Las chinampas salen a flote

Chinampas de Xochimilco sobreviven

Esta técnica de cultivo milenaria ha sido reconocida como patrimonio mundial
y se niega a desaparecer ante las amenazas

ARTE: NURI R. MELGAREJO

El pasado 10 julio, las chinampas de Xochimilco fueron reconocidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), como un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial, lo que significa que es obligación de autoridades y sociedad preservar su conservación. Un reto difícil, mas no imposible de conseguir.

      La chinampería comenzó entre los años 900 y 902 A.C. por los indígenas nahuatlacas (Xochimilcas, Chalcas y Tlahuicas), quienes, ante la escasez de tierra firme, idearon esta técnica que aún alimenta al mercado local de Xochimilco y lleva a la mesa de los chilangos hortalizas, maíz, hierbas y amaranto, entre otros productos.

“Una chinampa está compuesta por materia orgánica que, con los años, se fue fundiendo. Cuando la ciudad era un lago, poco a poco se formaron pedazos de tierra por el chacaltule —enramado de tule— y con el lodo que se extrajo del fondo se formaron las chinampas”, narra Fernando Coquis, campesino de Xochimilco.

Acompañado de su primo —quien con la punta de sus pies desnudos sacude la verdolaga que extraen—, Fernando comenta que de marzo a agosto cultivan únicamente esta verdura por su rápida producción. “Desde que echamos la semilla hasta que la cosechamos pasan 40 días. Lo hacemos con los pies porque de otra manera se salpica de tierra, y si está manchada, baja la demanda”, explica.

El resto del año, la familia Coquis y 500 chinamperos más plantan lechugas, cilantro y romeritos sin utilizar fertilizantes, con lo que sostienen a la chinampería. Sin embargo, la amenazan distintos factores, comenta Horacio Reza, director de desarrollo sustentable de la delegación Xochimilco. “Las chinampas estaban desde el canal de Apampilco hasta Tulyehualco, pasando por San Gregorio, San Luis y Santa Cruz, pero con la urbanización se han ido perdiendo”.

Se estima que el área de chinampas contaba con una extensión de 2,200 hectáreas en 2006, pero se han reducido a 1,800, de acuerdo con una investigación realizada por estudiantes de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Existen otros factores como las plagas de muérdago y lirios, la basura que arrojan turistas al canal y la deserción del oficio. Males silenciosos que han ahogado estas milenarias islas flotantes.

“Tengo cuatro hijas. De pequeñas las traía al campo, pero optaron por buscar sus propios ideales. Trabajo aquí por mis padres y ellos, por mis abuelos. Soy chinampero de toda la vida”, agrega Fernando, quien lleva más de 35 años cultivando hortalizas.

DE XOCHIMILCO PARA TODOS

Vicente tiene 22 años de edad y desde las siete de mañana trabaja en una chinampa vecina a la de Fernando. Él prepara la tierra para la siembra de lechugas, hierbas aromáticas, betabeles, girasoles y espinacas, entre otras verduras. “Nos dedicamos al corte, barbechamos —aflojar tierra—, trasplantamos, cortamos el pasto y levantamos”, dice el joven que gana 220 pesos al día.

La mercancía que Vicente trabaja llega a restaurantes de colonias como Polanco, Roma y Condesa, donde se entregan pedidos de 40 piezas en adelante, al menos cada 15 días, dependiendo del alimento.

El director de desarrollo sustentable aclara que la mayor parte de la producción es para consumo local de Xochimilco, pero se han implementado algunos mercados itinerantes, principalmente en la delegación Azcapotzalco, donde llevan verduras, además de otros alimentos como dulces cristalizados o derivados de la leche que se fabrican en los pueblos aledaños, mientras que a la Central de Abasto de la Ciudad de México llegan más las hortalizas, aunque en mínimas cantidades.

“Para el consumo de aquí, se van 20 toneladas de lechuga al día a la central de San Gregorio y otras 10 a la de Iztapalapa, y lo que se produce en el centro de Xochimilco, se vende ahí”, dice Horacio Reza.

A este mercado local, Fernando suma 10 toneladas anuales de verdolaga. “Un manojo lo vendemos entre 10 y 30 pesos, pero de ahí hay que restarle 500 pesos para transportarla y el derecho de piso en la central. En diciembre la vendemos hasta en 200 pesos, pero tenemos que sembrar diario para equilibrarnos cuando no es invierno”, explica el señor Coquis.

LA SEMILLA DE TODOS
En 1987, Xochimilco fue declarado Patrimonio de la Humanidad por su valor turístico, cultural y su aporte a la biodiversidad con especies como el ajolote o la tortuga Tláloc —ahora en peligro de extinción—.

Este año, el sistema chinampero de la CDMX fue reconocido por la FAO como el primero de Norteamérica y, aunque ostente este título y la delegación y gobierno apoyen con invernaderos, barbecho de sus parcelas, entre otras acciones, la labor es de todos, sobre todo de locales y turistas.

Son los chinamperos quienes preservan la técnica milenaria, abogan por el cuidado de las especies, defienden uno de los canales más importantes de la cuenca del Valle de México y lo que ellos piden es el consumo, el pago justo de sus productos y no contaminar, porque esta es la semilla que todos podremos cosechar.

En cifras:

  • 500 chinamperos se estima que trabajan en la actualidad en la zona lacustre de Xochimilco.
  • 47.7% de la superficie productiva lo ocupa el sistema agrícola chinampero.
  • 10 mil metros cuadrados es la extensión máxima que mide una chinampa.