncer?’. De acuerdo con el porcentaje obtenido con cada pregunta, yo destruía los cuadros con un montacargas”.

Este ejercicio, explica Ever, permite materializar las opiniones que pululan en las redes, visualizar sus efectos. Plantea, además, otra perspectiva: hoy que cualquier empresa patrocina a cualquier artista para pintar una barda, ¿el arte público no tendría que buscar nuevos métodos y escenarios —como internet— para transgredir las formas?

Ambigüedad total

Pocos artistas tan multifacéticos como Franco Fasoli “Jaz”. Durante 10 años fue el responsable de la escenografía del Teatro Colón en Buenos Aires; escultor, pintor, muralista, su estilo mutante adopta cada cierto tiempo nuevos elementos, nuevas formas. Y como Ever, Jaz piensa que el arte público se ha encerrado de pronto en un estatismo difícil de romper. “Ahora, cada vez que voy a salir a pintar un mural, lo pienso dos veces: ¿por qué?, ¿para qué estoy haciendo esta pieza?”, confiesa.

En la galería Toba, Jaz ha instalado un mural sui géneris protagonizado por una multitud, una especie de manifestación política. Es un collage para el que Jaz ha decidido, esta vez, no usar una gota de pintura; en su lugar, papeles de diferentes colores fueron rasgados hasta conformar figuras humanas. Un rosario gigante cuelga medio metro delante de la multitud de papel.

Jaz viene de una familia de artistas plásticos y músicos; estudió en la Escuela Nacional de Cerámica. Esta pieza es uno de los últimos experimentos que hace con papel para obligarse a romper sus propias fórmulas. A lo largo de su carrera ha hecho arte moderno como murales con ladrillo, tierra, carbón, excremento de perro, cal, brea líquida, poliestileno, poliuretano, resina, bronce, cerámica…

“No me interesa ser ‘El artista urbano’, ni ‘El artista conceptual’”, dice Jaz con una voz pausada, reflexiva. “Lo que nos ha enseñado el arte moderno es la necesidad de cuestionarlo todo, comenzando con las formas mismas. Por eso mi obra aquí es tan… frágil: es papel. A nosotros siempre nos interesó abrir, de un lado y del otro, tender puentes, más que entrar en una escena u otra. El único lugar donde me siento honesto es en la ambigüedad total”.

Romper las dos dimensiones

El frío repentino de Ciudad de México provocó en Elian Chali una fiebre que, por hoy, le impide salir de su cama. Su trabajo es el que habla entonces: en uno de los muros más pequeños de la galería, al fondo, una serie de figuras tridimensionales están apiladas sobre el muro. La pieza, realizada con colores básicos —como es costumbre de Elian—, parece un rompecabezas incompleto en cuyo centro, vacío, cae la luz de un reflector.

Elian es uno de los artistas urbanos más prolíficos de Buenos Aires. Define su trabajo como una “acupuntura urbana”, pues desde siempre ha intentado que sus intervenciones dialoguen visualmente con la arquitectura y el paisaje que las rodea, como una manera de combatir el ruido visual propio de las ciudades.

“Es extraño lo que hemos logrado aquí sin proponérnoslo —ríe Ever—. Todos optamos por romper un poco con las dos dimensiones o por deformarlas. Hay un juego de sombras en cada una de las piezas aquí que me sorprende”.

Toba Gallery se ubica en la calle de Luis Moya 22. La muestra “Deforme” se exhibirá hasta el miércoles 20 de diciembre.

NUMERALIA

10 años creó Jaz escenografías para el Teatro Colón.

28 años tiene Ever grafiteando.

20 países cuentan con obra pública de Elian Chali.

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