Esculturas contra la extinción

Admirar aves bajo tierra

A través de sus esculturas exhibidas en el Metro Zócalo —hechas de madera de un desastre natural—, Davit Nava busca crear conciencia sobre el cuidado que debemos dar a las aves que habitan la CDMX

Dicen que después de la tormenta viene la calma, pero a Davit Nava, un desastre natural le trajo inspiración, creatividad e incluso un modo de vida al detonar su verdadera vocación: la escultura.

“La lluvia torrencial subió el nivel del río y perdimos todo”, recuerda Davit sobre la tormenta que hace cuatro años azotó la huerta de limones de su familia en Amacuzac, Morelos, donde lo único que quedó fueron árboles caídos.

Con estudios en Ciencias Ambientales pero sin encontrar trabajo, Davit pensó en ocupar esa madera en materializar las vibrantes formas y variaciones de los pájaros mexicanos, en especial, los que viven en la CDMX. “Ahí surgió la idea de los pajaritos y hoy vendo estas piezas y vivo de eso”, dice.

Así, el escultor ha capturado la esencia de las especies más interesantes y exóticas exclusivas de la región, como el chipe rojo, el colibrí corona violeta, el rascador gorra canela y el zorzal mexicano, además del gorrión serrano, el pato de collar, la aguililla rojinegra y el gavilán pecho canela, especies sujetas a Protección Especial en la CDMX.

Arte para todos

Actualmente, las piezas que Davit recrea pueden ser apreciadas en la exposición “Aves de la Ciudad de México. Una Sinfonía de Colores”, en la estación del Metro Zócalo de la Línea 2, en la salida de la Catedral Metropolitana, donde 80 aves de madera, tamaño real y hechas a mano, retratan la belleza de los coloridos plumajes de los pájaros chilangos.

“No sabía que en la Ciudad de México hubiera pájaros tan coloridos: azules, naranjas, verdes”, confiesa. “Me quedé sorprendido”.

Sin embargo, la contaminación y el cambio climático amenazan a poblaciones de algunos de los ejemplares que figuran en la exposición, como la paloma doméstica, la aguililla rojinegra, el mirlo dorso canela y el gorrión doméstico.

Además, las creaciones de Davit ocupan espacios como el Museo Nacional de las Culturas del Mundo, ubicado en la calle Moneda atrás de Palacio Nacional, donde se exhibe una colección de 58 piezas que representan todos los colibríes que viven en México y América del Norte, y asemejan el rápido aleteo de estas criaturas.

Sus esculturas tienen una técnica de tallado en madera que le enseñó su abuelo, quien era arquitecto y “muy hábil con las manos”. Aunque no tiene estudios de escultor, Davit se guía por el instinto en su proceso artístico: lo primero que hace es poner a secar los pedazos de madera que le dejó aquella tormenta, luego hace cubos que irá moldeando poco a poco con la forma del pájaro que quiera recrear.

Para las puntas de las alas, ocupa barro, y después que este se seca, pinta cada una de las plumas con los colores más parecidos a los tonos reales del ave, y para finalizar los esmalta. “Que yo sepa nadie más ocupa esta técnica”, asegura.

La belleza de un pájaro no se enjaula

Uno de los mayores retos del artista es crear conciencia con su obra. “Las aves comparten el espacio con nosotros, alegran nuestras mañanas con sus cantos, polinizan las flores produciendo frutos y son los seres vivos que representan la libertad con su vuelo”.

El objetivo de Davit es que cuando la gente empiece a conocer por medio de su arte a los pájaros chilangos, puedan respetarlos, reconocerlos y admirarlos, pero no capturarlos ni tenerlos enjaulados.

Sin embargo, el cometido no siempre se cumple. El momento más triste en su trayectoria fue cuando uno de los asistentes a su exposición quedó tan fascinado con un ave que dijo que lo conseguiría vivo.

“Es lo más triste, ver a un animal enjaulado, pero es doblemente triste que sea un pájaro el que esté detrás de las rejas de alguna jaula, no es una manera respetuosa de convivir con la naturaleza”, lamenta este hombre de 31 años que pasa horas leyendo sobre aves.

Para sus obras, el escultor se basa en los catálogos que ha recopilado la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), para que cada escultura sea de tamaño, forma y colores naturales, lo que logra al aplicar la pintura en líneas rectas y cortes geométricos que simplifican los detalles para que sean fáciles de recordar.

Según datos de la Conabio, en la Ciudad de México habita 3% de la población de aves del mundo. Al artista le tomó un año elaborar la exposición de 80 aves, las más comunes que puedes hallar en la capital, pero son más de 300 las especies que viven en esta urbe.

Además de estas primeras exposiciones, Davit tiene mucho trabajo por delante: “Esto es solo el principio”, sostiene, porque su meta es inmortalizar las aves de todo el país y de otras ciudades del mundo.

“Quiero ir haciendo las aves de cada ciudad, de Monterrey, de Guadalajara, y hasta las de París, en Francia. Para mí es importante que los mismos habitantes de las urbes las conozcan en madera y que no las maten por ofrendas de amor o amuletos, ni que las tengan en cautiverio”.

La obra de Davit estará en exhibición hasta el próximo 19 de noviembre en la estación del Metro Zócalo, para luego ser trasladada al Museo del Zoológico de Chapultepec, donde podrás visitarla del 21 de noviembre al 31 de julio de 2019.