El rapero de Cervantes

Cuando empezó a rapear, Eduardo Montoya no se imaginó que su afición lo llevaría a viajar para promover la obra del autor del ‘Quijote’.

FOTOS: LULÚ URDAPILLETA

Cuando rapea, Eduardo Montoya pone su cabeza a trabajar a mil por hora en busca de palabras que le permitan armar rimas e ir tejiendo historias.

“[Los raperos] siempre estamos un paso adelante, no sólo en el escenario. Siempre estamos anticipando cosas”, dice este joven capitalino de 23 años mientras, para explicar su técnica, se auxilia de lo que observa sobre la mesa de una cafetería.

“Cuando me ponen una frase o cuando voy a hacer freestyle, ya estoy viendo el vaso y mi mente está: pelmazo, payaso, pa, pa… O veo el vaso y pienso en su contenido: hielo, frío…”, agrega.

Estas habilidades para improvisar le ayudaron a llegar a la final del concurso Cervantes en rap, que este año convocaron el Festival Internacional Cervantino y la Fundación Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, con motivo del 400 aniversario de la muerte del escritor Miguel de Cervantes (1547-1616).

De los seis finalistas, tres son españoles y tres mexicanos. De estos últimos, Eduardo es el único originario de la capital. Los dos restantes, Alfredo Martínez “Danger” y Jesús Camacho, son de Baja California y Jalisco, respectivamente.

Todos ellos ya compitieron en julio en la final que se realizó en España, donde tuvieron que improvisar letras a partir de distintas frases del autor del Quijote.

En esa ocasión, el ganador fue Danger y Eduardo quedó en el tercer lugar.

Pero ahora, él y sus contendientes se preparan para volver a enfrentarse en octubre próximo, cuando se verán las caras en territorio mexicano en el marco del Festival Internacional Cervantino.

“Sí he estudiado para ganar. He estado leyendo bastante a Cervantes porque quiero poner el nombre de México en un estatus de excelencia”, dice este chilango, quien se presenta como rapero con los alias Montiverzo o Dr. MNT.

Del consultorio al escenario

Eduardo vive en el sur de la Ciudad de México. Empezó a rapear cuando era adolescente y sus principales influencias eran grupos como Cypress Hill, Control Machete y Cartel de Santa.

Escribió su primera letra cuando tenía 14 años y se metió a hacer más freestyle después de que entró a la prepa, pero en esa época consideraba la música más un pasatiempo que una prioridad.

Más tarde ingresó a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde está por terminar la carrera de Odontología y cada cierto tiempo sale en brigadas a zonas apartadas de estados como Oaxaca y Michoacán. Y para su sorpresa, también fue en la facultad donde —gracias a una profesora— se enteró de que se realizaría el concurso Cervantes en rap.

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A leer, a leer

Eduardo consiguió inscribirse apenas dentro del plazo límite. Un poco después, los organizadores le dijeron que había quedado dentro de los semifinalistas, fue a competir a un acto en el Centro Cultural de España y ahí logró convertirse en uno de los tres finalistas mexicanos que viajarían a la tierra de Cervantes.

Durante todo el proceso tuvo que desempolvar muchas viejas lecturas, con el propósito de obtener más información acerca de este autor clave de la literatura en español y de saber con qué jugar para transformar su obra en música.

“Obviamente, ya había leído su biografía, partes del Quijote y La Galatea, pero me puse a leer más”, dice Eduardo, quien asegura que también lee a otros escritores —como Julio Cortázar y Mario Benedetti— y que concursos como Cervantes en rap tienen el mérito de difundir la literatura de una manera diferente a la tradicional.

“[La literatura] puede ser divertida. Generalmente, cuando uno va en la secundaria, cuando está chavo, dice: ‘Ah, tengo que leer…’. Y ahora es como: ‘Ok, sí, a lo mejor no es tan divertido para ti leer, pero sí te abre otros mundos, hay muchas cosas detrás de la lectura’”, comenta.

¿Vivir del rap?

A un mes de la final mexicana de Cervantes en rap, Eduardo está convencido de que puede ganar y de que, después del concurso, buscará desarrollarse tanto en su carrera como en la música.

“Nunca había pensado el rap como una manera de obtener algo que yo quisiera, pero cuando vi todo esto, dije: ‘Ahora sí voy con todo, ahora sí me voy a enfocar’. Y, a partir de ahora, sí planeo vivir de esto por lo menos un ratillo”, dice.

Para conseguirlo, confía en que le servirá toda la experiencia acumulada: las letras que ha escrito a lo largo de su vida, el trabajo que ha realizado con un productor, los contactos que pueden facilitarle el acceso a estudios de grabación y, finalmente, tener claro que su meta no es la fama ni el dinero, sino que la gente conozca su música.

“No quiero vender millones. Con que alguien me escuche, con que alguien sepa cómo pienso, cómo piensa alguien de esta ciudad, es más que suficiente”, asegura este joven chilango, quien con su rap busca imprimir otro ritmo a la conocida frase “En un lugar de La Mancha…”.

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En cifras

  • de octubre comienza la próxima edición del Festival Internacional Cervantino.
  • raperos competirán en la final de Cervantes en rap: tres españoles y tres mexicanos.
  • 35 mil pesos obtendrá el primer lugar del concurso, 28 mil el segundo y 20 mil el tercero.