Deja tu trabajo, sé comediante

Daniel Sosa nos da la receta para dejar de ser Godínez y triunfar en el stand up. Foto, Lulú Urdapilleta
Daniel Sosa nos da la receta para dejar de ser Godínez y triunfar en el stand up. Foto, Lulú Urdapilleta

Daniel Sosa, quien está por estrenar un nuevo show, nos cuenta cómo le hizo para dejar de ser Godínez y vivir del stand up.

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

Daniel Sosa aún no sabe si su nuevo show se llamará Millennial o ¡Chin!, ya soy adulto. No lo ha decidido porque está lleno de proyectos: guiones por entregar, una nueva temporada de Llamando al Santo, donde participará uno de sus alter egos, DJ Erwin.  

Además, acaba de participar en la película Una mujer sin filtros, en la que interpreta a un viene viene y está ultimando detalles de una gira que lo llevará por México, Estados Unidos y Sudamérica.

Para rematar, su show Sosafado se convirtió en tendencia en Netflix, pese a que se trata más bien del funeral de una rutina de comedia que lleva presentando desde hace cuatro años aproximadamente.

“Este era el funeral perfecto para este show. Lo hice con mucho amor, muchas personas me dicen ‘nah, es que tu show está de la chingada’. Siempre habrá opiniones encontradas, pero lo que me da gusto es que están viendo este tipo de contenido”, dice Daniel, quien considera que la capital es un lugar muy amable para hacer comedia.

“La Ciudad de México es el nicho donde la gente está consumiendo más y aprendiendo a hacer stand up”, dice.

El secreto —que siguen él y otros standuperos— es que los comediantes le hablan al público sobre problemáticas que son más afines a la gente de la CDMX.

“Es muy bonito el público de aquí porque tiene conocimiento directo de lo que está pasando. Mucho más que la gente de otras partes de la República. Creo que por eso tienes chance de hablar de todo lo que quieras”, considera, Daniel Sosa, quien nació y comenzó su carrera en esta ciudad.

 Creciendo para ser chistoso

Hace cuatro años, Daniel trabajaba para el corporativo de una cadena de supermercados, en el área de control de pérdidas. Su trabajo consistía en monitorear los videos de vigilancia y descubrir los modos de operar de los ladrones y cómo prevenirlos.

“Aunque estaba entretenido este rollo y era como un CSI, pero de caldo de pollo, de repente el trato que tenía con mi jefa era horrible. No tanto por ella, era más por el modo en el que se hacían las cosas, en esta burocracia de la que jamás hemos podido salir”, explica sobre el mundo corporativo.

Un día, después de ver una presentación del standupero Ricardo O’Farrill, decidió dejar su trabajo de oficina, que nunca le gustó del todo, y abrirse paso en el mundo del stand up.

“Sabía que podía hacer reír, pero no tenía ni idea de que podía vivir de esto. O sea, sabía que era chistoso, que de repente tenía algún dote de actuación y esa era mi arma siempre. Desde chico lo sentía”.

Los siguiente fue aprender. Para ello buscó a O’Farril, quien le aconsejó lugares y personas para prepararse.

“No es como que diga: ‘Mira, ¡ay qué vaciado!’ Ser comediante es un proceso muy largo. Años, la neta, de prepararse, leer, estar estudiando, de meterse a cursos. Yo los he tomado de stand up, de clown, de arlequín, de bufón, de impro y de guión. Es, básicamente, no dejarle de chingar”, explica.

Irónicamente, cuando habla de comedia, Daniel se convierte en un tipo muy serio. Intenta explicar cómo organiza su rutina, cómo está estructurado un chiste y cómo construye su voz escénica.

Es un comediante preparado, incluso, cuando se convirtió en una sensación de la red social Vine, hace tres años, ya llevaba año y medio estudiando para serlo y trabajando en donde lo dejaran.

“Me subí (a un escenario) y empecé a seguir el consejo de este güey (O’Farrill) y de la nada nos hicimos amigos. Y pues fue constancia, este proceso de agarrar lo que quería y renunciar a mi trabajo. Al principio ganaba 200 varos o 100 pesos por hacer un show y ahorita vivo nada más de la comedia, de hacer shows, videos virales, cosas que realmente amo”, explica.

 Personajes de la vida real

Una de las interpretaciones más famosas de Daniel Sosa es el DJ Erwin, un personaje que utilizó para un video de la agencia de contenidos Llamando al Santo y que se volvió viral.

El DJ Erwin es el típico fanfarrón, medio ignorante, que se convirtió en músico viendo tutoriales en YouTube. Su mayor éxito es una canción de electro-cumbia-mix titulada “Cámara, no me agüito”.

“Viví con todos esos personajes en alguna etapa de mi vida. Yo tenía amigos que eran el DJ Erwin, que eran el Godín también y el chiste es saber cómo identificarlos y jugar con ellos”, dice.

La inspiración para sus rutinas standuperas, sus guiones y sus videos viene, sobre todo, de lo que lo rodea: “Lo saco de la vida diaria. Realmente la comedia está en todos lados. De hecho, en mi show siempre digo: ‘Ríe de cada detalle de la vida, porque en todos hay algo de lo que te puedes reír’”.

Y sus personajes, sacados del contexto real, tienen éxito. Cuando la gente lo reconoce en la calle suele escuchar: ‘Mira, ahí va el ‘Cámara, no me agüito’ o ‘el 20 pesos’, que son de sus chistes más populares.

“Cuando pasa eso, a mí como que me dan ganas de llorar porque es algo en lo que jamás pensé que ocurriera. Es como cuando te corean una canción, es lo mismo, es demasiado agradecimiento y no tengo cómo expresarlo, se siente increíble”.

En cifras:

  • 4 años de carrera tiene Daniel Sosa como standupero y guionista de comedia.
  • 2016 fue el año en que Sosafado se convirtió en tendencia en Netflix.
  • 19 años de edad tenía Sosa cuando dejó su trabajo por la comedia.
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Reportero titular que a veces juega de editor derecho, formado en redacciones de un par de diarios nacionales, pero siempre cubriendo la ciudad. En los ratos libres me gusta practicar boxeo, no porque esté de moda, sino porque te pone en forma para los ‘chacaleos’.