Con toga y birrete a los 86 años

La que persevera alcanza

Foto: Lulú Urdapilleta
Benita Socorro Calderón obtuvo su título universitario a los 86 años, con lo que se convirtió en la alumna de mayor edad que se titula de una carrera en la UACM

Doña Soco no ha dejado que los prejuicios, la edad, ni cualquier otro obstáculo se interponga en su camino al conocimiento. A sus 86 años, obtuvo el título de la Licenciatura en Ciencias Sociales y ahora espera con ansias las inscripciones a una maestría.

La ahora licenciada no tuvo una niñez sencilla. Nacida en una familia de “puras mujeres”, doña Benita Socorro Calderón recuerda que sus padres no las dejaban estudiar, por lo que su hermana mayor, que era muy inquieta, se rebeló. “Las cuatro nos venimos de Coahuila para la Ciudad de México. Desprendernos de nuestro terruño fue muy difícil. Dejé la casa cuando tenía 12 años, apenas había salido de la primaria”, cuenta.

Al llegar a la CDMX, vivía cerca del Mercado de San Cosme, puesto que sus hermanas estudiaban en la Normal de Maestros, e “hicimos nuestra vida solas, con la presión del ‘para cuándo te casas’ y de vivir con el miedo de ‘deshonrar a la familia’”.

LA ILUSIÓN DE ESTUDIAR

Luego de casarse y de asistir a las marchas del movimiento del 68, doña Soco entró a trabajar en la UNAM, donde fue una de las promotoras para que sus compañeros estudiaran “porque, aunque laborábamos en la universidad, había quienes no sabían leer ni escribir”, recuerda.

“Nos prestaban a los maestros y con ese programa muchos sacaron la primaria. Yo aproveché e hice la secundaria y el bachillerato. Fue un cambio porque siempre pensé que tenía un problema en la cabeza, ya que era muy tímida y no podía aprender hasta que empecé a avanzar con la escuela”, dice.

Tras formar una familia y luego de 40 años trabajando, doña Socorro se jubiló, pero nunca olvidó su ilusión de concluir una carrera universitaria. “Un día, uno de mis hijos me preguntó ‘oye, mamá, ¿cuando eras niña querías hacer una carrera?’. ‘Sí hijo’, le contesté. ‘¡Pues ándale, ya tienes la oportunidad!’, me dijo”. Luego de esa plática, la mujer se inscribió y presentó su examen para estudiar en la UNAM en tres ocasiones, pero en ninguna fue aceptada. “Tenía la duda de qué había pasado, porque mis notas no eran malas. Fui con unos amigos que tenía en el sindicato y me dijeron que el problema era mi edad”.

“Me sentí un poco discriminada, pero no me desanimé. Verás cómo es la vida que cuando me pasó eso, llegó a mis manos la convocatoria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y lo primero que revisé me maravilló: no pedían edad ni un promedio previo”, relata doña Soco.

Tras checar la convocatoria y los planes de estudio, la señora se interesó por estudiar la Licenciatura en Ciencias Sociales, pero había otro obstáculo que superar antes de cumplir sus sueños: la carrera se impartía en el plantel de San Lorenzo Tezonco —en los límites de Iztapalapa y Tláhuac— y ella vive hasta Copilco. “Lo pensé un poco y me inscribí. La sorpresa fue que en el primer sorteo me eligieron y empecé a estudiar”.

LA ESCUELA TE CAMBIA

Con el mantra de que “la educación nos rejuvenece porque nos mantiene activos”, doña Soco regresó a la escuela y recordó su época como bibliotecaria en la UNAM, donde “diario tenía contacto con jóvenes”, quienes le recordaban sus ganas de estudiar Derecho.

“Desde que entré a la universidad sentí algo en el pecho, ese cariño, ese respeto por el lugar. En las clases también me sentí muy halagada de que me trataban como otra compañera y no como una persona mayor”.

A pesar del entusiasmo y el empeño, doña Soco se tuvo que quemar las pestañas para aprobar las materias. “Había pasado mucho tiempo sin estudiar y ya la edad pesaba. Había lecturas teóricas de Sociología y Antropología a las que no les entendía nada, pero me hice amiga de los bibliotecarios y ellos me ayudaban con buenos libros”, dice.

Otro de los retos fue aprender a utilizar una computadora, lo cual le costó mucho trabajo. “Algunos compañeros me decían ‘no, Soco, yo hago tu trabajo’, y la verdad me daba tristeza. Sentía impotencia de no poder, así que mejor les pedía que me enseñaran”.

Una vez que aprobó sus materias, eligió la tesis como la vía para graduarse y la hizo sobre un tema que conoce muy bien: los adultos mayores que estudian en la UACM. El objetivo del trabajo era “saber si a mis compañeros les había pasado lo mismo que a mí, si les fue difícil adaptarse a un modo de estudio basado en razonar y no en memorizar, que es como nos enseñaron siempre”.

“Al principio me decían que también se sentían preocupados por no entender todas las clases, pero después cambiaron. Eran parte de una comunidad, hacían trabajos en equipo, tenían amigos de otras generaciones y los miedos o eso de pensarse como viejos se esfumó. Te digo que estudiar rejuvenece”.

Ahora, doña Soco no piensa en quedarse en su casa a ver la televisión, sino que sigue con la ilusión de aprender. Ya se inscribió a un diplomado sobre feminismo en el mismo plantel en el que consiguió el titulo universitario y espera las fechas para apuntarse a la Maestría en Estudios de la Ciudad de México.

“Luego hay gente de mi edad que me recomienda telenovelas o programas de chismes. Yo les digo que se dejen de esas cosas, que vivan la realidad de los días, que busquen refugio en la educación, porque es bonito aprender, estudiar, leer y escribir. Ocupar el tiempo en algo que las motive”.

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Artículo anteriorEdición impresa: 30/10/2018
Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.